Un taxista jubilado mata a tiros a una médica

El hombre irrumpió en un centro de salud murciano y disparó también a un conductor de ambulancia

María Eugenia M. M., médica residente, falleció ayer en Murcia horas después de que un hombre de 73 años le disparase durante la madrugada del miércoles en el centro de salud donde trabajaba. El agresor también hirió al conductor del servicio de ambulancias, que sigue ingresado. Ambos estaban de guardia en el ambulatorio de Moratalla (Murcia) cuando P. N. M., taxista jubilado, acudió para tratarse de una enfermedad respiratoria crónica, según explicó ayer Juan Llorente, alcalde de la población. Allí mismo les disparó.

El hombre, conocido como El León, había ido a las cuatro de la tarde del martes al centro de salud para recibir el tratamiento para la patología que padece. Allí le dijeron que volviese a las siete. A esa hora no apareció. Cuando volvió al centro era medianoche, iba armado y en pantalón de pijama. Allí lo atendió María Eugenia M. M., que le pasó a la sala de curas para administrarle oxígeno. Minutos después, cuando la médica volvió a la sala para ver al paciente, éste la disparó cuatro veces en cabeza, cuello y tórax.

Después de esta primera agresión, P. N. M., a quien sus vecinos describen como "tranquilo, introvertido o cabizbajo", disparó también al conductor de la ambulancia, que recibió un tiro en el tórax. Tras la llegada de la policía, el agresor apuntó también a un agente, sin llegar a disparar. El hombre fue reducido y detenido por la Guardia Civil. Declaró que tiene el arma (un revólver de marca Astra, del calibre 32) desde hace 15 o 20 años, desde que un cliente la dejó tirada en su taxi. Además, en el bolsillo llevaba más balas. Según fuentes próximas a la investigación, en un primer registro al domicilio encontraron más munición y distintos objetos de simbología fascista.

"Es inexplicable. Es introvertido e iba siempre solo, pero nunca tuvo problemas con vecinos, ni tengo informes de que estuviera en tratamiento psiquiátrico o tuviera problemas", resume el alcalde de Moratalla, una localidad eminentemente agraria.

La doctora, originaria de Cehegín, fue trasladada junto al conductor de la ambulancia al hospital de Caravaca. Desde allí se la llevó en una UCI móvil al hospital Virgen de la Arrixaca, en Murcia, donde murió horas más tarde.

La agresión que ha terminado con la vida de María Eugenia M. M. "no es un caso aislado", según el Consejo General del Colegios de Médicos, que exigió que se apliquen las medidas de prevención y detección adecuadas para evitar incidentes como éste. "Otros profesionales han perdido la vida ya a consecuencia de agresiones", dijeron. "Cualquier agresión es rechazable", aunque las que se hacen contra los profesionales sanitarios adquieren "relevancia especial al deteriorar y condicionar la calidad del servicio sanitario", dijeron.

Las amenazas y agresiones a los médicos se consideran, según la ley, atentados contra la autoridad. Ayer mismo una mujer fue condenada en Almería a un año de prisión por golpear e insultar a una médica de atención primaria. Sin embargo, esto no es, según la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM), una medida preventiva. Alertan del aumento de las agresiones a profesionales sanitarios en los últimos tiempos y exigen nuevas medidas para frenarlas. El CESM pide que se generalice la incorporación de vigilantes de seguridad las 24 horas en todos los centros asistenciales, o la presencia de detectores de metales en la entrada de los centros más conflictivos. Quieren también, entre otras cosas, que las consultas dispongan de un timbre de alarma.

Delito de atentado

- Atentado. Agredir a un médico o intimidarle es un delito de atentado igual que si la víctima fuese un policía. Así lo dictaminó el Tribunal Supremo en 2007.

- Agresiones. Durante 2007 se registraron más de 6.000 episodios de violencia verbal y física contra profesionales sanitarios en Andalucía, una de las pocas comunidades autónomas que llevan un registro de casos.

- Medidas. Los sindicatos exigen medidas preventivas. Piden vigilantes de seguridad 24 horas, detectores de metales a la entrada de los centros más conflictivos, timbres de alarma en las consultas y que éstas tengan dos puertas y los muebles colocados de modo que a los profesionales les resulte más fácil evitar al agresor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 11 de marzo de 2009.

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