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La Lidia | 19ª corrida de la feria de San Isidro

Novilleros, entre la dignidad y el pago para poder torear

"Los novilleros pueden seguir tres caminos: o eres suficientemente bueno y toreas por tus méritos, o no toreas, o pones dinero". Quien habla así es Juan Carlos Rey, el novillero que ayer cerraba el cartel de la novillada de Madrid: "Yo estoy en el primero de los grupos". Y añade: "Puedo asegurar que ni yo ni quien me lleva hemos tenido que poner dinero nunca. Pero lo mismo que digo que esto es cierto, aunque pusiera, no lo reconocería. Eso, ni yo ni nadie lo va a reconocer". En el momento de ser entrevistado sólo pensaba en la corrida de ayer, consciente de que un triunfo en Madrid sería fundamental para el desarrollo de su carrera.

Francisco Pajares, el novillero que abrió ayer plaza en Madrid, entiende el tema casi como una cuestión de honor. "Yo me he hecho torero para ganar dinero a cambio de jugarme la vida y no entiendo que pueda ser de otro modo", dice poco antes de entrar en capilla con la única idea de triunfar y conseguir unos contratos de los que no andaba sobrado.

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Otra es la actitud de Pablo Lechuga, que completaba la terna y que el pasado año se alzó con el Zapato de Oro de Arnedo de la localidad riojana que organiza anualmente una interesante feria de novilladas, a la que acuden los mejores valores del escalafón: "Esto es muy duro y hay mucha competencia, mucha gente arreando, pero las cosas me están rodando bien. Voy andando haciendo mi camino y confío en como está haciendo las cosas mi apoderado".

Casi un milagro

"Más del 90% de los novilleros actuales se forman en las escuelas de tauromaquia", destaca Felipe Díaz Murillo, director de la Marcial Lalanda de Madrid. Desde la fundación de la misma, en 1981, han pasado alrededor de 3.000 alumnos por ella, de los cuales tomaron la alternativa 118, y de éstos, muy pocos lograron vivir como matadores. La proporción de figuras del toreo -Joselito, El Fundi, el malogrado Yiyo- resulta ya casi exigua, lo que da idea de lo dura y selectiva que resulta la profesión de torero.

La proporción viene a ser aproximadamente de una novillada por cada dos corridas de toros: "Otro factor que perjudica enormemente el desarrollo de los novilleros cuando, lo lógico, es que fuera al revés", afirma Díaz Murillo. "Los nombres nuevos tienen que pasar inevitablemente por Madrid e intentar triunfar en esta plaza si es que quieren darse a conocer. Qué duda cabe que, si no es así, los chavales necesitan de la figura de un ponedor que les financie para que puedan torear".

En cualquier caso, Díaz Murillo cita la frase escrita en una de las paredes de la escuela: "Ser torero es casi un milagro".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 26 de mayo de 2009