Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
COLUMNA

'Rouco y "el crimen del aborto"

El martes pasado, a las nueve de la mañana, leo en EL PAÍS un artículo firmado por Juan G. Bedoya encabezado con este titular: "El cardenal Rouco dice que el 'crimen del aborto' ensombrece la democracia". ¿Y dónde ha pronunciado el arzobispo de Madrid esta sentencia agustiniana que en el cielo le habrá aplaudido Tertuliano, aquel cartaginés que, allá por el año 200, decía esto tan gracioso: "Creo porque es absurdo"? Esta sentencia la había pronunciado Rouco, el día anterior, en la sesión de apertura de la asamblea de primavera de la Conferencia Episcopal, en la Casa de la Iglesia de Madrid.

¿Y por qué zona de la ciudad queda esta Casa? Tecleo, con minúsculas, en el buscador de Google "casa de la iglesia de madrid". En los primeros artículos sobre la Casa de la Iglesia de Madrid encuentro varias informaciones, aunque en ninguno de ellos encuentro la dirección de esta Casa. Mi paciencia es limitada porque sólo leo los diez primeros artículos cuando Google ofrece hasta 2.000.000 de entradas. Y ya de paso me hago esta pregunta: "Y además de esta Casa de la Iglesia de Madrid, que no logro situar en el callejero, y donde se reunieron cardenales, arzobispos y obispos en activo y eméritos, con la presencia incluida del nuncio -o sea, el embajador- del Papa, ¿de cuántas otras casas de la ciudad es propietaria la Iglesia, logradas por una sabia administración de su patrimonio apoyada desde el cielo por el Espíritu Santo, nombre, por cierto, que con grafía italiana -Banco di Santo Spirito- es el logotipo de un célebre banco vaticano, que también tiene sucursal en Madrid?" ¿De cuántas fincas es hoy propietario el arzobispado de Madrid porque sus propietarios cristianos -en tantas ocasiones, aterrorizados por la nada segura salvación de su alma- las donaron en sus testamentos siguiendo la recomendación de sus confesores? Si cada casa de la que es propietario el Arzobispado de Madrid -y que también podría denominarse, con justicia, Casa de la Iglesia de Madrid- fuera objeto de información de Google, ¿a cuántos millones de artículos ascendería esta información? Digámoslo con el término que se aplica a la superabundancia de ángeles: habría miríadas de artículos sobre la hipermúltiple Casa de la Iglesia de Madrid, lograda con fórceps en la agonía -y, en ocasiones, también en un momento de buena salud del cliente- de muchos miles de fieles cristianos. A la cuestión del aborto mencionada por el Arzobispo de Madrid se responde con una sola pregunta: ¿en cuántos púlpitos de la Comunidad de Madrid, en cuántos colegios religiosos se recomienda vivamente el uso del preservativo para evitar embarazos no deseados, además de evitar enfermedades de transmisión sexual? ¿Tiene derecho el arzobispo de Madrid a hablar de democracia cuando él es miembro -y extraordinariamente relevante- de una Iglesia absolutamente dictatorial?

Para compensar la sombría mitología cristiana visité 'En el espejo de los dioses

Para compensar la sombría mitología cristiana, cuyo modelo máximo es Cristo crucificado chorreando sangre -¿cuántos cristos cruentos (y valga la redundancia) hemos visto en nuestras iglesias y museos, que, obviamente no son nuestras ni nuestros, sino propiedad de la Iglesia?-, ese mismo martes asistí en el teatro Alcázar (Alcalá, 20) a la inauguración de la excelente exposición En el espejo de los dioses, de Juan José Rencoret.

Dirigido por el sabio filólogo Jesús Marijuán, Juan José Rencoret, nacido en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) y criado desde su infancia en Logroño, leyó la Ilíada de Homero y una larga lista de autores griegos que lo familiarizaron con la mitología. Fruto de esa inmersión en la mitología griega es esta exposición, en la que el artista dibuja y pinta quince divinidades del Olimpo atreviéndose a calzarles rostros de personas de hoy que comen, duermen y sueñan. El equipo aquí inmortalizado es fantástico: Cronos, Zeus, Hera, Atenea, Apolo, Afrodita -ay, Rouco, Rouco-, Hestia, Deméter, Hermes, Poseidón, Hefesto y Dioniso. La diferencia entre la mitología griega y la mitología judía y cristiana es sencilla: los griegos parten de que los hombres somos animales. A los judíos y a los cristianos se les olvidó este pequeño detalle sobre la naturaleza humana. Rencoret comparte su éxito con la galería riojana de arte Martínez Glera. Y otras dos joyas: el exquisito libro En el secreto Alcázar -obviamente, teatro Alcázar- con textos de Óscar Esquivias y diseño y fotografías de Asís. G. Ayerbe. Asistió a la presentación Gonzalo del Valle-Inclán, biznieto de Ramón del Valle-Inclán y autor de El revoluccionario (sic), publicado por la editorial logroñesa La Pájara Pinta, un diccionario humorístico magnífico con ilustraciones de Leticia Arroyo Martín. Veamos dos entradas: "INALÁMBRICO: Se dice de una persona que nunca ha visitado la Alhambra". Y esta entrada para Rouco: "INGLESIA: Templo protestante".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de abril de 2009