El precio de la vivienda en Barcelona retrocede hasta valores de 2005

Un piso de 70 metros cuadrados es 30.000 euros más barato que hace un año

La crisis del ladrillo se ha cebado con Cataluña. La mayoría de sus indicadores están más deteriorados que en el resto de España. Las compraventas de pisos se han desplomado más de la mitad y la construcción de nuevas viviendas hasta el 80%. También los precios están descendiendo de forma más acusada. En Barcelona han caído una media del 8,6% en el último año y los valores de las viviendas usadas retroceden ya a niveles de 2005, cuando Cataluña estaba en pleno boom inmobiliario. Según el informe anual de Idealista.com, la primera empresa de intermediación de viviendas por Internet, la caída es mayor que en Madrid, Valencia o Sevilla.

Cataluña, en concreto Barcelona, se está resintiendo más de la crisis que otras comunidades. Los precios eran más mucho más altos, las compraventas crecían impulsadas por la inmigración y los inversores privados, y el mercado de segunda residencia aguantaba. Pero la crisis financiera ha acabado por arrastrar a la capital catalana, que en dos años acumula un descenso de precios del 10,6%. Sumada la inflación acumulada, la bajada es superior al 16%.

Los precios en capital catalana bajan más que en Madrid y Valencia
Los pisos se abaratan más del 15% en el área metropolitana
La confianza de los empresarios, las cajas y los bancos se desmorona

De acuerdo con los datos de Idealista.com, las viviendas han perdido ya el valor que habían acumulado desde 2005. El precio del metro cuadrado es de 4.361 euros, 408 euros menos que el año pasado. Eso significa que un piso de unos 70 metros cuadrados se ha abaratado unos 30.000 euros en el último año. Los precios han caído en todos los distritos por encima del 5%. Pero hay caídas más pronunciadas: en Sants-Montjuïc (14,7%), Sant Andreu (12,9%), Horta-Guinardó (12,7%) y Ciutat Vella (11,7%). Los barrios que más sufren son la Verneda y la Pau (17,9%), Sants-Badal (16,6%), y Camp de l'Arpa y el Clot (16%).

Sin embargo, de la caída del precio se resiente toda el área metropolitana. Y algunos municipios ya acumulan hasta nueve trimestres consecutivos de bajadas, lo cual demuestra hasta qué punto los descensos que empezaron a apreciarse a finales de 2006 no eran coyunturales. Comprar un piso en Terrassa o Santa Coloma de Gramenet es ya un 20% más barato que hace dos años. Los descensos de dos dígitos son generales y afectan a las principales ciudades: Badalona, Manresa, Sabadell, Mataró, Igualada, Cornellà...

La costa también se ha resentido por la acumulación de segundas residencias. En la provincia de Barcelona, Malgrat, Pineda y Premià de Mar caen por encima del 15%. También retroceden localidades de la Costa Brava, como Roses (13,3%) y Blanes (12%), y de la Costa Daurada, como Segur de Calafell (13,5%) y Cunit (11,1%). Girona y Tarragona sufren menos que Barcelona, puesto que la vivienda ha caído entre el 5% y el 6% en el último año, mientras que en Lleida los valores se desploman un 13,4%.

Este panorama, que agrava todavía más las dificultades que atraviesan las empresas, hace mella en la confianza de todos los agentes que intervienen en el mercado de la vivienda. De acuerdo con el barómetro que elabora cada semestre el Departamento de Medio Ambiente y Vivienda, los promotores inmobiliarios están hundidos. En una escala del 1 al 10, puntúan con un 2,4 la evolución del mercado en los próximos seis meses, cuando hace un año daban un 4. Quienes más confianza tienen son las entidades financieras, pero también menos que en 2007. Cajas y bancos pasan de unas expectativas de 3,7 a unas de 3,1. Arquitectos, intermediarios y municipios también creen que pintan bastos para el próximo semestre.

Si algo positivo se desprende del informe es que las perspectivas de que crezca el parque de vivienda en alquiler apenas se han deteriorado. Tanto promotores como intermediarios y administradores de fincas opinan que habrá más. Los ciudadanos también mejoran su perspectiva de hallar más alquiler. Éstos son precisamente los únicos que están más satisfechos que hace un año sobre la evolución de los precios de los pisos, aunque todavía no lo suficiente. En cambio, sus expectativas para deshacerse de su vivienda (en el caso de que vayan a venderla) en los próximos meses se han desmoronado.

El informe, que elabora el Instituto Cerdà, también señala que las cajas y los bancos catalanes están perdiendo la confianza en la solvencia de las empresas, a la vez que las inmobiliarias se muestran menos preparadas para afrontar sus cargas financieras.

El zapatazo como arma de protesta

Lo popularizó hace apenas dos semanas el joven reportero chií Mountazer al Zaidi cuando lanzó sus dos zapatos al presidente de Estados Unidos, George W. Bush. El zapatazo parece haber hecho fortuna como arma de protesta. Al alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, también le arrojaron el pasado día 23 un zapato los vecinos del Tibidabo, aunque ni se enteró.

Ayer lo sufrió la secretaria de Vivienda de la Generalitat, Carme Trilla. Y ella sí lo vio. Una vecina de Sallent (Bages) le arrojó ayer un zapato, que no llegó a darle, en una asamblea bastante tensa en el barrio de la Estació, que está construido sobre una antigua explotación minera y desde 1997 sufre movimientos de tierra que están hundiendo algunas viviendas unos nueve centímetros al año.

Trilla explicaba que 43 familias serán realojadas antes del 1 de febrero porque Protección Civil ha activado la fase de alerta del plan de emergencia para el barrio, que sigue deteriorándose.

Estas familias se instalarán en pisos de alquiler que pagará la Generalitat y recibirán 1.600 euros por metro cuadrado de su antigua vivienda. Pero quedan un centenar de vecinos descontentos porque no se beneficiarán de este plan. De ahí el enfado de la mujer.

Jordi Fàbrega, delegado de la Generalitat en la zona, excusó la actitud de la vecina. "Desde una posición humana, se entiende perfectamente". A la mujer, pues, el zapatazo no le salió tan caro como a Al Zaidi. Y como Bush, Trilla también demostró tener buenos reflejos.

Sobre la firma

Lluís Pellicer

Es jefe de sección de Economía de EL PAÍS, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera. Ha sido corresponsal en Bruselas entre 2018 y 2021 y redactor de Economía en Barcelona, donde cubrió la crisis inmobiliaria de 2008. Licenciado en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona, ha cursado el programa de desarrollo directivo de IESE.

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