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CARTAS AL DIRECTOR

Puntualización

Embajador de Italia en Madrid

Día tras día crece en mí la sensación de que EL PAÍS está llevando a cabo, no sé hasta qué punto de forma consciente, una campaña de demolición sistemática de la imagen de Italia.

Yo creo que son muchos los españoles que siguen apreciando Italia, y, sin embargo, desde hace tiempo su periódico da espacio sólo a voces críticas, tanto españolas como italianas; voces que recurren cada vez más a la hipérbole. Por ejemplo, Félix de Azúa definió al presidente del Consejo de Ministros, a pesar de que éste ha sido elegido democráticamente por tercera vez en 15 años por una mayoría de los italianos, como "uno de los más siniestros dirigentes europeos, sólo comparable con los de algunos enclaves balcánicos", y al sistema jurídico italiano como similar a los de las "satrapías latinoamericanas". A quien entiende de Derecho, en cambio, no se le escapa que el nuestro es uno de los sistemas más apreciados del mundo por las garantías que ofrece.

No comprendo a qué satrapías o enclaves se refiere. Si por el contrario se trata de aplicar un cliché, como italiano antes incluso que como embajador de Italia, me siento ofendido por afirmaciones de este tipo, que, por su vaguedad, tienen el sabor del insulto.

No creo que la gran mayoría de mis compatriotas -indepen-dientemente de su orientación política- pueda verse reflejada en las descripciones deformantes y ofensivas que leo en su periódico, del que se halla ausente cualquier opinión de disentimiento. Todo esto me preocupa porque con una campaña así de dura, ultrajante y en sentido único se corre el riesgo de provocar efectos negativos sobre la amistad y la simpatía que tradicionalmente caracterizan a las relaciones entre nuestros dos pueblos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de marzo de 2009