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Las bienintencionadas previsiones de Bruselas

A comienzos de la semana pasada, la Comisión Europea publicó sus previsiones de otoño. Unas semanas antes lo había hecho el FMI, por lo que estábamos esperando las novedades. En condiciones normales, unas pocas semanas no es tiempo relevante para que dos ejercicios de previsión difieran significativamente, a menos que los autores tengan visiones suficientemente diferenciadas sobre la coyuntura mundial y de cada país, lo cual no suele ocurrir cuando se trata de organismos internacionales (pensamiento único o consenso). Pero en esta ocasión, unas semanas sí son relevantes, pues los acontecimientos se están precipitando día a día con una rapidez nunca vista. El desplome del precio del petróleo, desde 150 dólares por barril en julio hasta 60 dólares en la actualidad, es un ejemplo de ello. Mucho más importantes son los acontecimientos que hemos vivido en el ámbito de las instituciones financieras, que, entre otros efectos, han causado un profundo y adicional deterioro de la confianza y expectativas de todos los agentes económicos.

Las perspectivas del FMI y de la Comisión Europea son, como mínimo, candorosas y edulcoradas
Tal vez pretendan no crear más alarma, pero al quedar pronto desfasadas producen una mayor desconfianza

Bien, pues a pesar de todo ello, las previsiones de la Comisión nos ofrecieron unas perspectivas similares a las del FMI, pudiendo calificarse ambas, como mínimo, de candorosas y edulcoradas. No sé si con ellas se pretende no alarmar demasiado al amedrentado ciudadano, pero desde luego, al quedarse pronto tan desfasadas de la dura realidad, lo que consiguen es que este ciudadano confíe cada vez menos en ellas y, ante la incertidumbre (piensa mal y acertarás), se retraiga más en sus decisiones de gasto. Qué decir de las previsiones de nuestro Gobierno, que aún mantiene un crecimiento del PIB del 1% para el próximo año.

Es verdad que tanto el FMI como la Comisión dibujaron un escenario de estancamiento para el conjunto de países avanzados y suavemente recesivo para España durante los próximos trimestres, al dar las dos instituciones una caída del PIB del 0,2% para 2009, pero estas previsiones salieron ya de la imprenta con un optimismo forzado y sólo días después los fríos datos nos dicen que no sólo son optimistas, sino que han quedado totalmente obsoletas. Tanto es así que el FMI, de forma inusual, ha tenido que enmendar lo dicho hace unas pocas semanas y el jueves pasado sacaba una nota revisando notablemente a la baja los crecimientos para 2009. Ahora da una caída para el PIB español del 0,7%, medio punto menos. Las revisiones son aún superiores para el resto de países avanzados y para los emergentes, destacando los recortes en torno a tres cuartos de punto porcentual para EE UU, Alemania y Japón.

¿Sacará la Comisión Europea en los próximos días una nota similar a la del FMI? Seguramente no lo hará, pero si lo hiciera, yo le apuntaría que de nuevo el FMI se ha quedado corto por lo que respecta a la caída que puede registrar el PIB español el próximo año. Los datos de los últimos meses pintan un tercer trimestre del año actual peor de lo estimado por el Banco de España (0,9% interanual) y un cuarto mucho peor aún. En los gráficos adjuntos se pueden ver algunos de estos datos. De entre todos ellos, cabe destacar el que probablemente sea el mejor indicador mensual de la coyuntura española, los afiliados a la Seguridad Social. En el tercer trimestre, la caída interanual alcanzó ya un 0,9%, y en octubre se desplomó hasta el -2,3%. Las previsiones apuntan a que esta tasa aún irá más abajo en noviembre y diciembre, pudiéndose situar la media del cuarto trimestre en el -2,8%. Aunque aceptemos que la productividad por ocupado sigue acelerándose y llegue al 2%, nos queda una caída interanual del PIB del 0,8%. Ésta es la herencia que 2008 dejará a 2009, herencia que aún se irá haciendo más negativa al menos durante el primer semestre. Los fríos datos y las tendencias apuntan, por tanto, a que el PIB podría contraerse el próximo año más de un 1%. No quisiera hurgar más en la herida, pero ¿se imaginan adónde puede irse la tasa de paro y las empresas que pueden quedarse por el camino? Sin duda hacen falta medidas de choque. ¿Más déficit público? El FMI, tradicionalmente el sanctasanctórum de la ortodoxia, lo recomienda. Habría que pensarlo. Y desde luego, que el BCE se deje de paños calientes y baje los tipos de una vez hasta donde los ha bajado la Reserva Federal.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS).

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 08 de noviembre de 2008.

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