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Entrevista:Carlos Sastre | ENTREVISTA

En el ciclismo, el 90% es cuestión mental"

Gregario durante toda su vida deportiva, este castellano enjuto y recio se plantó un día, y a sus 33 años ha ganado el Tour de Francia. Una historia de resistencia al desaliento.

Su mujer, Piedad Jiménez, dice de él que no tiene carne ni para alegrar un cocido. Y no. No la tiene. Porque el ciclista Carlos Sastre Candil (Madrid, 1975) es de constitución quijotesca: pesa 60 kilos, mide 1,73 y cabalga con soltura a lomos de una bici desde que era un chaval y el azar y la energía infinita de su padre, Víctor Sastre -hombre sin edad y fanático de este deporte-, le pusieron en su camino una peña ciclista en El Barraco (Ávila) y a gigantes como Ángel Arroyo, Induráin o Pedro Delgado pedaleando como locos por las carreteras y las televisiones nacionales de los ochenta. Él corría casi tan rápido como ellos al salir del colegio para verles en la Vuelta... "Tengo grabadas esas etapas en la memoria. Soñaba con ellas", dice Sastre, sentado en el porche de su casa de verano en este pueblo abulense donde todo comenzó, recién llegado de los Juegos Olímpicos y con el teléfono móvil como mosca que no cesa.

La diversión y la afición se le convirtieron pronto en carrera profesional. Y su definición de ciclismo sigue siendo el que fue y es lema de la escuela paterna: "Ilusión, respeto y sacrificio". Pero se ve que sufrir tiene sus límites. Porque tras casi tres lustros trabajando de gregario para que otros subieran al podio, Sastre se cansó y se plantó un día, con tanto acierto que en julio ha ganado, al fin, con 33 años, el Tour, su gran batalla, a lomos de bicicleta ligera: la Cervélo del CSC-Saxo Bank de 6,7 kilos, del equipo danés con el que tiene contrato hasta fin de 2008 y que dirige el ex corredor Bjarne Riis.

En la fachada del Ayuntamiento del pueblo se aprecian aún los ecos de su triunfo. Una pancarta dice: "El Barraco felicita a Carlos Sastre". La épica del ciclismo. Se diría que este lugar es a las dos ruedas como Ávila a su muralla. Y este hombre, que admira a El Cid Campeador y al Mel Gibson de Braveheart (héroes de los de conquistar metro a metro el terreno), es parte de este paisaje de rocas vetustas descolgadas por las laderas; parco en palabras y tan duro él mismo como una imagina debe serlo subir pedal a pedal, sin que llegue la pájara, el Alpe d'Huez ("mi etapa preferida del Tour, por todo lo que me ha ayudado a conseguir; como esa otra, la 13ª, que gané en el de 2003 y que le brindé a mi hija") o todas esas cuestas, curvas y repechos que llevan hasta Gredos y que él conoce como la palma de su mano, gota de sudor tras gota de sudor. Las lecciones de su padre, las derrotas, la muerte trágica de un compañero y amigo, El Chava (su cuñado, en 2003); aquel tiempo de sospechas de dopaje en 2006 que encapotó el cielo del ciclismo como temporal negrísimo arrastrando las carreras profesionales de muchos... Todos y cada uno de estos lances han hecho de Sastre un líder hoy, el capitán sensato que el equipo alaba en los Juegos Olímpicos, la figura famosa a la que acosan pidiendo autógrafos, el deportista respetado por su tesón y coraje y porque rueda, rema, empuja y remata cargado de razones, de experiencia de vida.

Hoy, finales de agosto de 2008, ocupa su tiempo en entrenar para llegar listo y fresco a la 63ª edición de la Vuelta a España (que se disputa estos días y en la que luce el dorsal número 1) y permanecer junto a su familia, "el cimiento que da sentido a todo". Tan cercano que una va a entrevistar a Sastre y regresa cargada de imágenes (su cuerpo huesudo y su discurso sobrio, su casa de ladrillo, su reluciente BMW M6, su bici impecable, el paisaje agreste, sus vecinos), de tomates de la huerta de su tío Segundo y una caja de rosquillas donadas por una pastelería por su triunfo. Atrás queda la voz de su hijo Yeray, de cuatro años, enseñando capote y asegurando, serio, que será torero, o de Claudia, de ocho, dicharachera, alabando a su padre, su héroe, en este día caluroso y sin aire; en este lugar pegado al pantano del Burguillo donde se cobija el hidalgo recién nombrado caballero.

