Irán obliga a 'confesar' al periodista de 'Newsweek' detenido

Es la última humillación. Un periodista de reconocida honestidad profesional obligado a declarar que dio informaciones "falsas y parciales" durante las protestas poselectorales en Irán. Tal ha sido la confesión de Maziar Baharí, el corresponsal de la revista Newsweek en Irán, durante una conferencia de prensa cuando estaba bajo custodia policial. No es un caso único. Las autoridades iraníes están empeñadas en imponer su narrativa sobre la contestación popular al triunfo de Mahmud Ahmadineyad. Al precio que sea. Incluso el de las contradicciones y el ridículo.

Sólo así se explica que las fuerzas de seguridad se presentaran el martes 21 de junio a las siete de la mañana en casa de Baharí y le detuvieran sin ningún cargo. El periodista, que trabaja en Newsweek desde hace 10 años, tiene nacionalidad iraní y canadiense, pero Teherán no reconoce la doble nacionalidad. Apenas una semana después, PressTV, la televisión por satélite con la que el régimen proyecta su imagen en el exterior, daba cuenta de la confesión.

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El mismo día de su detención, Newsweek emitió un comunicado en el que la calificaba de "injustificada". "Baharí siempre ha sido justo y riguroso, y ha concedido peso a todas las partes en cada asunto", afirmaba el texto.

Pero Baharí no ha sido la única víctima de la campaña de propaganda del Gobierno. Tres días antes, la agencia oficial Irna publicaba la confesión de un destacado miembro de la prorreformista Organización de Muyahidín de la Revolución Islámica. En ella, Amir Hosein Mahdaví acusaba a los reformistas de "buscar sus objetivos fuera del marco legal" e incluso implicaba a varios políticos conocidos con nombres y apellidos como responsables de un supuesto complot contra el Estado. Además, varios manifestantes anónimos manifestaron su arrepentimiento en grabaciones televisadas.

Las organizaciones de derechos humanos han expresado su preocupación por que estas declaraciones se estén obteniendo bajo tortura. La mayoría de los iraníes son lo bastante sofisticados como para poner en duda su valor. Entonces, ¿cuál es su objetivo? Algunos analistas estiman que "sólo sirven para convencer a los convencidos". Sin embargo, el entusiasmo por el uso de Twitter y las redes sociales de Internet durante las protestas ha eclipsado que la penetración de esas nuevas tecnologías es muy limitada en Irán. La mayoría de la población sigue informándose por la televisión estatal.

Aun así, el empeño oficial por culpar de la crisis a manos extranjeras ha rozado lo kafkiano en el caso de Neda Agha Soltan. Tanto el periódico Javan como el sitio web Raja, ambos cercanos a Ahmadineyad, publicaron el día 23 que John Leyne, el corresponsal de la BBC expulsado de Irán, había encargado a unos matones el asesinato de la chica. La radiotelevisión estatal, por su parte, la atribuyó a "agentes de la CIA presentes entre los manifestantes". Finalmente, el jefe de los milicianos basiyís, el clérigo Hosein Taeb, responsabilizó al grupo disidente Muyahidín Jalq. Mientras, la policía ha dictado una orden de búsqueda y captura internacional contra Arash Heyazi, el médico que asistió a Neda en la calle y que atribuyó a un basiyí el disparo que acabó con su vida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 03 de julio de 2009.

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