Reportaje:Primer plano

Es temporada de huracanes en Nueva York

Los ciudadanos sufren la crisis en sus propias carnes

En Nueva York -y en medio mundo- suele decirse que los españoles insultan con mucho arte, además de con cierta frecuencia. Los neoyorquinos no parecen dispuestos a quedarse demasiado atrás, al menos en lo relativo a la frecuencia.

Dedicada a los desmanes de los banqueros de inversión y a la temporada de huracanes en la Bolsa, fuck them -que se jodan es tal vez la traducción más académica- era una de las frases más oídas esta semana en los bares cercanos a Wall Street. Y en menor medida también en el resto de la ciudad, llena de gente que no está directamente relacionada con el sistema financiero pero que en mayor o menor medida ha sufrido en sus propias carnes el desplome de los mercados.

"Que se jodan" es una de las frases más oídas en los bares de Wall Street
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"Siempre han sido soberbios y chulos, les está bien empleado", aseguraba el miércoles en un castellano más que decente un cliente de Harry's Bar, uno de los bares históricos -tal vez el más afamado- en los que desembocan los operadores de Wall Street al cerrar la Bolsa. Se refería a los empleados de los bancos de inversión, que en unos pocos meses han acabado reducidos prácticamente a cenizas.

De los cinco grandes ya sólo quedan dos: Goldman Sachs y Morgan Stanley, que además han pasado por serias dificultades durante la semana, hasta el plan de rescate de Bush. "Podría encontrar muchos a quien insultar", apuntaba Linda Burke, trabajadora de AT&T, para describir los efectos de los últimos años de excesos en el sistema financiero estadounidense.

Nueva York sufre sobremanera con la crisis. Es imposible determinar aún el alcance de los daños, pero será significativo: los periódicos de la ciudad calculan que desaparecerá uno de cada cuatro empleos en el sector financiero y que la recaudación de impuestos caerá un 20%. No sólo en Wall Street: los Estados cercanos, empezando por Nueva Jersey, notarán también los efectos secundarios del Ike financiero.

Sentada en una pequeña mesa y con ganas de dar cuenta de un donut glaseado y un humeante café, Coral regenta un pequeño establecimiento junto a la sede del quebrado Lehman Brothers. "La zona ha perdido vida, y la ciudad, tensión. Estamos preocupados. Hemos sufrido otras crisis, pero no una sacudida así en Wall Street, tan loca", se lamentaba pocas horas antes de la recuperación de los mercados.

Hay varias maneras de dar rienda suelta al nerviosismo acumulado. Con buen humor, por ejemplo. Lehman Brothers cayó el lunes: unos días más y puede que se hubiera salvado con el plan de intervención de la Administración de Bush. Al día siguiente había casi 300 anuncios en la web www.craigslist.com ofreciendo citas para o por sus empleados.

Esos días, el artista Geoffrey Raymond, nacido en Brooklyn hace 54 años, se plantó en la sede del banco con un retrato enorme del consejero delegado, Richard Fuld, conocido como el gorila de Wall Street (entre otras cosas, por sus maneras). Y que, por cierto, el año pasado se llevó un pellizco de 22 millones de dólares, sueldo y bonus incluidos. El pintor, que hizo un trabajo parecido en el caso Bear Stearns, se pasó dos días pidiendo a los trabajadores de Lehman y a los paseantes que estamparan en el cuadro sus pensamientos. "Sanguijuelas". "Qué día. Qué semana. Qué año. Qué compañía". "Nos vemos en el comedor de beneficencia". "Nos jodiste", cómo no. Cosas así.

Pero Nueva York es tan inestable como la Bolsa, de la euforia al pesimismo y viceversa. El jueves, con la mayor subida en seis años concentrada en una frenética última hora en los mercados, en los aledaños de Wall Street las gentes habían recuperado la sonrisa. Esos días de vértigo alcista, en el New York Stock Exchange, la sede de la Bolsa, hay auténticas carreras antes del toque de campana, en un parqué que se convierte en una rara mezcla de tecnología, papeles tirados por el suelo y un fenomenal bullicio.

De ese caos emergía el jueves algún que otro fuck them. Esta vez en otro tono.

Sobre la firma

Claudi Pérez

Director adjunto de EL PAÍS. Excorresponsal político y económico, exredactor jefe de política nacional, excorresponsal en Bruselas durante toda la crisis del euro y anteriormente especialista en asuntos económicos internacionales. Premio Salvador de Madariaga. Madrid, y antes Bruselas, y aún antes Barcelona.

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