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Crítica:

Universo sin hombres

Ante las nuevas versiones de eso que se suele bautizar como "clásicos imperecederos", a la mayoría de los críticos se nos ponen los pelos como escarpias. Sin embargo, si en estos días se hace el ejercicio de revisar Mujeres, película dirigida por George Cukor en 1939, puede que se llegue a la conclusión de que resulta comprensible que alguien se haya fijado en ella para actualizar su discurso intentando mantener su férrea estructura dramática.

La desgracia es que The women, en versión de 2008, más que actualizar su discurso, lo pervierte, al tiempo que estropea su andamiaje formal por culpa de una ostensible, bochornosa falta de talento.

Diane English, veterana guionista de la serie de los noventa Murphy Brown, aquí en su debut como directora, demuestra lo difícil que resulta emular la técnica de las screwball comedies de los años treinta. Donde allí había una película protagonizada exclusivamente por decenas de personajes femeninos, en la que los hombres siempre permanecían fuera de campo, aquí hay un universo femenino donde los hombres parecen haber desaparecido de la faz de la tierra (¡esas secuencias de calle donde sólo hay chicas!). Donde allí había frescura en las transiciones, ritmo en los diálogos, escrupuloso mantenimiento del punto de vista y juegos de puertas a lo Ernst Lubitsch, aquí hay cadencia equivocada en las réplicas, errores de bulto en una banda sonora que nunca encuentra el tono de cada escena y un desfile de modelos que ejerce de adormidera justo en el momento en que parecía necesario el clímax dramático.

THE WOMEN

Dirección: Diane English.

Intérpretes: Meg Ryan, Annette Bening, Eva Mendes, Debra Messing.

Género: comedia dramática. Estados Unidos, 2008.

Duración: 100 minutos.

La versión de 2008, más que actualizar el discurso de la original, lo pervierte

Parece obvio que los responsables de la nueva versión querían desterrar la cruel visión de la mujer contenida en la cinta de Cukor (o eran arpías, o vagas, o cotillas, o directamente lerdas), así como cambiar el motivo redentor de la protagonista (allí recupera al marido perdido comportándose como sus compañeras de jungla, aquí a través del trabajo y de su individualidad).

Sin embargo, el mensaje final, 70 años después del título de Cukor, y a pesar de no llegar a verbalizarse, no parece tan distinto a aquel con el que culminaba la película original: "El orgullo es un lujo que una mujer enamorada no se puede permitir". Nada menos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de octubre de 2008