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Seis años para reciclar el chapapote

Sogarisa confía en acabar en marzo la transformación de residuos del 'Prestige'

Sogarisa aspira a completar en cinco meses el proceso de revalorización de las 82.000 toneladas de residuos que esparció el Prestige por la costa gallega tras sufrir, tal día como hoy en 2002, una vía de agua frente a Fisterra. Seis años después, los restos de aquella marea negra se están convirtiendo en combustible y material de construcción tras someterse a un complejo proceso técnico y diseñado específicamente para depurar el chapapote que durante meses impregnó el litoral. Sogarisa, la Sociedad Gallega de Residuos Industriales, anunció ayer que ha procesado "con éxito" más del 80% de los residuos procedentes del petrolero. En total, 66.000 de las 82.000 toneladas recogidas y almacenadas durante todos estos años en dos grandes balsas en Areosa (Cerceda) y As Somozas.

"El mayor logro es que todo se hace con tecnología propia", dice la empresa

Restan aún otras 16.000 toneladas que se gestionarán en los próximos meses, con la intención de finalizar en marzo con un coste que supera los 22 millones de euros. De la amalgama de fuel (8%), agua (20%), arena y sólidos (60%) y plásticos (12%), que se arrancó casi siempre a mano de las playas y rocas, se extraeran cinco productos depurados con nuevos usos. Las arenas limpias -entre 10.000 y 15.000 toneladas según la previsión de los técnicos- se emplearán en obra civil para construir las nuevas instalaciones de Sogarisa, mientras que las arcillas servirán como materia prima para producir clínker en las cementeras. Los restos plásticos de alta calidad se reciclarán para fabricar nuevos artículos (tuberías) y los de baja calidad alimentarán las calderas de las moliendas como combustible sólido. El agua, una vez depurada, retroalimenta los circuitos internos de la planta, mientras que el fuel recupera su estado original como combustible de escasa calidad.

"El mayor logro es que todo se realiza con tecnología propia", señala Ramón Blanco, director industrial de Sogarisa. No resultó un proceso sencillo, explica. La complejidad de la mezcla obligó a los ingenieros de la compañía a importar distintas técnicas y refundirlas en un procedimiento diseñado específicamente para tratar los residuos del Prestige. Por el camino, se toparon con "diversos imprevistos" que ralentizaron el tratamiento. En primer lugar, la proporción de agua contaminada -procedente del mar y de la lluvia- era mayor de lo previsto inicialmente y forzó una primera extracción antes de seguir adelante con el procedimiento.

Además, los técnicos hallaron grandes bolsas de arcilla -hasta 7.000 toneladas- que requirieron de un tratamiento específico. Lo más inesperado, según Blanco, fue comprobar que los monos blancos que emplearon los voluntarios durante la limpieza de las costas se degradaron hasta convertirse "en hilos de plástico" que atascaban tuberías y bombas, y obligaron a rediseñar filtros y sustituir elementos. El proceso de tratamiento y revalorización de los residuos se ejecutó en dos tramos. El primero, y más sencillo, se llevó a cabo en 2006, entre mayo y octubre, en las instalaciones de Cerceda, que almacenaron 22.000 toneladas de fuel y arena.

Un año después, la planta de As Somozas inició el tratamiento experimental de las 60.000 toneladas amontonadas desde 2002 en una inmensa balsa semicubierta con ocho metros de profundidad, de la que se extraen progresivamente paladas de una masa negra y viscosa que se procesan en dos naves habilitadas específicamente para el tratamiento de estos residuos. Además del fuel, en la balsa se hallaron anclas, boyas, cadenas y peces adheridos al combustible. Hasta el pasado 31 de octubre, Sogarisa había gestionado 44.000 de las 60.000 toneladas almacenadas en As Somozas, operando 24 horas al día con una plantilla de unos 80 trabajadores. Los restos se trituran, se introducen en un cilindro metálico que a modo de lavadora separa los componentes, que a continuación se someten a distintos procesos químicos y lavados específicos para eliminar todo resto de contaminación.

"Estamos colaborando con el resto de gestores de Galicia para, entre todos, darles una segunda vida útil a estos residuos", apuntan desde la empresa. Sogarisa, compañía participada por Ecotal (49%), Fomento e Iniciativas de Galicia (25%), Protección Medioambiental (14%), acciones propias (2%) y la Xunta (10%), invierte 15 millones en ampliar sus instalaciones, pasando de 345.000 a 595.000 metros cuadrados.

Una 'superlavadora'

El corazón del complejo proceso para revalorizar los residuos del Prestige es un cilindro metálico alargado (trommel) situado en el centro de la Unidad de Fluidificación y Segregación de Sogarisa. En la práctica, el tubo funciona como el tambor de una "superlavadora" de 15 metros de largo con capacidad para procesar 100 metros cúbicos de residuos en cada lavado en programas de 15 minutos a un ritmo de 20 toneladas por hora.

Un camión portacontenedores transporta los residuos desde la balsa de almacenamiento hasta una nave. Se trituran y se introducen en la superlavadora gigante por la parte superior. El trommel gira a gran velocidad y a 95 grados generando un proceso que facilita la segregación de los componentes adheridos al fuel. Tras el centrifugado, las arenas y sólidos se depositan en el fondo del tambor. El combustible, mezclado con agua, flota suspendido en la parte superior mientras que los restos plásticos se desvían a una segunda trituradora, que los selecciona en función de su calidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 13 de noviembre de 2008

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