Crítica:FERIA DE ABRIL | La lidiaCrítica
i

La dulzura y la basura

Un inciso previo: el momento más emocionante de la corrida lo protagonizó un subalterno, Curro Robles, en el tercio de banderillas del sexto toro. Citó de lejos, dejándose ver; el animal, que derrochaba genio, acudió con presteza. El par quedó en todo lo alto, pero el toro persiguió con saña al torero, que se libró de la cogida porque un compañero, José María Tejero, le hizo un quite auténticamente providencial. Curro Robles había tragado lo suyo y se había visto los pitones en los muslos. En lugar de amilanarse, se vino arriba, como hacen los toreros de verdad. Se fue al centro del ruedo, levantó los brazos y retó con gallardía. El toro no se inmutó, pero fue el torero el que llegó hasta su terreno, lo provocó y dejó en el morrillo otro par memorable. La Maestranza se puso en pie y aclamó al héroe artista; los sones de la banda de música supieron a gloria. La emoción del toreo en todo su esplendor. Honor y gloria a Curro Robles.

El Torreón / Ponce, Manzanares, Luque

Toros de El Torreón, desigualmente presentados, flojos, mansos y muy descastados.

Enrique Ponce: pinchazo y estocada (palmas); pinchazo -aviso- y estocada (silencio). José María Manzanares: pinchazo, un descabello -aviso- y un descabello (ovación); estocada (silencio). Daniel Luque: estocada (silencio); estocada -dos avisos- (ovación).

Plaza de la Maestranza. Día 24 de abril. Novena corrida de feria. Lleno.

Volvamos a la realidad: en algún tiempo, se supone, los ganaderos mandarían en sus casas. Ahora, con toda seguridad, no. Porque no es lógico que sean tan malos, que ofrezcan productos tan podridos. ¿Quién manda, entonces, en las ganaderías? Ufff... Secreto de estado. Mandan los taurinos, que forman como una secta oscura, donde abundan los cuchicheos y escasea la claridad. Se supone que mandan los toreros; las figuras, se entiende. Éstas mandan a los veedores, al representante del apoderado, a éste y al otro, llegan al campo y le dicen al ganadero: éste me gusta; ése, no; aquél tiene mucha cara (pitones, quiere decir), etc, etc. Y el ganadero se devana los sesos en la selección para elegir aquellas vacas dulces y pastueñas que críen toritos bonitos, y, sobre todo, toritos al gusto de las figuras.

Los de ayer, por ejemplo. Un toro poco ofensivo, justo de fuerzas y de casta, noble, muy noble, y que moleste lo menos posible; ése es el toro que buscan las figuras. Todos buscan la dulzura y se encuentran con la basura. El toro poderoso, bravo, encastado, codicioso y fiero ha pasado a la historia.

Con ese toro moderno triunfan las figuras en todos los pueblos de España ante públicos amables y nada exigentes, pero fracasan con estrépito cuando se eleva un poquito, muy poco, el nivel de exigencia.

Ayer, sin ir más lejos, fracasó Ponce con esos toros, con un toreo encimista, vulgar y soporífero. El gran maestro fue un pegapases insufrible y pesado. Manzanares tocó la gloria con los dedos en el segundo con algunos compases excelsos de naturales solemnes, pero faltó ligazón porque no había casta, y Luque se mostró valiente, aguerrido y pundonoroso con el violento sexto. Convenció a todos de que puede ser torero a pesar de su empecinamiento en no descabellar al toro, que le costó que sonaran dos avisos.

Canal Feria de Abril en el dial 114 de Digital +.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 24 de abril de 2009.