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Entrevista:

C. B. Visitando a 'madame' Sarkozy

Es la Primera Dama de Francia y una cantautora de éxito. Carla Bruni nos recibe en su casa de París, el secreto mejor guardado de Francia, para hablar de su música y su amor por Sarkozy .

La espera transcurre en la cocina de la primera dama mientras su hijo, Aurélien, de siete años, corretea por el jardín entre rosas rociadas de gotas de lluvia de un chaparrón de verano, y Teresa, la niñera peruana, rezonga en castellano: "Mi hijito, apúrate". Carla Bruni, madame Sarkozy, habita en una burbuja en el corazón del exclusivo distrito XVI de París. Un rincón secreto al fondo de un callejón con nombre de cardenal, empedrado y sin salida, donde dos miembros del Grupo de Seguridad del Presidente, jóvenes y rapados, con vaqueros y pistolas al cinto, descienden a la carrera de la furgoneta en la que están apostados en cuanto detectan la presencia de un extraño y le exigen sin ceremonia la documentación. Tras el muro blanco y la puerta añil surge el secreto mejor guardado de la República: el refugio de la pareja presidencial. Un hotelito blanco, vetusto, pequeño y luminoso, que podría estar en la Provenza o Normandía, enmarcado en un pequeño rectángulo de hierba. La entrada natural a la casa atraviesa la cocina. Es el alma de la casa. Allí el silencio es absoluto. Apenas los pájaros. Sobre una mesa, la correspondencia personal del presidente, una armónica abrasada y una caja para cigarros puros decorada con la imagen del Che en esmalte rojo y negro y una vistosa leyenda autógrafa: "Hasta la victoria siempre". Regalo del Comandante.

Es la casa de Carla Bruni; su refugio; en el extremo opuesto del palacio del Elíseo, la Jefatura del Estado, donde su marido, Nicolas Sarkozy, atesora el gatillo nuclear de la fuerza de choque francesa en plena calle del lujo parisiense. Más allá de la distancia geográfica, la residencia de Madame (como se refieren a ella los escoltas; o la artista, como la denomina su compañía de discos) está en las antípodas del suntuoso estilo de vida bling bling del Faubourg Saint-Honoré y toda la pompa sarkozyana. Esta casa es discreta, sobria, cálida y cómoda. Sin obras de arte ni muebles intocables. Con suelos de madera sin barnizar y techos infinitos. Troncos a medio consumir en la chimenea, una lámpara desvencijada para leer y To me, el perro de la anfitriona, dormitando entre el machacado terciopelo ocre de un sofá. Una casa de millonaria sin aspavientos. Su castillo.

Lo curioso es que Carla Bruni, ex top model planetaria, ex amante de Jagger, Trump y Clapton; cantante y compositora de éxito, mujer anuncio y, desde el pasado 2 de febrero (tras un noviazgo relámpago con Sarkozy retransmitido en directo), primera dama de Francia, no oculta ese coto cerrado al periodista. Lo abre de par en par. "Nunca me escondo; no sé cómo se hace".

Bruni no recibe en la suite de un hotel del centro de la ciudad a razón de 15 minutos por medio de comunicación rodeada de una corte de asesores para cumplir la penosa obligación de promocionar su tercer disco, que sale en estos días al mercado. Madame Sarkozy, de 39 años, recibe sola. En casa. Sin condiciones. Ni cuestionarios previos. Ni llamadas telefónicas intempestivas. Ni una cuenta atrás para concluir la entrevista cuando deja de interesarle.

Madame Sarkozy recibe y despide con un beso y una sonrisa. Las únicas interrupciones durante la entrevista serán las quejas de Aurélien, exigiendo a su madre que le preste atención. Madame le despacha firme.

Carla Bruni aparece en la cocina por sorpresa. Abre el frigorífico (abarrotado de yogures, agua Perrier y comida para niños), atrapa una cerveza y ofrece otra. La apura a morro. Enciende un cigarrillo apoyada sobre la encimera. Conserva el porte etéreo de aquella maniquí que desfiló entre 1988 y finales de los noventa para todos los grandes de la moda. Lleva un pequeño jersey de cashmere gris de manga corta de Dior, un amplio pantalón azul y mocasines de Gucci. La única joya es la mínima alianza de brillantes en el anular izquierdo de unas manos grandes, como sus pies. Es alta y atlética. Con un físico de nadadora con curvas. Tiene una piel blanca y pecosa. Que se pliega en algunos rincones. Ya no es una niña. Pero cuando se desliza ondulante por el pulido mármol ajedrezado del pasillo déco, con la cabeza alta, la mirada perdida y el pitillo entre los dedos, uno tiene la sensación de verla surcando de nuevo las grandes pasarelas del mundo.

