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Art Basel, medicina para tiempos de incertidumbre

La feria más importante del mundo exhibe un prudente optimismo

Art Basel, la feria de arte más importante del mundo, es, por naturaleza, el termómetro del mercado. Los síntomas de la crisis se han venido sintiendo también en este sector, aunque hasta ahora no se sabía a ciencia cierta si se trataba realmente de una enfermedad o era sólo hipocondria.

La 40ª edición de la feria suiza, que abre hoy sus puertas al público hasta el domingo, vivió ayer una jornada sólo para coleccionistas y profesionales. Con el termómetro en la boca se puede decir ya que el mercado del arte goza de una salud razonablemente envidiable para otros sectores del comercio y las finanzas. "La crisis suele favorecer a las ferias", decía ayer en Basilea Lourdes Fernández, directora de Arco. "Los coleccionistas y los responsables de museos tienen la oportunidad de ver galerías de todo el mundo con sus mejores piezas, y tienen tiempo para pensar antes de decidirse. Es lo que pasó en la última edición de Arco, que fue mucho mejor de lo que pensábamos. Creo que estamos viviendo un momento muy importante".

Con cerca de 300 galerías de todo el mundo, Art Basel ofrece este año un panorama muy distinto al que puede apreciarse simultáneamente en la Bienal de Venecia. Si allí dominan las instalaciones, en la feria suiza lo que más se ve es pintura y fotografía. Casi no hay vídeo. Y son escasas las piezas arriesgadas que sorprendían a cada paso en ediciones anteriores. Las galerías se han esforzado en traer lo mejor de su stock, con muchas e importantes obras de los artistas históricos del siglo XX. Es como recorrer el más completo y efímero museo, en completo desorden. Si bien las obras de Picasso han presidido la oferta prácticamente en toda la historia de Art Basel -y este año, también, con soberbias pinturas del artista en el homenaje a Jan Krugier que le hace su histórica galería-, también es posible contemplar obras recientes de otros consagrados. Es el caso de las tres esculturas de John Baldessari haciendo un guiño al famoso sofá de labios rojos de Dalí y el decorado que lo acompañaba -en su Homenaje a Mae West- que el norteamericano sustituye por una gran oreja blanca de poliuretano y dos narices invertidas convertidas en floreros. La galería de Bruno Bischofsberger ha puesto en escena una pintura de 11 metros de Andy Warhol titulada Big retrospective painting (1979), su gran apuesta.

Pero también hay mucho arte actual. Gloria Pérez, de la galería catalana Joan Prats, habitual de la feria, cree que "en arte contemporáneo lo importante es abrir paso, avanzar". La madrileña Elba Benítez piensa igual; por eso, además de obras que coinciden con la tónica general, incluye una pieza interactiva de Francisco Ruiz de Infante. "Todavía no se ha vendido mucho, pero se hará", dice con optimismo.

En realidad, donde se toma mejor el pulso a la creatividad del momento es en la exposición paralela titulada Art unlimited, aunque no todas las piezas sean nuevas o inéditas. El comisario Simon Lamunière ha elegido 60 obras de categoría museable en las que se observan mejor las confluencias entre pintura y fotografía, entre vídeo y cine, entre escultura e instalaciones. En general, hay cierta inclinación por temas relacionados con el paisaje, entre los que destaca el precioso trabajo del belga Hans Op de Beeck. Es una enorme instalación en la que se entra descalzo por un túnel blanco hacia una habitación circular con un sereno diorama de 180 grados de un paisaje nevado. Todo es blancura y serenidad en este brumoso horizonte de árboles pelados, nieve y charcos.

Yoshimoto Nara se presenta con Torre de Málaga (2007), creada para su exposición en la ciudad andaluza. Otra escultura penetrable, entre lo infantil y la sospecha. Sigmar Polke presenta a pocos pasos una propuesta de igual sutileza y misterio que la primera: Cloud paintings (1992). Hay un hilo que lo conecta con el despliegue que hace Stephan Balkenhol con su Universe (2008). Paneles de madera con pinturas (retratos, árboles, aves...), relieves, figuras talladas, que dan un sentido espacial y arquitectónico a la obra.

Otra indagación sobre los derroteros de la pintura viene de la mano de Gabriele de Matteo con el irónico China made in Italy. Eligió las 100 obras más famosas del boom artístico chino y las hizo copiar exactas pero en blanco y negro por un grupo de copistas napolitanos hoy en paro. La fotografía tiene sus momentos más intensos en las muestras de Roni Horn, Nan Goldin y Hans Peter Feldmann, entre la estricta (y sorprendente) autobiografía de la primera, el mundo torvo y sincero de la segunda y el documento del tercero.

Hay en la feria un vídeo que, pese a su duración, constituye uno de los reclamos. A lapse of memory (2007), de Fiona Tan, un documental sobre la mente extraviada de un hombre en un suntuoso y melancólico palacio chinesco. Lo grotesco, chocante y provocador parece haber quedado fuera en esta edición de Art Basel. La belleza, tanto tiempo desterrada, se ha convertido en la medicina para estos tiempos de incertidumbre."La crisis suele favorecer a las ferias" (Lourdes Fernández, de Arco) Lo grotesco y la provocación facilona quedan fuera en esta 40ª edición

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de junio de 2009