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Reportaje:

Tímida rebaja de los tipos al 1,25%

El BCE defrauda al reducir el precio del dinero sólo un cuarto de punto, aunque Trichet insinúa que habrá un nuevo recorte en mayo y medidas "no ortodoxas" de aumento de la liquidez

El capitalismo mundial se la juega estos días en Londres tras 20 meses de insoportable escalofrío, pero Europa tenía ayer una cita decisiva en Francfort, en el flamante rascacielos que alberga la sede del Banco Central Europeo (BCE). Media Europa esperaba una rebaja de tipos hasta el 1% y un impulso decidido hacia políticas poco ortodoxas, como las que aplican EE UU y Reino Unido, que, con el precio del dinero rozando ya el 0%, han empezado a darle a la máquina de imprimir billetes, casi a la desesperada, para luchar contra la trombosis del sector financiero e impedir que la recesión se convierta en depresión. El BCE defraudó las expectativas y apenas rebajó los tipos un cuarto de punto, al 1,25%. Y se dedicó a ganar tiempo.

"El BCE se empeña en seguir un guión que no funciona", dice un experto

Tal vez la frase que mejor define al presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, sea aquel "no excluyo nada, pero no me comprometo a nada" del pasado mes de diciembre. Ayer fue algo más explícito. "Éste no es el suelo de los tipos", dijo. Traducción libre: habrá una rebaja adicional de 0,25 puntos en mayo, hasta el listón del 1%. El banquero central incluso se atrevió con un segundo compromiso: como mensaje a los mercados, anunció que pondrá en marcha medidas "no convencionales" en la próxima reunión. Eso sí, no dio ni un solo detalle más.

Pese a la que está cayendo, habrá que esperar hasta mayo para ver el golpe de timón en la eurozona. Camino de la peor crisis desde la II Guerra Mundial, en Alemania, en España y en toda Europa se desploma el consumo, caen las ventas de la construcción, del comercio, y de prácticamente todo el índice de las páginas amarillas. El BCE prevé deflación a mitad de año. El PIB europeo caerá entre el 3% y el 4% en 2009, según los principales organismos internacionales. El propio Trichet pintó un panorama oscuro y admitió que la economía seguirá "muy débil este año", para empezar una recuperación "gradual", si todo va bien, a lo largo de 2010.

En apenas seis meses los tipos han pasado del 4,25% al 1,25%, la tasa más baja desde que existe el euro. En 60 años no se había visto en Europa dinero tan asequible. Pero los otros grandes bancos centrales han ido más deprisa, y más abajo, y para los analistas eso es suficiente para abrir la caja de los truenos.

"Trichet baja los tipos un cuarto de punto: muy bien, gracias. No funcionará, no es suficiente. En un entorno volátil y plagado de desconfianza, no cumple con lo que esperaba el mercado. No veo la lógica de esperar un mes si la economía necesita desde ya esas medidas, y muchas otras", aseguró ayer Charles Wyplosz, economista del Graduate Institute de Ginebra. "Es cualquier cosa menos audaz: de nuevo el BCE es demasiado conservador, demasiado tímido, está demasiado empeñado en no salirse de un guión que no funciona", añadió.

El tono crítico fue prácticamente general entre los analistas. "Queda mucho por hacer", afirmó a Reuters David Mackie, de JPMorgan. "El BCE no sabe qué pasos dar todavía, pero no parece que vaya a ser tan agresivo como la Reserva Federal de EE UU o el Banco de Inglaterra", indicó a Bloomberg Julian Callow, de Barclays. "Está comprando tiempo", remachó Nick Kounis, de Fortis.

Y, en efecto, Trichet tiene un mes por delante para cumplir sus dos promesas. Lo más decisivo de la próxima reunión, según los analistas consultados, no es la rebaja casi cantada de los tipos hasta el 1%, sino la ampliación del arsenal de la política monetaria del BCE con las nuevas medidas, bautizadas como "no convencionales". No hay nada seguro, pero varios miembros del consejo de gobierno del banco central han abierto la puerta en las últimas semanas a tres posibilidades. Lo más sencillo es mejorar la barra libre de liquidez (créditos que la banca debe devolver a los seis meses, y que ahora podrían ampliarse hasta 12 meses). La segunda posibilidad es que el BCE compre deuda pública en el mercado secundario. Pero la opción más interesante pasa por que el eurobanco adquiera deuda nueva de las empresas. Esa posibilidad, aún muy verde, es la que los expertos identifican con darle a la máquina de imprimir billetes, y la que más eficientemente podría reactivar el flujo sanguíneo de la economía europea.

Trichet habló ayer de deflación, de recesión, de riesgos, de crisis financiera, del G-20, de todo o casi todo lo que atormenta a Europa desde hace muchos meses en un multitudinario encuentro con los periodistas que al final dio menos de sí de lo que algunos esperaban. Para las Bolsas no importó: los mensajes que llegaban de los líderes reunidos en Londres bastaron para que los inversores se dieran un festín.

También los españoles: el Ibex subió casi el 5%, a pesar de los nubarrones que se ciernen sobre el sector financiero tras la intervención de Caja Castilla La Mancha (CCM). Tampoco ese asunto se le escapó al presidente del BCE. Los problemas de CCM "no cambian nuestro diagnóstico", dijo; "la evolución del sector inmobiliario es conocida en España y en otros países y no vamos a cambiar nuestra diagnosis por un acontecimiento que prefiero no comentar". Puro lenguaje imposible de banquero central.

Las medidas "no convencionales"

- Estados Unidos y Reino Unido han puesto en marcha ya medidas heterodoxas ante la pérdida de tracción de la política monetaria con los tipos de interés próximos a cero. El Banco Central Europeo (BCE) baraja tres opciones.

- 1. Subastas de liquidez. Desde octubre de 2008, la barra libre de liquidez supone dar créditos a un plazo máximo de seis meses con toda clase de activos como garantía. La nueva medida podría ampliar esos créditos a 12 meses para desatascar la banca.

- 2. Compra de deuda pública. El BCE podría anunciar la compra de bonos de los Tesoros que forman parte del eurobanco, aunque el hecho de que haya un gran número de países complica esa posibilidad.

- 3. Adquisición de deuda de empresas. El credit easing estadounidense o quantitative easing británico supone comprar deuda privada nueva, dándole a la máquina de imprimir dinero. Permite inyectar liquidez, huir de la deflación y engrasar toda la economía, rebajando los tipos de interés reales. Pero puede provocar inflación cuando se salga de la crisis.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de abril de 2009

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