Bernhard tiñe de pesimismo 'El ignorante y el demente'

Mucho más conocido en España como novelista que como dramaturgo, un profundo pesimismo existencial inunda toda la obra literaria del austriaco Thomas Bernhard (1931-1989). No es en absoluto una excepción en el panorama reciente de las letras austriacas, con figuras como Peter Handke o Elfriede Jelinek, que han convertido un nihilismo desolador y un odio intenso contra su país en los ejes de su teatro.

En El ignorante y el demente, la pieza que la compañía Galanthys Teatro estrenó en Madrid la pasada semana, Bernhard se centra en dos de sus obsesiones: las enfermedades y la música. Con un médico y una cantante de ópera como personajes principales, el controvertido autor arremete contra cualquier esperanza con exclamaciones del estilo de "la vida es una tortura" o "en el fondo, aborrecemos al público". Pero se trata de un pesimismo hueco que no responde tanto a la evolución de los personajes como a una actitud previa de un autor marcado por una infancia de disgustos, enfermedades y falta de cariño. Así, es imposible comprender la literatura de Bernhard sin su biografía.

Admirable esfuerzo el de representar a Bernhard en Madrid para que los espectadores comprueben que el esperpento centroeuropeo tiene bien poco que ver con el español.

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