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La protesta social alarma al Gobierno chino

Los despidos y el cierre de fábricas por la crisis provocan un incremento de los disturbios

Trabajadores despedidos, taxistas enfrentados a sus empresas, ciudadanos expropiados. La lista de colectivos que han protagonizado violentas protestas en las últimas semanas en China -la última, el pasado martes en la provincia sureña de Guangdong- ha provocado gran inquietud en el Gobierno, que se ha apresurado a dar instrucciones a los dirigentes provinciales y a la policía para que, por encima de todo, aseguren la estabilidad.

Las manifestaciones son frecuentes en China, a menudo a causa de disputas laborales, requisiciones ilegales y otros abusos de poder de los gobiernos locales, pero han adquirido una nueva dimensión con la crisis mundial, que ha comenzado a pasar factura al país asiático por la ralentización de la demanda extranjera.

Las industrias han sufrido una caída sin precedentes de la demanda exterior

La economía china creció un 9% en el tercer trimestre, cuando en el conjunto de 2007 lo hizo un 11,9%, y el Banco Mundial ha dicho esta semana que prevé que en 2009 sólo avance un 7,5%. Una cifra peligrosa, ya que se sitúa entre el 7% y el 8% que las autoridades consideran que debe aumentar para proporcionar trabajo a la población y garantizar la paz social. Según Yin Weimin, ministro de Seguridad Social, la situación del empleo es "crítica", y el paro subirá en los próximos meses.

La pérdida de trabajos supone, según los analistas, uno de los mayores desafíos para el Partido Comunista Chino (PCCh), que ha buscado legitimarse en el poder, en gran parte gracias al fuerte crecimiento que ha experimentado el país desde que Deng Xiaoping inició las reformas hace 30 años.

"La principal amenaza para el PCCh es no ser capaz de cuidar de su gente. Hace mucho tiempo que los líderes chinos abandonaron la igualdad como medida de su éxito, para centrarse en el crecimiento económico y la riqueza material del pueblo. Si no puede entregar crecimiento, la legitimidad del partido resultará minada", explica Yuen Pau Woo, presidente de la Fundación Asia Pacífico de Canadá. La consultora estadounidense IMA ha modificado la calificación de riesgo político para China de bajo a medio, debido al "potencial de disturbios entre la gran masa de trabajadores emigrantes que se enfrentan al despido en los sectores de la construcción y manufacturero".

Pekín aprobó a principios de mes un plan financiero por valor de 586.000 millones de dólares (450.000 millones de euros) hasta 2010 para revitalizar la economía, impulsar el consumo interno y disminuir la dependencia de las exportaciones, que en 2007 representaron el 40% del producto interior bruto (PIB). Y ayer realizó la mayor bajada de tipos de interés de los últimos 11 años.

Decenas de miles de emigrantes se han quedado sin trabajo, especialmente en las provincias industriales de Guangdong y Zhejiang. El resultado ha sido un incremento de protestas como la que protagonizaron el martes más de 500 trabajadores de la fábrica de juguetes de capital hongkonés Kaida, en Dongguan (Guangdong), por el descontento sobre las indemnizaciones de algunos de los 380 despedidos la semana pasada. Más de 1.000 policías y antidisturbios fueron desplazados para dispersar a los manifestantes, que volcaron un coche de la policía, y causaron destrozos en las oficinas de la firma.

El sur de China ha vivido un boom exportador en las últimas décadas, pero la crisis ha provocado una bajada de los pedidos sin precedentes que, unida al incremento de los costes laborales y de las materias primas y a la apreciación del yuan, ha obligado a muchas compañías a reducir plantilla o echar el cierre. Unos 7.000 obreros mantuvieron una protesta similar el mes pasado en otra fábrica de juguetes.

Estos disturbios se suman a los que han protagonizado en las últimas semanas miles de taxistas en varias ciudades del país por los altos precios de alquiler de los coches exigidos por sus empresas y la competencia de taxis piratas. Además, en la provincia de Gansu, miles de personas, algunas con barras de hierro, cadenas y hachas, se enfrentaron la semana pasada a la policía por la expropiación de viviendas para construir en su lugar un edificio gubernamental. Decenas de personas resultaron heridas.

¿Significa esto que la sociedad china está perdiendo el miedo a manifestarse? No, según Woo. "Lo que ocurre es que están adquiriendo mayor número de formas. No sólo se están produciendo en las calles, sino también en los blogs, o los mensajes de teléfono móvil. La mayoría tiene que ver con el bolsillo de la gente. Las protestas políticas son todavía un tabú y seguirán siéndolo por un futuro no definido".

Los disturbios inquietan al Gobierno. Meng Jiangzhu, ministro de Seguridad Pública, ha advertido del "desafío que supone la crisis financiera global", y ha urgido a los funcionarios provinciales a que "mantengan la cabeza fría y sean conscientes de la necesidad de salvaguardar la estabilidad".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 27 de noviembre de 2008