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Reportaje:LOS CRÍMENES QUE CAMBIARON MADRID

Las calles que vieron morir a los presidentes

Los lugares donde fueron perpetrados cuatro magnicidios pasan inadvertidos para los turistas

En Madrid, los turistas hacen el truco de la Torre de Pisa en la plaza de Castilla. El asunto consiste en colocarse de tal manera frente a las Torres KIO que parezca que las sujetas con la espalda o las empujas con las manos. Una mañana de mayo, 17 turistas con posturas inquietantes ni se fijan en el monumento que saldrá en primer plano en su foto: un hombre que rompe una cadena con la rodilla ante un monolito. Por toda explicación, una placa que dice: "España a Calvo Sotelo". "Ni idea de quién es", admite Bingo, un peruano de vacaciones. "Fue el primer alcalde de Madrid de la democracia", afirma una señora valenciana. La respuesta más repetida es la de María Victoria y Carlos, dos veinteañeros de Cádiz: "Era aquel presidente de la transición, alto y con gafas". Mal, mal y mal. Hace falta que pase un vecino de 76 años, José Madrigal, para contar bien la historia. A grandes rasgos: el monumento, de 1960, es en honor a José Calvo Sotelo (tío de Leopoldo), ministro de Primo de Rivera y diputado derechista durante la Segunda República, cuando fue asesinado por el guardaespaldas del socialista Indalecio Prieto, el 13 de julio de 1936, detonando, en parte, la Guerra Civil. "Leopoldo murió en la cama y los jóvenes no saben nada de historia", sentencia José. "Intento contarles cosas a mis nietos, pero no les interesa". Si le dejasen, se enterarían de que en España cinco magnicidios cambiaron la historia. Cuatro de ellos (salvo el de Cánovas) ocurrieron en las calles Madrid y ninguno de los presidentes tiene un monumento de la envergadura del diputado Calvo Sotelo.

Canalejas murió en la Puerta del Sol a las once y media de la mañana

Un amenazado debe evitar las rutinas. Carrero Blanco era fiel a las suyas

En la calle de Claudio Coello, donde ETA voló el coche de Carrero Blanco en 1973, hay una placa y, justo encima, un parche en el alero del edificio da fe de que el vehículo aterrizó en la azotea. Ocho días después del crimen se asignó una calle con el nombre del presidente; sigue pendiente determinar el lugar.

Viendo el lugar del crimen es inevitable la pregunta, ¿podría volver a pasar? Varios años después del atentado se creó el Departamento de Seguridad de Presidencia del Gobierno que vela por el presidente y su familia. Es todo lo que explica por teléfono uno de sus subdirectores, ya que, resumiendo una conversación muy frustrante, cualquier información, hecha pública, podría ayudar a los malos. Sin embargo, basta con haber visto alguna película para saber que un amenazado debe ante todo evitar las rutinas y Carrero era fiel a las suyas. Aquel día salía de misa, a la misma hora y en el mismo sitio de siempre.

A Eduardo Dato, que sí tiene una calle, muy cerca de donde mataron a Carrero, lo asesinaron desde un sidecar tres anarquistas en la puerta de Alcalá. Era 1921 y su coche no estaba blindado a las balas como los de ahora. Ninguna placa lo recuerda aunque sus restos descansan en el Panteón de los Hombres Ilustres, bajo una escultura de Benlliure. También los de José Canalejas, que murió en la mismísima Puerta del Sol a las once y media de la mañana. No le gustaba llevar escolta, por lo que los tres guardias que le acompañaban aquella mañana de 1912 estaban lejos cuando detuvo su paseo para mirar el escaparate de la librería San Martín (¿imaginan a Zapatero en la Fnac?). Un anarquista le disparó en la cabeza, suicidándose después. Hoy la librería es un Top Shop y sobre sus enormes escaparates de minivestidos hay una placa conmemorativa (también de Benlliure, era amigo).

El "Kennedy español" fue el general Prim porque tras años de juicio no se encontraron culpables. Todavía retumba la pregunta final del romance popular: "En la calle del Turco ya mataron a Prim, / sentadito en su coche con la Guardia Civil. / Al llegar a la plaza salió el hijo mayor, / ¿quién ha sido ese ingrato que a mi padre mató?". "En ninguno de los atentados citados se ha agotado toda la verdad sobre quién está detrás de ellos", explica Mercedes Vázquez de Prada editora de Terrorismo y magnicidio en la historia. "No sirve la teoría del fanático psicópata, la teoría conspirativa se debe a que ninguno de ellos es un acontecimiento simple; en el caso Prim parece estar envuelta la masonería". Lo mismo se rumoreó en el de Canalejas; en el de Carrero Blanco, se habló de la CIA.

Todo el mundo sabe que a Lincoln lo mataron en un teatro y a Kennedy en un descapotable, pero ¿quién recuerda aquella berlina verde de Prim que en 1870 cambió el rumbo de España? Probablemente tan pocos como turistas saben lo de José Calvo Sotelo. Y menos que lo sabrán si Gallardón decide finalmente retirar su monumento de la plaza de Castilla: depende de cómo quede con la flamante columna de Calatrava que le ha brotado en el centro a la plaza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de mayo de 2009