Reportaje:Aste Nagusia

Una plaza especial y muy exigente

El "toro de Bilbao", bien hecho, cabeza de camada, es el eje absoluto de la fiesta

Uno de los matadores que van a comparecer en las Corridas Generales comentaba que en su primera visita a Vista Alegre sintió un irrefrenable impulso de salir corriendo antes de iniciarse el paseíllo. La razón es que Bilbao pesa en el espíritu del torero acostumbrado a programarse durante agosto en otras plazas más festivaleras y con menos exigencia taurina, y que debe asumir la obligación que supone enfrentarse, ya avanzada la temporada, a un toro serio, que es el padre de todos los que ha lidiado desde Pamplona.

Además, debe hacerlo en un albero de un color gris único, ante un público respetuoso, pero terriblemente exigente, y, en la mayoría de las ocasiones, con un cielo encapotado que hace presagiar tormenta. Todo ello insufla en el ánimo del diestro la magnitud de la responsabilidad a la que se enfrenta.

Las corridas de Vista Alegre suponen el cordón umbilical de la Aste Nagusia

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La especialidad de Bilbao arranca desde sus gestores. Huyendo de la figura del empresario taurino al uso, se apostó por una Junta Administrativa, asesorada por la casa Chopera e integrada por representantes de las dos entidades propietarias del coso de Martín Agüero: el Ayuntamiento y la Casa de Misericordia, receptoras del patrimonio donado por los aficionados bilbaínos que sufragaron su construcción.

La gestión de las dos instituciones, obligadas a dar entrada en la Junta a representantes de la afición, principalmente del club decano Cocherito de Bilbao, dota a la fiesta en la villa de una seriedad que entronca con el relevante papel que a lo largo de la historia ha tenido el mundo de los toros.

Las Corridas Generales suponen, además, el cordón umbilical de la Aste Nagusia, ciclo festivo que no hubiese alcanzado su actual esplendor sin la marea de gente subiendo y bajando de la plaza, ni el efecto inducido de las mismas en la hostelería, visitantes, medios de transporte,...

Si se quiere percibir la esencia de los toros en Bilbao, el aficionado no debiera perderse la liturgia con la que se celebra, a mediodía de cada jornada taurina, el apartado, nombre que recibe el sorteo por el que se adjudica a cada diestro las reses cuya lidia le corresponderá en la corrida. Además de acceder a una visión desconocida de la fiesta, una ceremonia que destila tradición y seriedad, podrá presenciar los ejemplares a lidiar no sólo en la corrida de esa tarde, sino todas aquellas que se encuentren en los corrales.

Ya iniciado el paseíllo, siempre bajo los acordes del pasodoble dedicado a Cocherito, e independientemente del resultado artístico de la jornada, el compromiso con la historia vuelve a imponerse. Desde los alguacilillos hasta el del tiro de mulillas que arrastra al toro, pasando por la excelencia de la banda, la mejor del orbe taurino, todo refleja las cosas bien hechas. Pero lo que constituye el eje de la fiesta es lo que siempre se ha conocido como el "toro de Bilbao". Un toro bien hecho, cabeza de camada, y que tenga presencia en plaza, lo que no debe confundirse con el toro grandón y desproporcionado que predominó en épocas pasadas. Para hacer frente a ese toro se ha programado, por partida doble, a las principales figuras, exclusión hecha de Cayetano y José Tomás.

Es esta imagen la que, aprovechando que las corridas van a ser retransmitidas por Digital +, debe ser reflejada por parte de Bilbao, usando la fiesta taurina para propagar la imagen de una ciudad moderna y creciente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 15 de agosto de 2008.

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