Cartas al director
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Crispación

Soy una persona creyente y practicante, pero cada vez más alejada de la Iglesia institución y de su jerarquía; muchos creyentes como yo nos crispamos por las denuncias que hace. ¡Cuánto se preocupa esta Iglesia por los no nacidos y qué poco por los que mueren diariamente de hambre! Hambre causada por las estructuras del sistema, en el que tan metidos están ellos; porque, claro, en la Iglesia no se puede decir ellas (las mujeres). ¡Qué poco o nada dicen de la actual crisis y de las familias que lo están pasando mal! "Esto sería meterse en política".

Al señor Rouco y al papa Benedicto les preocupa el laicismo; no es que les preocupe, es que no quieren oír hablar de él, porque, según dicen, "puede desembocar en el comunismo o el nazismo". ¿No les preocupará, más bien, que haya una separación Iglesia-Estado, por lo que pueda repercutir en sus arcas?

Me gustaría pertenecer a una Iglesia de la que no me tenga que avergonzar cuando hable su jerarquía; que denuncie injusticias. Con profetas de verdad, de nuestros tiempos, y como ejemplos, monseñor Romero y Pedro Casaldáliga.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 24 de octubre de 2008.

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