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Ascó II sufre desde hace meses fugas "bajo control" de agua radiactiva

La nuclear, incapaz de reparar las pérdidas, dice que el líquido no sale del recinto

La nuclear de Ascó (Ribera d'Ebre), propiedad de Endesa e Iberdrola, acumula muestras de deterioro. A las señales de corrosiones de origen desconocido que se investigan en la central Ascó I (detectadas por el Consejo de Seguridad Nuclear -CSN- y de las que El PAÍS informó ayer) se añaden fugas de agua radiactiva en el reactor gemelo, Ascó II. La piscina donde se almacena el combustible empleado por Ascó II sufre escapes de hasta un litro por semana, según se ha detectado en las últimas pruebas. La dirección del complejo atómico considera que las fugas son "pequeñas" y están "bajo control", según ha notificado al CSN, porque no salen al exterior. Pese a ello, no logra solucionarlas: las arrastra desde hace al menos cuatro meses y no las resolverá, como mínimo, hasta la próxima primavera.

El CSN descubre "golpes, arañazos y grietas" en la piscina de combustible

El líquido que pierde la planta está en contacto directo con el combustible nuclear ya empleado, por lo que acumula altos niveles de radiactividad. "El combustible utilizado sigue emitiendo radiactividad y el agua la absorbe. La piscina es como un enorme tubo de escape, pero hermético", ilustra un técnico de la nuclear. Éste vincula los escapes al mal mantenimiento de la central.

El tubo de Ascó II deja bastante que desear: en la piscina hay "golpes, arañazos y grietas en soldaduras", según una inspección visual que el CSN realizó este verano. "Hay puntos con corrosión", añade el inspector del CSN residente en la central. Y concluye la descripción de daños en la zona con un impreciso e ilustrativo "etcétera".

La dirección de la central sostiene que la fuga está controlada gracias al diseño de la planta: la piscina queda protegida por un forro metálico que actúa a modo de segunda capa. Ahí se contiene el agua que la piscina pierde por un punto aún sin localizar. "La seguridad de Ascó es un queso gruyère, lleno de agujeros", afirmó ayer Greenpeace. "La nuclear funciona aprovechando su red de seguridad. Si ésta falla, ya no quedarán más. ¿Adónde irá el agua radiactiva?", protestó el grupo ecologista.

El CSN no hizo declaraciones ayer sobre este nuevo caso porque, según explicó un portavoz a este diario, sus responsables estuvieron todo el día reunidos. De forma anónima, un técnico del consejo afirmó que el escape de Ascó se arrastrará durante mucho tiempo. "Tampoco han hecho un esfuerzo para solucionarlo ahora que el reactor está parado por recarga", lamentó. "Últimamente la central muestra mejor actitud. Pero sostiene una larga tradición de acumular averías y desajustes que tarda más de lo razonable en reparar", apuntó el mismo técnico del CSN. Los inspectores que el consejo tiene en Ascó han recogido esta misma sensación en sucesivos informes.

La información de la corrosión en Ascó I fue refutada ayer por el CSN, que "descartó la existencia" de tales problemas. Tras admitir la detección de plomo en Ascó y reconocer que este metal precede a un tipo de corrosión agresiva, el CSN señala en una notal oficial que tal posibilidad "carece de fundamento y de soporte técnico".

La presidenta del consejo, Carmen Martínez Ten, deberá aclararlo en el Congreso. El portavoz de ICV, Joan Herrera, pidió oficialmente su comparecencia para preguntarle sobre este asunto. "Estará obligada a respondernos en diciembre, en la asistencia anual que debe hacer en las Cortes", aseguró Herrera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de noviembre de 2008