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Cosa de dos

Esparreguera

Ya han visto ustedes cómo está el patio televisivo: un zoco de casquería emocional, vendida a gritos. Queda todavía, sin embargo, algún rincón razonablemente limpio y tranquilo. Ayer apareció uno en TV-3, la televisión pública catalana. Y el caso no es insólito, aunque la cadena autonómica mantenga ciertas prácticas pintorescas, bien conocidas: la información meteorológica se rige por criterios lingüísticos (los anticiclones transitan exclusivamente por territorio catalán), se retuerce un poco el idioma (supongo que con el objetivo de que se parezca cada día menos al castellano), y cosas por el estilo.

Pero ya se ha curado aquella cursilería obsesiva por la que al oeste y al sur de Cataluña, en lugar de tierra y gente, se abría tan sólo una procelosa estructura administrativa: mientras los informativos del servicio catalán de TVE siguen hablando del "Estado español", en los de TV-3 se refieren a España diciendo "España", lo cual, por sentido común, se agradece.

Ayer a mediodía se informó sobre la muerte de José Luis Pérez Barroso, vecino de Esparreguera (Barcelona). El señor Barroso reprendió el pasado día 17 a tres gamberros menores de edad. Los jóvenes, al parecer, le siguieron y le agredieron, causándole una herida en la cabeza. Tras una semana en el hospital, la víctima falleció el día 24. Los menores, dos de ellos con antecedentes, fueron detenidos y puestos en libertad. ¿Se imaginan la que podía haber liado alguna otra cadena con ese material? Un elemento complementario: la pareja del señor Barroso es Francesca Fosalba, alcaldesa socialista de Esparreguera y, si no recuerdo mal, antigua empleada de TV-3.

Quizá la misma alcaldesa pidió que la tragedia fuera abordada con discreción. En cualquier caso, se evitaron las declaraciones furiosas de los vecinos (sólo se recogió un testimonio, una vecina entristecida pero cabal) y las conclusiones apresuradas: los hechos son todavía confusos, demasiado como para ponerse ya con los linchamientos de rigor.

Intuyo que en España acabará ocurriendo como en el Nueva York de los ochenta, y que la tolerancia y el buenismo se transformarán en severidad extrema contra el delincuente. Mientras tanto, prefiero que los informativos, como ayer en TV-3, se limiten a contarme qué ha pasado, sin comerciar con el dolor y la rabia de la gente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 27 de agosto de 2008