Cartas al director
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Palestina en el corazón

San Sebastián de los Reyes, Madrid - 09 ene 2009 - 23:00 UTC

Cuando los recluyeron en guetos no permanecí indiferente; cuando los transportaron como animales no miré para otro lado; cuando los convirtieron en mercancías, no fingí no saber nada; cuando los asesinaron en masa no creí que habrían hecho algo para merecerlo, nunca negué el Holocausto, pero nunca me sentí culpable de lo que los nazis hicieron con ellos, porque yo nunca estuve allí.

Yo estoy aquí, cuando encierran en guetos rodeados por muros, cuando tratan como a animales a poblaciones enteras, cuando convierten en mercancía electoral las vidas de miles de personas, cuando exterminan con crueldad medieval ciudadanos indefensos, cuando, a pesar de la evidencia, pretenden inmovilizarnos con sentimientos de culpa por algo que nunca hicimos, patrimonializar el victimismo y seguir pasando como el pueblo perseguido.

No puedo dejar de sentir asco ante el silencio cómplice de todos los civilizados del mundo guiados por la cabeza descerebrada del imperio. No puedo dejar de sentir náuseas ante la indiferencia de los organismos internacionales.

¿Dónde está la justicia internacional que no persigue a los genocidas?, ¿dónde los defensores de la libertad que no piden la intervención de fuerzas internacionales para parar esta locura?, ¿dónde está mi Gobierno que aún no ha roto sus relaciones y expulsado al embajador de un Estado terrorista y asesino?- Antonio Prieto. Córdoba.

Primero tiraron las bombas de Japón, y yo no protesté porque no era japonés. Después fueron a Vietnam, y no protesté porque no era vietnamita. Al cabo de un tiempo entraron en Yugoslavia, pero yo no era bosnio, ni croata, ni serbio, ni montenegrino... Cuando entraron en Chechenia cambié de canal, es evidente que yo no era checheno. Más tarde, fueron por Sadam y en el camino mataron a muchos inocentes, entonces, tampoco protesté porque no era iraquí. Después fueron a los lugares más recónditos pasando por Afganistán, otra vez Irak, y muchas veces Palestina. En Líbano, en Qana, asesinaron a niños y a sus madres que trataron de protegerlos con su cuerpo, y aunque me estremecí, yo no estaba en Líbano ni soy libanés. Ahora están en Gaza, en Palestina una vez más, pero yo no soy ni palestino, ni árabe. De aquí a que me muera, creo que ya no vendrán ni a por mí, ni a por mis hijos... Pero ¿y a por los hijos de mis hijos? Quizá necesiten la ayuda que ahora necesitan otros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 09 de enero de 2009.

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