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Crónica:LA CRÓNICA

Atención a esa pizarra

¿Qué hace una pizarra en la calle? El arquitecto Guillermo Bañares ha colocado una de 500 metros cuadrados haciendo de fachada de un colegio de monjas en la Travessera de Gràcia, a la altura de Aribau. Allí estuvo la Filmoteca. La pizarra -de chapa metálica y adhesivo, como si fuera tiza- es la fachada del polideportivo de la escuela Infant Jesús.

El cronista llega al sitio. Lo primero es poner atención en la pizarra. El arquitecto ha plasmado lo que es un colegio. Se ven una resta, un mapa de Europa, una suma, pentagramas, una familia y una frase con cierto enigma: "Distinguir bien el fruto, conservarlo y conducirlo hacia la perfecta maduración".

El cronista agita un poco el panorama en la acera de enfrente. A casi nadie le deja indiferente el asunto. Algunos ni se habían fijado. Otros han comprobado hasta la sumas y restas.

"Transmite lo que es un colegio. La veo fea. Más bien me da igual. Estoy un poco cansada de las monjas. Me han quitado luz con el edificio", dice Alicia, que tiene una tienda de ropa enfrente. Habla Marga, empleada de una tienda de muebles: "Me gusta. Es una fachada distinta para una escuela. Pero hay un error en la suma. Fíjese (el lector que se acerce por allí verá que Marga tiene razón a medias; Luego veremos por qué). Rosa Benedito, propietaria de una cafetería, también lo dice: "La suma no es correcta".

Antón y su esposa, Joana, de Reus, hacen fotos de la pizarra fachada. "Es original. Transmite atrevimiento", dice él.La pareja ha reparado en la frase. "Distinguir bien el fruto, conservarlo y conducirlo hacia la perfecta maduración", leen en voz alta. "Debe de ser sobre los niños".

Samantha trabaja en la perfumería de enfrente. "Ni me había fijado. Me fijo ahora que me lo dice". "No tengo mucho tiempo para fijarme. Paso el día en la tienda y como en media hora".

Fermín Ocaña es el conserje de la finca número 62. "Me transmite que es un colegio. Nada más. Podrían haberla rellenado un poco más. Hay muchos blancos en medio. ¿Se fija?".

Ahora toca visitar el colegio Infant Jesús, conocido como "de las damas negras". Está escrito en la entrada. La directora, Mireia Galobart, atiende enseguida al informador, que se presenta de sopetón.

-No quiero molestar. Sólo dos preguntas sobre la pizarra que han puesto.

-¿Le gusta? Queremos transmitir lo que es una escuela. Le dijimos al arquitecto que lo reflejara. Ha quedado bien.

-¿Qué que quiere decir "distinguir bien el fruto, conservarlo y conducirlo hacia la perfecta maduración"?

-Se ha fijado. Es el lema de nuestro fundador, Nicolás Barré. Quiere decir distinguir la forma de ser de cada uno y educarle según su manera de ser, hacer la educación personalizada.

-Hermana, ¿de dónde viene lo de damas negras?

-De cuando había monjas francesas, dames, en francés, que iban vestidas todas de negro. Nos conocen así. Es, como si dijéramos, el mote. Pero eso era antes. El colegio ha pasado de ser elitista a ser abierto. Es concertado. El Concilio Vaticano II nos ayudó a quitar el hábito, a abrir puertas y ser más normales.

Habla el arquitecto. "Les pregunté a las monjas qué querían que la gente viera de ellas. Me dijeron que una escuela. Usé la chapa y lo que parece tiza es un adhesivo que en unos 12 años se borrará. ¡Ojalá en 200 años haya 25 fachadas distintas! ¿Un error en la suma? No me había fijado. Quizá el dibujante lo sepa".

Tras una primera duda, el autor de los dibujos, Jaime de Córdoba, consulta sus bocetos: "No hay error, pero no estaría mal. En una escuela, los niños se equivocan". La cifra de arriba es 39.087, aunque parece 31.087. Ahora sí cuadra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de diciembre de 2008