El ciclismo es de los deportes más duros. Ustedes son como monjes solitarios, entrenando a diario, con mucha fe... Sí. Aquí no tienes un jefe detrás con látigo que te dice qué hacer. Si llueve, hace frío o calor, tienes que salir con tu bici cada día. Hay gente que piensa que cuando estás en casa andas de vacaciones, que haces algo sólo cuando compites... Es vida de monje, sí. Tu entrenamiento, tu alimentación, tu descanso... son la base de lo que puedas conseguir encima de la bicicleta.

¿Tiene cada minuto programado? Tampoco... Hay momentos en los que lo hago así porque son muchas horas de entrenamiento y necesito de toda mi concentración, de mi seguridad y, sobre todo, necesito escuchar esas sensaciones internas que me indican cómo estoy. Ahora, por ejemplo, con un nivel alto, trato de descansar y recuperar; estar el máximo con mi familia y cargarme las pilas con ellos.

¿Es cuestión física o mental el ciclismo? El 90% es mental, y el resto, físico.

¿Y no se le rebela el cuerpo? Hay momentos que sí. Hay que saber escucharlo.

¿Y cómo lo doblega? Después de tantos años, uno sabe diferenciar si es cansancio físico o psicológico. Me cuesta más superar el segundo que el primero. El físico sé que lo supero al cabo de dos horas, pero el otro te machaca todo el tiempo. Aprendes a diferenciarlos y a tomar decisiones

¿Hay que tener un físico especial para correr en bicicleta? Hay que tener una serie de cualidades, como en todo. Aparte de la mente, debes desarrollar tu cuerpo, construirlo desde pequeño. Y, sobre todo, contar con la ayuda de aquellos que te hagan sentir la bici como medio de diversión, y no la manera de crear un futuro campeón como pretenden hoy muchos con los niños. Gozar es fundamental. Y no, yo no renuncio a ningún alimento. No engordo con facilidad. No me gusta picar. Me recupero enseguida físicamente, soy todo pellejo. Hay momentos que te cuidas más, no comes tanta proteína, depende.

¿En una carrera se pierde mucho peso? Vamos ya tan finos que no; pierdes porcentaje graso, pero se compensa con volumen muscular. Es importante empezar con reservas, los primeros días son de mucha tensión... Con ese estrés pierdes grasa y luego te viene bien en la montaña.

Citó antes un síndrome importante hoy, la obsesión del 'quiero que mi hijo sea Nadal'. La mayoría es gente frustrada que no consiguió lo que quería y desea que lo obtenga el hijo. Pasa mucho; en cualquier faceta de la vida. El problema de muchos niños es la presión de los padres.

Su hijo Yeray tiene claro lo de ser torero...

Sí, da igual lo que sean. Que busquen su propia felicidad como yo busqué la mía.

¿No quiere que sea ciclista como usted, su cuñado, su padre? Lo que quiero es estar a su lado y ayudarles en sus propias decisiones, si se equivocan como si no...

Dicen que usted es muy sensato, que sabe ver y planificar... ¿eso lo da la edad? No sé. Me gusta tomar decisiones que beneficien al equipo y, en la situación en que me encuentro ahora, que me ayuden a conseguir mi objetivo también. ¿Por qué? Porque toda la vida he tomado decisiones para favorecer a otros. Soy sensato, sí. Y me gusta que las cosas salgan bien como decía Anibal Smith en El Equipo A.

¿Es duro trabajar para otros? Ha tenido que esperar lustros para ganar un Tour. No es fácil. Quizá cuando no tomaba decisiones en mi propio beneficio era porque no estaba preparado o me daba miedo asumir ese tipo de responsabilidades. Ahora he llegado a esa situación de madurez en la que sabes lo que quieres y cómo.

Pero ha tenido momentos en los que ha pedido paso a algún entrenador, por ejemplo, a Manolo Saiz, en el equipo de la ONCE. En esos cuatro años que estuvo ahí vivió ratos de profunda frustración, como cuando en 2001 le hizo permanecer junto a Beloki, el líder... Bueno, ahí me pararon los pies. No compartía esas decisiones, pero estaba en el equipo y las respetaba...

