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Entrevista:PHAROAH SANDERS | Saxofonista de jazz

"Estoy por encima de las críticas"

En el universo telúrico de sus discos, "espiritual" es el adjetivo que mejor define al legendario saxofonista de jazz Pharoah Sanders (Little Rock, Arkansas, 1940). La "sabiduría se adquiere a través de la música", "el creador tiene un plan maestro" y "el amor está en todas partes". En la vida real, el tipo es al primer contacto más bien hosco y desconfiado. En una de sus escasas entrevistas, concedida este fin de semana en A Coruña, el músico de jazz -uno de los más importantes e influyentes de las últimas cuatro décadas- desplegó todas sus defensas sentado en una esquina de la suite desde la que dominaba la dársena del puerto en un día soleado. Lejos de la grabadora, temeroso de que sus palabras acabasen "a la venta en Internet" y decidido a "no grabar nunca más un álbum que cualquiera pueda robar", parecía que sus ideas no fuesen de este mundo. En realidad, su música tampoco lo fue nunca.

Luego, durante el concierto que concedió en el ciclo de jazz de la Fundación Pedro Barrié de la Maza, la desconfianza dejó paso al imparable lirismo y a los torrenciales solos ("un enorme solo es lo que siempre toco", había explicado). Era el primer recital en España en casi 15 años del más digno sucesor de John Coltrane, miembro desde 1965 de la última y polémica banda del saxofonista. Y así, con el entusiasmo de las ocasiones únicas, fue recibida por la tribu de sus seguidores. Tipos que pueden no alcanzar la categoría de legión, pero se saben fieles a su sonido, que cuatro décadas después aún se debate entre la anchura de sentimientos y la fiereza (esas notas altísimas, chirriantes), con las que irrumpió como el joven cachorro de Coltrane cuando la música de éste despegó definitivamente hacia lugares desconocidos.

"Es bastante probable que haya sido la persona más influyente de mi vida", había admitido algo tibio Sanders sobre el maestro, más relajado avanzada la entrevista y cuando la representante ya hubo emitido un sonoro suspiro de alivio. Cierto es que el repertorio (un homenaje rotundo a Coltrane que gravitó en torno a una generosa versión de veinte minutos de My favorite things, una de sus piezas talismán), iba a desmentir esa tibieza. Muerta Alice Coltrane, viuda de John, Pharoah Sanders (rebautizado así por el visionario pianista y líder de orquesta Sun Ra) sirve a los mismos espíritus del genio.

"Nos conocimos en 1962 en San Francisco. Su música me parecía entonces complicada", recordó Sanders. "No era de la clase que uno escucha cuando estás aprendiendo y, como yo, tocas por las noches en garitos por cinco o diez dólares. No hacía el tipo de jazz que te empuja a aprender. Más bien te da miedo. Hay que empezar por el blues, ésa debe ser la base de todo, por muy lejos que te dejes llevar".

El joven Sanders pasaría a la historia como el único saxo tenor capaz de seguir a Coltrane en sus últimos tiempos (falleció en 1967). Cuando su música, liberada de convencionales estructuras, se asemejaba cada vez más al grito de Ícaro en las cercanías del sol.

Aquel privilegio ha sido siempre su principal cruz. Las críticas le han perseguido desde entonces. ¿Quién era él para manchar con sus solos el histórico sonido del saxofón de Coltrane? ¿A quién quería engañar cuando, a la muerte del maestro, siguió por el camino de eso que se dio en llamar jazz espiritual, música plena de referencias algo naïves, entre el panteísmo y la conciencia negra, con clásicos como The creator has a master plan? ¿Y qué sentido tuvo virar de la experimentación hacia el lirismo a secas, cuando ya cumplía los 50? "Obviamente, no me afectan. Estoy por encima de las críticas", explicó Sanders. "Se dicen demasiadas cosas equivocadas sobre mí. Por eso siempre trato de evitar temas como la religión o la política. No conseguiría explicarme. Yo me consuelo recordando lo que una vez me contó Sonny Stitt: 'Tío, si que escriban sobre ti, malo o bueno, siempre será positivo, porque así tu nombre circulará por ahí'. Y eso es lo importante, que te recuerden".

Y el áspero coloso del saxofón musculoso no se equivocó. Es altamente probable que los asistentes a su concierto en A Coruña tarden en olvidar lo que le vieron hacer sobre el escenario."El 'blues' debe ser la base de todo, por muy lejos que te dejes llevar"

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 5 de mayo de 2009