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Buscando legitimidad

Los viajes solidarios son una actividad marginal en el sector de las ONGD: sólo un número reducido las organizan. Sin embargo, en la década de los noventa empezaron a surgir especialistas e investigadores que afirmaban que era una modalidad de turismo alternativo con un nicho de mercado propio. Pero la conversión del turismo solidario en un producto potencialmente comercializable está generando cambios en la naturaleza de este tipo de viajes.

Por un lado, esta conversión ha despertado el interés de determinados sectores empresariales. Por otro, empuja hacia la homogeneización del producto, ya que los potenciales consumidores requieren, se supone, un marco de referencia que les ofrezca confianza a dos niveles: en relación a la calidad y confortabilidad del servicio (desplazamiento y hostelería, especialmente), y en relación a las características que deben permitir la consideración del producto como "solidario" (el valor añadido que caracteriza el producto).

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La conversión del turismo solidario en un producto comercializable, el interés de sectores empresariales en explotar ese nicho de mercado y un valor añadido (la "solidaridad") que es prerrogativa de las organizaciones sociales. Tres factores que, juntos, pueden suponer una combinación peligrosa.

La certificación del producto puede ser el extremo más perverso de esta situación. En realidad, todo gira alrededor de la búsqueda de legitimidad, una legitimidad que tiene el sector no gubernamental a la hora de manejar el concepto "solidaridad", pero no el empresarial. Un sello de garantía que asegure que el producto comercializado por la empresa es solidario soluciona ese problema.

Los riesgos son evidentes si tomamos como referencia un ámbito más maduro del consumo responsable como es el comercio justo. Esta actividad surgió de la sociedad civil organizada como alternativa al comercio internacional. Después de varios intentos sin éxito, a finales de los noventa surgió el sello FLO (Fairtrade Labelling Organizations International) de comercio justo. Y hoy nos encontramos que algunas de esas transnacionales de la alimentación que representan el modelo de comercio contra el que surgió el comercio justo comercializan líneas de productos con el sello FLO; es el caso de Nestlé o McDonald's. Siguiendo el mismo modelo, hoy FLO está intentando introducir un sello de turismo solidario. ¿Encontraremos en un futuro propuestas certificadas como "turismo solidario" comercializadas por multinaciones del sector turístico como Barceló o TUI?

Jordi Gascón es coordinador de Acción por un Turismo Responsable (ATR).

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 08 de agosto de 2008.