Sin embargo, su rostro despista. Es difícil de describir. Bello, pero irreal. Luminoso, pero del tono y la tersura inmóvil de la cera. Lleva la cara lavada y una media melena con reflejos cobrizos que cae sobre su cara y la oculta en parte. Tiene unos ojos bailarines azul grisáceo ligeramente achinados. La nariz está perfectamente esculpida. La boca es pequeña y cuando ríe descubre unos dientes tallados a mano. La voz es suave aunque firme. Con una leve ronquera de fumadora. Salta del inglés al francés y al italiano. Acepta y practica el tuteo. Cosa rara en un francés. Menos aún si se trata de la primera dama de la nación. "No se olvide que soy italiana. Bueno, ya no lo soy… soy francesa… ya no sé ni lo que soy".

Me ha dejado entrar en su casa para hablar de su tercer disco, 'Comme si de rien n'était'. ¿Qué le gustaría que la gente supiera sobre él? Lo que realmente me gustaría explicar es que hacer un disco, escribir y plasmar lo que quieres, es siempre una suerte; un refugio frente a la realidad de la vida. Pero hacer este disco al mismo tiempo que me estaba casando y con toda la sobrecarga mediática que teníamos encima, me ha proporcionado un refugio aún mayor; un refugio indestructible. Hacer este disco ha supuesto una de las épocas más agradables y más cálidas de mi vida. Porque a medida que mi vida se ha hecho más pública hacia el exterior, más he tenido que proteger mi interior. Me he desdoblado. Me he metido en una burbuja. Y la música y escribir canciones se han convertido para mí en algo más esencial de lo que era antes. En mi refugio frente a un exterior que me sobrepasaba.

¿Cuándo empezó a trabajar en él? Empecé a escribir hace un año y terminé de grabarlo en febrero. El mes que nos casamos.

El título del disco, 'Comme si de rien n'etait', ('Cómo si no pasara nada') se ha interpretado como una metáfora de su curiosa situación como cantante y, al tiempo, como primera dama de Francia… Ese título es el de un retrato de mi hermano Virgilio que va dentro del álbum; pero, efectivamente, es algo más, describe muy bien cómo hicimos el disco. Lo hicimos como si no hubiera pasado nada, aislados. Libres. Eso es importante para mí y por eso escogí ese título.

¿Es un homenaje a su hermano? Un poco. Murió de VIH hace tres años. Tenía 45. Le quería mucho. Era mi hermano mayor. Su vida era navegar. Hay una canción dedicada a él, un vals, Salut marin, en que le deseo una buena singladura.

¿Por qué un disco ahora? Muchos pensaban que no iba a volver a cantar… Que tras su boda con el presidente de Francia entraba en una nueva etapa de su vida. Tuve mucha suerte con mi compañía discográfica al publicar mi primer disco, porque tuvo éxito y vendimos, y entonces tuve la oportunidad de hacer un segundo disco, Promises, y un tercero, que es éste. Todo viene del primero, no es una idea que nos haya surgido ahora… No es nada forzado. ¿Por qué he hecho este disco? Porque es mi trabajo y tengo la suerte de poder hacerlo.

¿Le dio muchas vueltas? ¿Se cuestionó si era bueno para la carrera política de su marido? No le di ninguna vuelta. No gasté ni un minuto en pensarlo. Escribí todas las canciones y teníamos fecha para la grabación antes de todo el lío, y nunca, en la medida de lo posible, rompo un compromiso.

¿Nadie la presionó desde el palacio del Elíseo? ¿Nadie le dijo que no era el momento? Nadie ha interferido en mis decisiones. A nadie le importan.

Algunos medios de comunicación dicen que su disco favorece la carrera política del presidente en unos momentos en que su imagen pública está muy deteriorada; otros, por el contrario, piensan que le perjudica. El diputado socialista Pierre Moscovici ha llegado a afirmar que su presencia mediática como cantante "es, sin duda, parte de una operación de reconquista de la opinión pública por el jefe del Estado". ¿Piensa que su carrera musical influye en la vida política del presidente? Tengo muy poca influencia en la vida política de mi marido, que es una cosa muy seria, un trabajo muy serio que tiene que ver con asuntos muy serios y no tiene nada que ver conmigo. De lo que estoy segura es de que al ser su mujer, mi vida puede enriquecerse más porque puedo aprender mucho y ayudar a la gente.

La popularidad de su marido en su primer año de mandato ha caído en picado. ¿Cree que esa bajada en las encuestas tiene algo que ver con usted? Tiene que ver con los tiempos difíciles que corren para la gente en Francia. Tiene que ver con el hecho de que él quiere cambiar muchas cosas y a la gente no le gusta cambiar tanto. Hay mucho inmovilismo. Tiene que ver con la economía, que está en una situación difícil. Tiene que ver con los combustibles, que son muy caros… Pero, desde luego, no tiene que ver conmigo. No soy tan importante.

¿El presidente ha apoyado su decisión de lanzar este disco? Todo el tiempo. Es difícil para él, porque tiene un trabajo muy duro y necesita una esposa que esté a su lado, pero también sabe que me tiene incondicionalmente y me apoya.

¿Cómo? Dejándome tranquila cuando necesito tiempo; estando conmigo cuando pierdo la confianza; animándome cuando me deprimo (porque cuando escribo me vuelvo loca); empujándome cuando me vuelvo perezosa. En todo, como cualquier esposo. Mi marido y yo no somos diferentes de otras parejas.

