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Análisis:OPINIÓN

El día que empezó

La actual crisis tiene fecha de inicio: el 15 de septiembre pasado, cuando quiebra Lehman Brothers, uno de los principales bancos de inversión de Wall Street. Todo lo anterior es la prehistoria. Al menos así se percibe en América Latina, porque es a partir de entonces cuando se empieza a manifestar una fuerte disminución en el acceso y un significativo incremento en el coste del crédito externo para los países de la región.

Lo describe el Latinobarómetro 2008, recientemente publicado, uno de cuyos capítulos más sugerentes es la relación que establece entre la coyuntura económica y la fortaleza de la democracia. Hay una amplia evidencia de que el significado de la democracia en América Latina posee un componente económico que no tuvieron otras democracias en otras partes del mundo. Allí se puede decir que la economía en democracia produce más castigo que recompensa: disminuye fuertemente el apoyo a la democracia en momentos de crisis económica, aunque no aumenta del mismo modo en periodos de fuerte crecimiento.

En Latinoamérica, la democracia posee un componente económico con más castigos que recompensas

A partir de septiembre pasado se genera un fuerte castigo sobre las monedas de los países, independientemente de sus distintas coyunturas, que tienen que utilizar las reservas para protegerlas; descienden los precios de las materias primas, aumentan los costes para asegurar la deuda, crecen las primas de riesgo, se reduce la recepción de las remesas de los emigrantes y cae el turismo. Menos mal que la región está mejor preparada que en ocasiones anteriores para enfrentarse a las turbulencias externas por los superávit por cuenta corriente acumulados en los últimos cuatro años, unas finanzas públicas más ordenadas, la reducción en la deuda pública y mejoras en su composición, y por los altos niveles de las reservas internacionales en muchos países. El Latinobarómetro concluye que "esta crisis encuentra a América Latina en mejor pie para recibir shocks externos, habiendo hecho reformas económicas y después de seis años de crecimiento".

Los últimos datos del FMI indican una baja de las expectativas de crecimiento de la zona, que quedan en una media del 4,5% para el año en curso y apenas un 3% en 2009, con las consecuencias directas que ello tiene para la creación de empleo, la disminución del bienestar, la caída de las remuneraciones y la contracción del gasto social. Los dos gigantes de la región, que seguramente juegan ya en otra división distinta de la de los demás países, tienen coyunturas diferentes: mientras Brasil aguantará por encima del 5% en el año en curso y un 3% en 2009, México apenas crecerá un 2% este año y menos de un punto el que viene.

El Latinobarómetro insiste en la tendencia central y continuada a la desigualdad. Con una peculiaridad: en América Latina, los pobres son igual de pobres que en otras zonas del mundo, siendo los ricos mucho más ricos porque, en líneas generales, no pagan impuestos o pagan muchos menos gravámenes que el resto de los países de la OCDE. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de noviembre de 2008