Entrevista:CELESTINO GARCÍA BRAÑA | Decano del Colegio de Arquitectos de Galicia

"Los planes de urbanismo resultan irrealizables"

El decano de los arquitectos gallegos, Celestino García Braña (Santillana de Mieres, 1945), asume la responsabilidad del colectivo profesional en los desmanes en la costa. Urge a la Xunta a aprobar cuando antes el Plan del Litoral.

Pregunta. 200.000 viviendas visadas en siete años en Galicia. ¿Era previsible el parón en la construcción?

Respuesta. Yo llevaba mucho tiempo diciendo que esto no podía ser. La demografía no se corresponde con el crecimiento del parque de viviendas y debe haber una relación entre ambos parámetros. Sucedía algo extraño.

P. ¿Especulación?

R. Sí, pero también la atracción que siempre ha tenido la vivienda, que parte de la tradición reciente española que convierte la vivienda en un sector refugio para la inversión de dinero. España y sobre todo Galicia no tienen asentada la cultura del alquiler. Para los jóvenes la compra no es la mejor solución porque reduce la movilidad.

"Hace falta que cuanto antes contemos con un Plan del Litoral"
"Las Normas del Hábitat se deben concretar para que sean ágiles"
"Detrás de cualquier actuación brutal o dudosa hay un arquitecto"

P. ¿Los arquitectos no tienen responsabilidad en este festín?

R. No somos el eslabón más fuerte de la cadena. Nuestra responsabilidad es resolver los problemas concretos que se nos plantean en el tablero de dibujo. En lo otro, no; son factores económicos y culturales que sobrepasan con mucho a los profesionales que están al servicio.

P. ¿Tampoco en los desmanes en la costa?

R. Sí, eso es así. Creo que los arquitectos debemos tener unos límites. Un arquitecto no es el que sabe en qué consiste un edificio, sino el que sabe si debe hacerse o no. Detrás de cualquier intervención brutal o dudosa hay una firma. Y esa responsabilidad debemos asumirla. Es más, creo que el porvenir de las profesiones liberales es aplicar códigos deontológicos más estrictos, aplicar más responsabilidad social.

P. La Xunta asegura que el futuro es la rehabilitación y la protección oficial. ¿Comparte esa visión?

R. Sí. Yo creo que en una situación de crisis como ésta, hay que aprovechar los aspectos positivos: la modernización en la organización empresarial, en la aplicación de técnicas constructivas más actuales, en una puesta al día de la eficacia y rentabilidad constructiva. Y la Administración debe agilizar el proceso urbanístico, que es lento. En términos globales, cuanto mejor es el planeamiento, más altas son las inversiones en vivienda. La concesión de licencias es un proceso lento. Rapidez significa economía y eso debe aprenderlo la Administración.

P. Las diferentes leyes del suelo han impedido a los ayuntamientos adaptar sus planes.

R. El procedimiento que regula la aprobación de los planes urbanísticos ha creado un monstruo. Todos hemos ido cargando de puntualizaciones, normativas y exigencias unos planes que resultan irrealizables. El hecho de que sólo hay 23 planes municipales adaptados, no es un problema de dejadez sino de la dificultad de tramitación. Sólo con el cumplimiento estricto de los plazos un plan tarda cuatro años. Si además los plazos se dilatan podemos ir a siete años. Sería necesaria otra formulación para que el planeamiento general atienda a las grandes cuestiones y después el desarrollo se haga de forma cotidiana. La respuesta de la Administración a la crisis debiera ser un compromiso para acortar toda la tramitación urbanística.

P. ¿Es compatible agilizar la tramitación con que el necesario control del urbanismo?

R. Absolutamente. Yo diría que cuanto más tiempo más confusión, como la Justicia que cuanto más tarda más injusta. Agilizar la tramitación de permisos sería un impulso para el sector. Es desesperante que a veces las tramitaciones urbanísticas aun siendo claras se prolonguen durante ocho o 10 meses.

P. Los promotores se quejan de que el bipartito es demasiado intervencionista.

R. No lo comparto. No es un problema de intervencionismo, sino de lentitud de las administraciones.

P. Comparte la prohibición de construir a menos de 500 metros del mar.

R. Sí. Se adoptó en un momento determinado y se ha demostrado que no ha tenido repercusión sobre el sector puesto que ha coincidido con la crisis. Ha salvado intervenciones sobre el territorio más que dudosas. Dicho esto, hace falta que cuanto antes contemos con el Plan del Litoral para mover esa línea de los 500 metros y dejarla en lo razonable. En algunos sitios deberá bajar a 50 metros, a 100 o a cero y en otros sitios a 850 metros. Es una medida bien tomada pero no puede ser eterna.

P. Los colegios de arquitectos no se ponen de acuerdo sobre las Normas del Hábitat.

R. Lo que ha ocurrido es un diferente posicionamiento en función de sobre qué se analiza: si la oportunidad, o la necesidad, o la calidad de las normas. El Colegio de Galicia convino que después de 16 años eran necesarias unas nuevas normas. En eso hay unanimidad. Tenemos dudas de si las normas son suficientemente precisas o fáciles de aplicar.

P. Los constructores creen que el momento no es adecuado.

R. Eso es indiferente. Los perfeccionamientos llegan cuando la técnica lo permite, la economía lo posibilita. Creo que para una norma que perfecciona e intenta dar calidad a la vivienda siempre es buen momento. Si fuese ágil y clara no debería producir dudas, al contrario.

P. También se ha dicho que encarecerá la vivienda.

R. Depende de cómo lo midamos. En la medida en que fomenta el aislamiento, mayores superficies, esa vivienda será más cara. Pero si valoramos los términos energéticos, al cabo de cinco, seis u ocho años estará amortizada. Es demagógico decir que no encarecerá en un primer momento la vivienda, y también decir que eso es grave, porque según cómo midamos incluso se pueden abaratar esos pisos.

P. La apuesta del Gobierno central es la vivienda protegida, que ha sido la gran olvidada de los arquitectos.

R. Sí creo que ahí hay un reto. La vivienda que promueve la Administración debe dar pie a la experimentación. Una de las carencias de la construcción es el I+D+i que tanto recibe de otros sectores. La vivienda también lo precisa. Ese esfuerzo lo deben hacer los empresarios y sobre todo la Administración. En la vivienda de protección sobre todo, porque la vivienda libre no es una urgencia ya que hay entre tres o cuatro millones vacías.

P. ¿Cómo valora la gestión de la conselleira de Vivenda?

R. Razonablemente bien. Ha hecho grandes esfuerzos y es sensible a lo que planteamos. Precisamos que las Normas do Hábitat se concreten para que sean ágiles.

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