La crisis de Georgia pone a Rusia al borde del aislamiento internacional

Medvédev no logra el apoyo de China y de cuatro ex repúblicas soviéticas - La UE reconoce por primera vez que baraja sanciones contra el Kremlin

La crisis de Georgia amenaza con llevar a Rusia al aislamiento internacional. Mientras la Unión Europea sopesa sanciones contra Moscú, y el G-7 (grupo de los siete países más ricos) deplora la ocupación de Georgia y el reconocimiento de la independencia de las regiones separatistas de Abjazia y Osetia del Sur, el Kremlin no acaba de lograr el espaldarazo de sus aliados asiáticos.

En una cumbre clave de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), que agrupa a Rusia, China y a cuatro repúblicas ex soviéticas, Moscú fracasó a la hora de obtener un apoyo sin fisuras a su actuación en el Cáucaso, que contrarrestase las críticas occidentales.

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En la declaración emitida ayer, la OCS expresó "su profunda preocupación por las tensiones surgidas recientemente en el asunto surosetio" y llamó a las partes "a resolver los problemas existentes mediante el diálogo y a esforzarse en la reconciliación y la reanudación de las conversaciones". Y si bien criticaron a Tbilisi por su ataque contra Tsjinval, la capital surosetia, y apoyaron "el activo papel de Rusia para lograr la paz", al mismo tiempo ratificaron "su apego a los principios del respeto a las tradiciones históricas de cada país y a sus esfuerzos por conservar la unidad del Estado y su integridad territorial".

Esta declaración ambigua se explica por el hecho de que casi todos los países de la OCS (Kazajistán, Kirguizistán, Tayikistán y Uzbekistán, además de China) tienen problemas, potenciales o reales, de separatismo. Incluso China, a menudo alineada con Rusia, lanzó una crítica velada a Moscú, expresando su "preocupación" por el reconocimiento de Osetia del Sur y Abjazia.

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En la cumbre, celebrada en Dushambé, la capital tayika, y a la que también asistió el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, no faltaron las críticas a Occidente, como las lanzadas por el presidente de Kazajistán, Nursultán Nazarbáyev, por "haber ignorado el ataque de Georgia contra Tsjinval". Pero el presidente ruso, Dmitri Medvédev, no logró que sus socios asiáticos reconocieran a Abjazia y a Osetia del Sur. Hasta ahora, sólo Bielorrusia, el mejor aliado ex soviético de Moscú, ha anunciado que seguirá los pasos del Kremlin y reconocerá a las dos regiones separatistas georgianas.

Frente a ello, las condenas occidentales de Rusia se suceden. Los países del G-7 (Canadá. Francia, Alemania, Italia, Japón, EE UU y Reino Unido) condenaron el miércoles "el uso excesivo de la fuerza militar" y "la ocupación de partes de Georgia". Y a tres días de la reunión extraordinaria que la UE sostendrá el lunes en Bruselas, el ministro de Exteriores francés, Bernard Kouchner, reconoció por primera vez que Europa está considerando la imposición de sanciones a Rusia. Estados Unidos, por su parte, estudia la anulación del acuerdo de cooperación nuclear civil, para obligar a Rusia a cumplir el alto el fuego.

Desde el Gobierno ruso se suceden las respuestas a la presión internacional. El ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, ironizó con las eventuales sanciones europeas y dijo que eran producto de una "imaginación enfermiza". El embajador ruso ante la UE, Vladímir Thijov, advirtió por su parte que las sanciones dañarían más a los europeos que a Rusia, por su dependencia energética.

Y en declaraciones al canal estadounidense CNN, el primer ministro ruso, Vladímir Putin, acusó a EE UU de "haber creado el conflicto con el propósito de hacer la situación más tensa y crear una ventaja comparativa para uno de los candidatos presidenciales".

Dmitri Medvédev (derecha) y Mahmud Ahmadineyad, presidentes de Rusia e Irán, se saludan ante sus homólogos de Kazajistán y China.
Dmitri Medvédev (derecha) y Mahmud Ahmadineyad, presidentes de Rusia e Irán, se saludan ante sus homólogos de Kazajistán y China.REUTERS

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