Tiene que cabrear, pensar que uno está bien, que puede tirar y llegar... En ese momento te sientes vacío porque tienes ante ti una oportunidad de conseguir la meta y la desaprovechas para ti y para el equipo. Pero son situaciones que enseñan a valorar lo positivo que consigues luego.

¿Hay más aficionados que antes al ciclismo, o está en crisis de popularidad? Ni más ni menos. Lo dije siempre y en años peores que éste, en que se han ganado tantas cosas: siempre hubo mucha gente al pie del cañón, viendo las carreras. Y cuando todo parecía indicar que esto se acababa, resucitó. A quien le gusta el ciclismo, le gusta hablen bien o mal de él. El daño más grande se ha hecho desde dentro. Se han tirado piedras contra el propio tejado, y lo único conseguido ha sido dar la posibilidad a la prensa de vender más gracias al tema del dopaje.

¿Se refiere a la Operación Puerto en 2006, que cuestionó a tantos deportistas? Fue muy injusto con muchos corredores y con el deporte en general. Ya dije que fue una chapuza la manera en que se hizo público, el modo en que tomaron decisiones y en que se cerró. Hay muchos corredores -y tampoco sé a ciencia cierta si estaban involucrados o no, pero no dieron pruebas- a los que hundieron. Ha dejado más incógnitas abiertas que cerradas.

¿Cómo se debería hacer? Si, por ejemplo, en los Juegos Olímpicos, Usain Bolt gana todo... la gente piensa: "Uf, ¿y tan fácil?". ¿Cómo asegurar que es por propia capacidad y no por ayuda externa? Depende de lo quisquilloso que uno sea. Existe esa tendencia siempre a pensar mal cuando alguien es superior. ¿Cómo hacerlo? Con un organismo independiente que vele por la seguridad y la salud de los deportistas, que haga las cosas bien y los controles necesarios para que todos disputemos las pruebas en igualdad de condiciones. Que los médicos y aquellos que saben de atajos y no atajos pongan medios suficientes para controlarlo de una santa vez...

Quizá es que la presión deportiva es tan fuerte que lo fácil y hasta comprensible es decir: "Ah, no llego, necesito ayuda...". No es la presión. Es la gente que te rodea. Volvemos a las bases: depende de en qué ambiente crezcas vas en una dirección u otra. Los que nos rodean -sobre todo si no tienes o mucha personalidad o la que debieras para tomar tus propias decisiones- pueden inclinarte hacia un lado u otro. Cuando eres joven y te ofrecen fama, dinero, un montón de cosas... es difícil.

Cuando está usted bajo de ánimo, ¿qué hace? Me rodeo de la gente que me transmite la tranquilidad necesaria: mi mujer, mis hijos, mis amigos... Que me dicen también lo que piensan, me guste o no...

Y ha tenido ratos duros, como cuando murió su cuñado El Chava de infarto. ¿Cómo lo superó? Difícil pregunta. La respuesta la sabe quien ha pasado por ello.

¿El Chava no era un poco el anticiclista? Era una persona muy especial; estaba en un extremo y en el otro. No era sencillo tratarle. Para mí fue difícil porque los últimos años de su vida compartí más tiempo con él que con mis propios hermanos... Esa de allí atrás, ¿ves, la marrón?, es su casa... Y esta calle lleva su nombre... Aprendes a vivir con ello. Al principio te supera, pero con las personas correctas cerca de ti... te haces más fuerte.

En la rueda de prensa post-Tour usted citó a tres personas que le habían enseñado algo: El Chava, Manolo Saiz y Jalabert... A Saiz me lo citaron. Me preguntaron si habíamos hablado en los últimos años...

Ya. Porque la de ustedes fue una historia de amor y desamor... Bueno, con Manolo no comparto muchas cosas, pero nunca podría decir una mentira sobre él. He asegurado siempre que ha aportado muchas cosas buenas a este deporte. A mí me enseñó a valorar mi trabajo, a superarme. Siempre me puso en las carreras más importantes con los mejores equipos y no hacía otra cosa salvo trabajar. Así que aprendí a ser ciclista, con más razón o menos, aprendí a serlo. Y ya dije que hace diez años Manolo tenía una estructura montada que hoy muchos equipos no poseen. Iba por delante del resto del mundo. Que no comparta con él otras cosas no quiere decir que no sea quien es.

¿Y Laurent Jalabert? Un ejemplo a seguir. Como persona y profesional. He estado con él en dos equipos, en la ONCE y en el CSC. Él me ha dado consejos fundamentales para llegar adonde estoy.

