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El ultraderechista austriaco Haider muere en un accidente

Su partido había resurgido en las últimas elecciones

El ultraderechista Jörg Haider, gobernador del Estado federado de Carintia y jefe de la Alianza para el Futuro de Austria, murió en la noche del viernes al sábado en un grave accidente automovilístico al sur de la ciudad de Klagenfurt.

El ultraderechista Jörg Haider, gobernador del Estado federado de Carintia y jefe de la Alianza para el Futuro de Austria, murió en la noche del viernes al sábado en un grave accidente automovilístico al sur de la ciudad de Klagenfurt. Horas antes había participado en una fiesta de su partido y se dirigía a su residencia de montaña para festejar, el fin de semana, el 90º aniversario de su madre. Haider, de 58 años, iba solo al volante de su vehículo cuando se salió de la carretera, en un adelantamiento, y se estrelló contra un poste de hormigón.

El controvertido líder xenófobo y populista ha sido una figura determinante en el panorama político austriaco de los últimos 20 años. Su repentina muerte ha conmocionado a Austria en un momento de especial incertidumbre, dos semanas después de las elecciones legislativas que se saldaron con un nuevo triunfo de la oposición de extrema derecha.

"Después de la resurrección de Lázaro, la mía es la más impresionante de la historia", fue el comentario que hizo Haider tras celebrar el resultado de su partido (el 10,7% de los votos), con el que recuperaba protagonismo político después de unos años de declive. No parecía preocuparle que su antiguo discípulo en la ultraderecha, Heinz-Christian Strache, convertido en su rival como nuevo líder del Partido Liberal, le llevara ahora la delantera, con el 18% de votos.

Sin Haider, Strache podría convertirse en su heredero absoluto. Pero en comparación con este joven populista de derechas, el experimentado Haider daba últimamente la impresión de ser un personaje casi políticamente correcto. Sin perder su talento de conquistador y su excepcional habilidad para formular ideas con sencillez, comprensibles para todo tipo de públicos, siguió culpando hasta el final a los inmigrantes de todos los males de Austria.

"Es como el fin del mundo", lamentó ayer Stefan Petzner, portavoz del partido de Haider ante la sede del Gobierno de Klagenfurt, la capital de Carintia, gobernada por Haider desde 1999 ininterrumpidamente.

Algunos tuvieron que esforzarse por pronunciar el elogio de cortesía. "Era un político de gran talento que despertó entusiasmo pero también decidida crítica", dijo el presidente de Austria, Heinz Fischer, lamentando lo que calificó de "tragedia humana". El líder verde Alexander van der Bellen indicó que era un dirigente "de talento excepcional, con gran capacidad de fascinar a la gente". Wolfgang Schüssel, ex presidente del Partido Popular austriaco, opinó que Haider "era un político social que sabía escuchar, que se sentía unido a la gente y lo vivía de forma ejemplar". Schüssel fue el líder conservador que pactó la alianza gubernamental con Haider en 2000. Ante el temor suscitado por el fantasma del fascismo encaramándose al poder en Viena, la UE puso el grito en el cielo e impuso a Austria sanciones diplomáticas. También Israel retiró su embajador.

Bajo presiones internacionales, Haider dejó a sus seguidores a cargo del Gabinete, mientras él movía los hilos del poder desde la región de Carintia, su feudo leal. Así podía estar en el Gobierno y a la vez hacer oposición. Pero, una vez en el poder, su partido sucumbió a las rencillas internas. Porque Haider era un hombre que despertaba pasiones. Muchos de quienes lo adoraban acababan odiándolo después. Uno de ellos es Strache, su presunto heredero político.

Hijo de un matrimonio de fervientes nazis -su padre era zapatero-, Jörg Haider (Bad Goisern, 1950) estudió leyes, se afilió a una confraternidad estudiantil ultraderechista y se embarcó en la política a los 20 años, en el Partido Liberal. Su carrera fue fulminante. En 1986 asumió la presidencia del partido y en 1999 logró el apoyo de un 27% del electorado. Haider deja esposa y dos hijas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de octubre de 2008