Entrevista:CAFÉ CON... JOSÉ MANUEL GALÁN

"Me espera una momia en Tebas"

Café con momia. No sólo porque quien se sienta enfrente es uno de nuestros más reconocidos egiptólogos, José Manuel Galán, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y con él las momias están garantizadas en la conversación. Sino porque nos encontramos en el pequeño bar de la azotea del Museo Egipcio de Barcelona y el centro tiene por ahí abajo sus momias en exhibición. Es fácil imaginárselas ahora removiéndose nerviosas ante la visita de Galán, que no para de desenterrar hermanas de ellas a puñados en el país del Nilo. Uno confía en que, pese a no parecerse mucho a Brendan Fraser (en nada, la verdad), será capaz de mantenerlas a raya si deciden -¡Imhotep no lo quiera!- venir a unirse a nosotros.

Este investigador ha situado la egiptología española al mejor nivel internacional

Aparte de momias, ¿ha visto cobras y escorpiones últimamente? "No, pero hemos encontrado un murciélago en una tumba al que hemos bautizado Percy, y nos hace compañía". Galán, que después del café dará una conferencia para la que el museo ha agotado todas las entradas, viste de traje. La última vez que nos vimos, iba de explorador de los pies a la cabeza y juntos bajamos -quien firma temblando, como no deja de recordar el egiptólogo con una insidiosa sonrisa- por un estrecho pozo hasta una claustrofóbica cámara funeraria. Fue en Dra Abu el Naga, la necrópolis cerca del Valle de los Reyes (Luxor, la vieja Tebas) en la que Galán y su formidable equipo -desde los investigadores españoles y egipcios y el rais Alí hasta el más humilde aguador- trabajan desde hace siete campañas y donde han hallado cosas sensacionales que han colocado a la egiptología española en primera línea internacional: maravillosos sarcófagos, lino con el sello real, un retrato frontal único de un faraón, flores y momias, claro (la Dama Blanca, Valentina, Nicolai, Iqer...). Pero lo mejor, inshallah, está por venir. Tienen, recuerda, "una cita con Djehuty", el noble, leal y célibe servidor de la reina Hatshepsut cuya tumba es el principal objetivo de su proyecto de excavación. Y todo indica que la próxima campaña, este invierno, lo van a encontrar; a ver en qué estado, que son muchos años los que lleva enterrado (3.500).

"Los pasados enero y febrero excavamos el pozo que lleva a su cámara sepulcral. Un pozo de ocho metros. Hemos comprado una buena escalera, no como aquella destartalada por la que bajaste tú. La cámara está llena de escombros. Estoy seguro de que buena parte del ajuar de Djehuty, y él mismo, su momia, están ahí, y nos aguardan". Galán aferra con más fuerza su tacita de café. Y su rostro se transmuta por un momento: el científico calmo deja paso al aventurero decidido, el soñador despierto, el hombre tenaz que escarba la tierra abrasada bajo un sol inmisericorde contra la atroz tiranía del tiempo y las probabilidades.

La última maravilla desenterrada por el equipo fue, en febrero, en el enorme patio de la tumba de Djehuty, el enterramiento del arquero Iqer, "el Excelente", con la momia metida en un sarcófago rojo con jeroglíficos y junto a dos arcos y cinco flechas. Mabruk, mudir -felicidades, jefe-. ¡Vaya suerte! "Suerte, sí, pero detrás de todos nuestros hallazgos hay mucho tesón y esfuerzo. Hemos excavado donde otros no lo hicieron porque era difícil e ingrato. Hemos ido más allá. Y, por eso, hemos recogido el premio". Y, sin duda, seguirán recogiéndolo. "Nos aguardan muchas sorpresas en Dra Abu el Naga", se despide Galán. Y en las salas del museo, pobladas de cosas muertas, de sombras y de misterios, sus palabras resuenan como una profecía.

Bar del Museo Egipcio. Barcelona

- Dos cafés cortados.

Total: 3 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 10 de octubre de 2008.