Hay un comunicado en su 'web' para salir al paso de los rumores que dicen que deja su equipo, el CSC-Saxo Bank y... No me gusta especular sobre lo que no existe. Cuando exista, lo diré.

¿No es curioso que los daneses acaben dando trabajo a un ciclista crecido en Ávila...? Ningún equipo nacional se ha interesado por mi trabajo.

Bueno, es que casi no quedan... Sí, está el Caisse d'Epargne, el Euskaltel...

Cuando va pedaleando por estas carreteras, ¿qué objetivo le hace mover las piernas ahora que el Tour está en su bolsillo? Sólo uno: lo paso bien sobre la bici. Me divierte subir estas montañas. Conozco todas las rutas, las de dentro con asfalto y las de fuera sin asfalto. Sí, podría hacer una guía cicloturista... Si tuviera tiempo.

De no haber ganado el Tour, estaría pensando en retirarse... Tenía pensado seguir, no sé dónde ni cómo, pero mínimo un año más, sí. Se acerca el momento, pero aún no ha llegado. Todavía soy ciclista... quiero serlo durante algún tiempo.

¿Qué se siente cuando uno gana algo tan importante como un Tour? Feliz. Has hecho realidad tu sueño.

Me refiero a sensaciones... hay quien ha escrito que el subidón de un triunfo así es como un orgasmo... ¡Bueno! No sé. Yo disfruto mucho de ello porque me ha costado mucho alcanzarlo. A mí y a mi familia. Pero no miro más allá. Es trabajo. Haber podido compartir todo eso con los míos es el recuerdo con el que me quedo. Yo sufro mucho encima de la bici, pero ellos tanto o más. Mi mujer se pone ante la televisión y ve cosas... porque me conoce y sabe cuándo estoy bien y cuándo no. Ella sufre en la soledad. Yo, ante el público. Lo suyo es más duro.

¿Se sube el éxito a la cabeza? Según la persona que seas.

¿En Pekín ganaron el oro en fondo porque usted era el capitán? Lo vino a decir Paco Antequera, el seleccionador: "Todo ha sido fácil con Sastre en carretera". De los cinco corredores allí, quizá era el más veterano, el que más batallas tiene, no en ese tipo de carrera, porque había quien tenía olimpiada y más mundiales que yo. Pero bueno, leo en la carrera de un modo diferente... y eso me ayuda a tomar decisiones que beneficien al equipo. Pero sin el potencial y la habilidad de Samuel Sánchez, por mucho que yo y otros hubiéramos hecho, nada se habría conseguido.

¿Cree que es suficiente el apoyo institucional que se le da al ciclismo? Yo me meto en batallas que me incumben. Y ésa no es una.

¿Pero ve que hay deportes más privilegiados...? Veo que hay muchos más infravalorados, con menos ayuda aún que nosotros. O sea, que no sé si hacemos bien en quejarnos o no.

Aunque ustedes lo han ganado todo en el último periodo... Bueno, es cierto, en los Juegos fuimos de los más laureados. Es para tenerlo en cuenta... No sé si tenemos suficiente apoyo o no. Hay que ser realistas, saber con lo que se cuenta y tirar.

Para definirle se emplean muchos adjetivos, algunos usuales, por ejemplo, que es cabezón y con mucho amor propio... Claro, soy tauro. Y cabezón, pero noble al mismo tiempo, ¿eh? Me cuesta reconocer mis errores, pero lo reconozco. Y no me gusta que me gane cualquiera.

... que es muy castellano, recio de carácter. Dicen que soy como los toros, a veces me han puesto el micro delante y según llegaba dije lo que pensaba... Y otras me lo reservo. Y hay veces que mi hijo coge el capote y me torea... Tengo un punto serio. Es el único modo de ganarte el respeto, de que la gente no te entre directamente...

¿De no ser vulnerable? No, sólo que no soy persona que se entregue a la primera. Me gusta conocer antes de mostrarme.

¿Es supersticioso? ¿Tiene algún ritual? ¿Un santo patrón? No. No tengo la habitación llena de santos y me santiguo cuando se me ocurre. Soy creyente, sí, pero mi religión es muy particular. No creo en la Iglesia, en el Vaticano y su estructura.

Los famosos, los deportistas... ¿son modelos válidos para los jóvenes? Sí, los ejemplos de personas concretas les hacen inclinarse hacia un lado u otro.

