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Reportaje:

Lo que cuentan las aguas del Ártico

Una misión científica europea regresa del círculo polar con muestras que ayudarán a conocer las reacciones del ecosistema al calentamiento global

A bordo del buque Jan Mayen

En el mar de Barents, casi en el paralelo 80, debería haber agua del océano Ártico en abundancia. Sin embargo, el frente en que se encuentran estas aguas con las del Atlántico es variable y el mar es muy grande para dar con él. Los científicos que están realizando una campaña a bordo del buque oceanográfico Jan Mayen llevan casi dos semanas explorando ese frente o, más concretamente, buscando grandes masas de aguas árticas para tomar muestras de los microorganismos que viven en ellas y poder investigar cómo les afecta el aumento de temperaturas del cambio climático. Por supuesto han encontrado lo que buscaban, las aguas frías del Ártico, pero han tenido que sondear en varios lugares.

La desaparición de zonas heladas inquieta a los científicos

Las corrientes arrastran hasta aquí contaminantes de miles de kilómetros

Aunque la campaña es biológica nada sucede aquí al margen del hielo, y encontrar zonas que debían estar heladas y no lo están sorprende a los científicos veteranos, que temen que este año sea, al final del verano, casi tan malo como 2007, cuando se batió el récord de menos superficie helada alrededor del Polo Norte.

El Jan Mayen partió de Tromso (en el norte de Noruega) el 15 de junio con 16 científicos a bordo, incluidos cinco españoles del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados, IMEDEA (CSIC-Universidad de las Islas Baleares) y del Instituto de Ciencias del Mar, en Barcelona. El barco, que ha centrado su trabajo en los alrededores del archipiélago de Svalbard, ha llegado en varios puntos al borde de la placa helada continua, casi imposible de romper incluso por este buque polar. Alrededor se extiende a menudo el mar salpicado de placas de hielo, más o menos juntas, hasta el horizonte.

Que el Ártico se está calentando más deprisa que otras regiones lo saben y han medido ya los expertos. Lo que pretenden los científicos de esta campaña es averiguar cómo va a afectar ese calentamiento creciente en los microorganismos que suponen la base de la vida marina.

El objetivo del proyecto de cambios bruscos, ha explicado a bordo el coordinador del mismo, el biólogo marino alemán afincado en Noruega Paul Wassman, es conocer las reacciones fisiológicas y adaptativas de diferentes especies y ecosistemas al calentamiento para poder hacer simulaciones de su evolución futura en condiciones de cambio, determinando asimismo a partir de qué niveles de calentamiento los cambios ya no tienen vuelta atrás, porque se entra en un nuevo régimen del entorno. El proyecto, denominado ATP en sus siglas en inglés, está financiado por la Unión Europea con una aportación de la Fundación BBVA.

"A veces estamos encontrando agua atlántica bajo el hielo, porque éste se desplaza por los vientos o porque la corriente atlántica entra por debajo de la placa helada", dice el científico polaco Slawek Kwasniewski. No se aprecia la diferencia a simple vista: en ambos casos es un mar bellísimo, frío e iluminado constantemente por el sol, día y noche, en esta época del año en estas latitudes.

Pero la diferencia es enorme para los biólogos marinos de la campaña, sobre todo para el equipo que se ocupa del zooplancton. Se trata de minúsculos animales que se alimentan de plantas (fitoplancton) y que a su vez son alimento de la cadena alimenticia que llega hasta las focas y los osos polares; hay una especie atlántica, y otra ártica, que es un buen indicador para los experimentos que se quieren hacer en el proyecto.

En los muestreos a diferentes profundidades están encontrando bastantes especímenes de ese zooplancton específico (Calanus glacialis), pero son ejemplares juveniles, y desearían también tener suficientes hembras maduras para extraer los huevos y realizar parte de los experimentos, dice Kwasniewski. Tal vez se ha adelantado este año la temporada de puesta de las hembras porque si el hielo se retira antes, llega luz al agua, prolifera el alimento y acelera los procesos en el ecosistema, comentan los científicos a bordo, ya sea en los laboratorios, en las cubiertas donde hacen los sondeos o en la sala de estar, cuando tienen un respiro en su trabajo.

El Ártico, aunque parezca mentira dada la ausencia de grandes poblaciones en su entorno, es una de las zonas más contaminadas del planeta, explican los expertos. Son las corrientes de aire y marinas las que arrastran hasta aquí contaminantes generados a miles de kilómetros. Ahora se añade el efecto del calentamiento, que supone una amenaza para muchas especies aquí, pero que también tiene efectos a larga distancia porque las aguas árticas regulan en gran medida la circulación oceánica mundial, responsable del transporte de calor y nutrientes en los mares.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de julio de 2009