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La Generalitat ampliará la incineradora de Sant Adrià y promoverá otra

Iniciativa defiende el cierre gradual de las cuatro plantas existentes en Cataluña

Los residuos crecen y los vertederos se llenan. ¿Qué hacer con la basura? Una posibilidad es quemarla y el Gobierno catalán no le hace ascos, con la salvedad de Iniciativa, que no tiene claro que sea la mejor opción. En cualquier caso, Montilla recordó ayer en Granollers, con motivo de la inauguración de una planta de compostaje, que el tratamiento de los residuos es uno de los asuntos que el Gobierno catalán debe abordar sin demora. Entre los proyectos del Ejecutivo que él preside está ampliar la capacidad de la incineradora de Sant Adrià de Besòs y promover la construcción de una quinta planta (ahora hay cuatro en funcionamiento) en la Región Metropolitana de Barcelona.

De hecho, el plan de infraestructuras para la gestión de residuos, aprobado hace unas semanas, dejó abierta la puerta a la construcción de esta quinta planta, que debería eliminar los residuos de origen doméstico que no encuentran salida en los vertederos, al límite de la saturación.

En 2013 no habrá vertederos para dos millones de toneladas de basura

El Gobierno catalán da por buenos los datos del diagnóstico efectuado por el Colegio de Ingenieros Industriales de Cataluña, que señala que, al ritmo de crecimiento actual en la generación de residuos, en 2010, el año que viene, habrá 900.000 toneladas de residuos con los que no se sabrá qué hacer. Y en el año 2013, no habrá sitio para dos millones de toneladas de basura.

En estos momentos hay un depósito controlado en Vacarisses (Vallès Occidental) que engulle unas 700.000 toneladas anuales, pero tiene previsto el cierre en el año 2010. Un segundo vertedero se halla en Santa Maria de Palautordera (Vallès Oriental), con una capacidad de 200.000 toneladas anuales, con la clausura programada para 2012. El de Can Mata, en Hostalets de Pierola (Anoia) tiene una capacidad mucho mayor: un millón de toneladas anuales, pero su cierre difícilmente podrá demorarse más allá de 2013.

Añádase a esto que el periodo para poner en funcionamiento una solución es, como mínimo de tres años, pero puede dilatarse fácilmente otros tantos, debido a que este tipo de instalaciones necesita, además de la tramitación y financiación habituales en las obras públicas, estudios específicos de impacto ambiental. La solución, pues, es la incineración.

La principal oposición a este método estaba vinculada a la emisión de gases, pero los filtros introducidos en los últimos años han reducido enormemente la emisión de dioxinas y se ha mejorado la depuración de gases. Tanto es así, que países como Suecia y Dinamarca, con una asentada tradición verde, incineran en estos momentos hasta el 50% de los residuos domésticos, convirtiendo el calor en energía eléctrica. En Cataluña, la incineración apenas supera el 10% y en España el porcentaje es aún menor.

Lluís Moreno, secretario de organización de Iniciativa, señaló ayer que su partido rechaza con rotundidad la construcción de una nueva planta, defiende la reducción de basura y el reciclado y propone incluso que las actuaciones tiendan a potenciar la extinción de las actuales plantas incineradoras.

No obstante, la oposición de ICV no será, en esta ocasión, un grave problema en el Gobierno catalán porque la quinta planta no la debería construir el Ejecutivo, sino que sería decisión de las entidades de la región metropolitana, donde los socialistas tienen amplia mayoría. La planta de compostaje inaugurada ayer en Granollers (Vallès Oriental) ha supuesto una inversión de casi 25 millones, financiados por la Generalitat, fondos europeos y otros organismos, y permitirá tratar 45.000 toneladas anuales de fracción orgánica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de mayo de 2009