¿Quiénes eran modelos para usted? Muchos. En ciclismo, Induráin. Era tan humano. Lo mismo estrechaba la mano al Rey que a un chaval. Pero no por su forma de correr, era muy diferente a la mía...

¿En qué sentido? Era superseguro. Si estaba bien, se sabía que iba a ganar. No desprendía incertidumbre. No era espectacular en ese sentido. Transmitía tanta seguridad que no te ponía ni nervioso... En cambio, Pedro Delgado, nunca sabías... se quedaba atrás y ya dudabas. El público necesita esa emoción. Y yo soy un corredor parecido, impredecible; nadie sabía qué podía pasar conmigo en el Tour, revolucionó mi manera de ganarlo.

Dígame por qué es el deporte beneficioso socialmente. Es una vía de escape a las tensiones que sufrimos hoy día... A veces, terapia. Sea practicándolo o no, aporta muchas emociones que de otra manera costaría canalizar o derivarían hacia formas más violentas. Hay deportes imprevisibles, como el ciclismo, con los que te desfogas... Alegría, tristeza. Con mi victoria vi a gente llorar de alegría y a otros de pena porque no ganó su preferido. Este invierno vi mi primer partido de fútbol en el Bernabéu... y había gente con mono y gente con corbata dando los mismos saltos y voces. Es un sentimiento universal.

En su equipo les hacen entrenar en plan extremo, supervivencia. ¿No es muy duro? Depende de para quién... Para los de la oficina, pues que te pongan dos días en situaciones extremas, andando con una mochila de quince kilos a cuestas...

Ah, ¿no es sólo para deportistas? No. El equipo somos 70. No sólo los 28 corredores... Participamos todos. Se hace cada año, en Suecia, Suráfrica... ¿Qué buscan? Ponernos en situaciones extremas para conocernos. Hay quien no saca nada de esta convivencia y hay otros a los que nos gusta observar y saber de qué pie cojea el de al lado. De uno dependemos todos.

El CSC participa en programas benéficos, y usted mismo es solidario y apoya también... Colaboro con tres fundaciones. Una es la de mi padre; otra, la Kinderkrankenfonds, de Bélgica, que se ocupa de niños con cáncer, y la tercera, la de Síndrome de Down de Ávila... Y en el equipo, el Velokhaya... un programa en Suráfrica que se sirve del ciclismo en zonas con problemas. Igual que se creó la escuela de El Barraco, para ofrecer salidas, esperanza.

Riis era corredor... y ahora lleva el CSC. ¿Usted baraja esa posibilidad? Uh, como él no. No me veo en un coche dirigiendo un equipo. Quiero seguir involucrado con el ciclismo, pero desde otra óptica.

¿Del ciclismo se vive bien? Yo sí, no me puedo quejar. Se puede vivir muy bien.

Bueno, será si uno gana. No, y sin ganar también. Esta casa me la construí sin ganar. Tampoco vivo mal.

¿Pero si los patrocinadores cada vez son menos y el apoyo...? No es así. El ciclismo era y es un negocio para muchos patrocinadores y participantes, como lo pueda ser el fútbol o el baloncesto. ¿Que hay menos patrocinadores? No lo creo. ¿Que se vende de otra manera a como se vendía? Posiblemente. Los patrocinadores que llegan a un deporte o tocan a una figura lo hacen porque creen que encaja con lo que venden. Unos quieren dar a conocer la imagen de un producto; otros, ofrecer a sus clientes la satisfacción de participar en el mundillo ciclista. Todo eso, según cómo lo vendas, tiene unos rendimientos u otros. Los tiros van por ahí.

¿Este buen año del deporte español es casualidad o tendencia? ¿Por qué cree que se ha ganado todo? Porque contamos con calidad deportiva y buenos deportistas en todos los campos. Ésa es la base. Y sinceramente, ver a Nadal ganar donde sea es una motivación para cualquiera. O a la selección española, un equipo joven, unido, ganar la Eurocopa: te sientes partícipe de esa victoria. En los Juegos, los de balonmano, los de hockey hierba, los de remo, me decían que verme en televisión, sufriendo cada día en el Tour, era un estímulo para ellos... ¡Eh!, ¿qué pasa, chiquitín? [saluda a un hombre que pasa en bici]. Es un guardia civil, antes era ciclista...

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de septiembre de 2008