Crítica:Crítica
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El lugar del recuerdo

Narrativa. Andrew O'Hagan (Glasgow, 1968) lleva con la novela Quédate a mi lado cuatro libros y, si bien es considerado por los enterados uno de los escritores anglosajones más importantes de su generación, no ha conseguido ganarse ni la atención mediática que merecería ni el favor de muchos lectores. La razón es simple: su literatura no persigue estar a la moda sino que es fiel a sus propias obsesiones; no es maniquea tampoco; no subraya ni da respuestas fáciles sino que busca explorar territorios insólitos desvelando conflictos frente a los cuales es difícil adoptar una única posición moral. No otra cosa hace en esta novela, probablemente la mejor de las suyas, la más densamente trabada, la más sorprendente y escrupulosa en el seguimiento de esa máxima que debe guiar a todo narrador: decir sin decir.

Quédate a mi lado

Andrew O'Hagan

Traducción de Aurora Echevarría

Mondadori. Barcelona, 2008

283 páginas. 19,13 euros

Quédate a mi lado cuenta en primera persona algunos episodios de la vida de David Anderton, un peculiar sacerdote, educado en Oxford, que, a comienzos de la última guerra del Golfo y con 50 años, recala en una parroquia de clase trabajadora de la ciudad escocesa de Dalgarnock. El padre Anderton es visto por sus feligreses con suspicacia por su procedencia inglesa, por su origen social y por sus gustos elitistas, y él mismo no puede evitar comportarse con ellos con cierta aristocrática frialdad. Sus únicos amigos son su criada, con la que escucha a Bach, hace arreglos florales y conversa de cocina francesa y vinos alsacianos, y una pareja de adolescentes marginales, que bordean la delincuencia, a los que intenta llevar por el buen camino mientras progresivamente se deja seducir por su inocente energía.

El conflicto estalla, de modo totalmente imprevisto, una noche en la que el chico se presenta en la rectoría. No es cuestión de desvelar la trama; baste con decir que a consecuencia de ello hay una denuncia y que el Padre Anderton se enfrenta, a partir de entonces, a un proceso judicial y al rechazo de su comunidad.

Lo importante novelísticamente es la habilidad con la que O'Hagan convierte la detonación de dicho conflicto en fuente de luz tanto para el lector como para el propio padre Anderton. El uno verá por fin definirse toda la complejidad del tejido argumental y el otro asumirá, contenida en ese trance y sin posibilidad ya de redención, toda su vida íntima. Una delicada novela sobre el amor, la soledad, la amistad y la culpa. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 10 de octubre de 2008.

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