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LA CALLE / No funciona | Barcelona en fiestas

Trenes sin silla

Renfe ha reinventado el significado del distintivo azul que representa a una persona en silla de ruedas. Según la empresa, significa que los individuos con movilidad reducida son bienvenidos siempre que se suban al tren, eso sí, por su propio pie. I. G. descubrió el invento la semana pasada. Se plantó en la estación de Cercanías de Sabadell Sur confiando en que la estampa azul le garantizaba un trayecto compatible con su silla motorizada de 80 kilos. "El distintivo no se refiere a los trenes, sino al acceso al andén", puntualiza Renfe. Cualquiera puede comprar un billete al andén; el viaje es lo de menos.

El tren recibió a I. G. con escalones. Necesitó cuatro voluntarios para subir al vagón. Nada nuevo para Renfe: la empresa sabe desde hace tiempo que los modelos de Cercanías no permiten el acceso en silla de ruedas. Pero la ingeniería es cara y las pegatinas, ya se sabe, cuestan poco. Se ven mucho y desprenden cierta ilusión de modernidad. Quedan bien, vamos. A menos que uno se desplace en silla de ruedas. "Es un fraude y una estafa", protesta I. G.

En el viaje de regreso ocurrió lo mismo pero con el último modelo de Renfe. Un sofisticado tren plagado de iconos azules que incorpora una pasarela para acceder al vagón. "Un trozo de lata colgando", la describe I. G., quien también se reserva el derecho a redefinir las cosas. Renfe subraya que este modelo sí es válido para sillas de ruedas. "Lo que no está adaptado es el desnivel del andén, que es competencia de Adif", insiste. Adif admite que debe elevar ciertos andenes pero señala que Renfe es la responsable de colocar los distintivos.

La exigencia de I. G. es simple: que Renfe se digne a retirar estos adhesivos o que la Generalitat multe a la empresa. La tesis de esta viajera apunta a que, más allá de Cercanías, el distintivo identifica los servicios adaptados para gente de movilidad reducida. Lo de Renfe es otra cosa.

Para quejas en esta sección pueden dirigirse a catalunya@elpais.es a la atención de Francesc Arroyo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 24 de septiembre de 2008