Usted firmó con su compañía por tres discos. ¿Será éste el último? No.

Sin embargo, he leído que durante el tiempo en que el presidente Sarkozy esté en el cargo, es decir, al menos durante este quinquenio, no piensa hacer más discos… Si me llega la inspiración, haré otro disco. Si a la gente le importa lo que hago; si no le choca a la opinión pública, si no les molesta a los ciudadanos, haré discos hasta que me muera.

¿No le molesta que el juicio de la crítica sobre su trabajo, para bien o para mal, sea todo menos musical? Lo que más me preocupa en la vida es la indiferencia. Quiero que guste o que no guste, con mayúsculas, pero que no deje a nadie indiferente.

El problema es que llegue a saber si es bueno o malo por su calidad artística, no porque sea la esposa del presidente de la República. Tiene razón, pero yo hacía discos antes de conocer a mi marido y ya me juzgaron antes de conocer a mi marido. Escribía canciones antes de conocer a mi marido y espero poder seguir haciéndolo hasta que me muera.

Carla Bruni sopesa sus palabras con una balanza de precisión. Cuenta y no cuenta. Responde a las preguntas comprometidas con frases cortas. Se refiere a Sarkozy como "mi marido", nunca como Nicolas o el presidente. No levanta la voz. No se agita. Es de una calma zen. Juega a la ambigüedad. Como si estuviera relatando la vida de otra persona. Como si la primera dama no fuera ella. Como si todo fuera un juego. Una aventura. El salón donde transcurre la entrevista está abierto al jardín y repleto de discos. Clash, los Stones, Lou Reed, Bob Dylan, Gainsbourg, Brassens, Antony and the Johnsons, Cat Power, Portishead. Y de libros. Borges, Proust, Maupassant, Balzac, Ibsen, Joyce, Proust, Verlaine. Sobre la mesa, entre un revoltijo de papeles, un libro a medio leer del filósofo Ráphaël Enthoven, padre de su hijo. Y el caótico viejo cuaderno azul de colegiala donde escribe sus canciones: "Preferiblemente de noche, sola, aquí y con una cervecita". En una esquina, el viejo piano Steinway de sus padres: él, Alberto Bruni Tedeschi, rico industrial turinés y compositor de óperas; ella, la bailarina y pianista Marisa Borini. Las raíces de su pasión por el arte y, sobre todo, por la música.

¿Su disco está hecho con la cabeza o con el corazón? No hay discos hechos con la cabeza. En mi caso sería imposible. La cabeza no es importante en la música.

¿Cómo es su proceso de creación? Cuando escribo una canción, lo hago desde la confusión que rige un momento de mi existencia; navego en ese desconcierto hasta que necesito precisar algo y entonces escribo la canción. Cada canción pone palabras a una confusión; después me siento aliviada.

¿Un disco es algo más que un producto? Puede que sea un producto para la discográfica; para mí no lo es. Para mí es lo que da sentido a mi vida, la expresión de lo que siento… el mejor trabajo que podría tener.

¿Ha sido libre al hacerlo? ¿Ha hecho el disco que ha querido? Soy totalmente libre cuando canto y cuando compongo. Quizá dema¬sia¬¬do libre…

¿No se han quedado canciones en el tintero porque no les han parecido convenientes a sus asesores? Nunca tengo en cuenta esas consideraciones, nunca pienso en la opinión de otra gente. En lo que conviene y lo que no conviene. Puedo cometer un error, pero es como soy. Si considerara todo en profundidad, si le diera muchas vueltas, nunca haría nada de nada.

¿Se puede adivinar cómo es 'madame' Sarkozy a través de su disco? Probablemente, pero no es una elección deliberada. Creo que todo lo que se hace, todo lo que se escribe, es un autorretrato. Incluso cuando usted escribe sobre mí, está haciendo su autorretrato. Así es el ser humano.

Pero en cuanto las polémicas letras de sus canciones se han filtrado a la prensa, todo el mundo las ha interpretado en clave autobiográfica. ¿Hay que escucharlo como una confesión? Todo lo que puedo decir sobre mí, lo más profundo, lo digo en mis canciones y me alegro de que las interpreten del modo que sea; no me quejo. Que cada uno las interprete como quiera. No puedo controlarlo; además, no me gusta controlarlo. No soy controladora. Lo que me gusta es que la gente interprete mis canciones. Y en ese sentido tengo mucha suerte.

¿Esa mujer enamorada, apasionada, infantil, divertida, bucólica y un poco frívola que dibuja en sus letras es o no es usted? No es exacto que escriba sobre mí; más bien escribo a través de mí, a través de lo que siento. Escribo sobre usted, o sobre aquél, pero siempre soy yo, porque soy la que escribo. No es que intente dibujarme, intento escribir sobre lo que siento, y sale de mí como un chorro.

Hay otro ejercicio que han hecho los medios de comunicación que es averiguar si cada canción de amor está escrita 'antes' o 'después' de que apareciera Sarkozy en su vida. ¿Le molesta? Mis canciones tienen mucha suerte de conseguir toda esta atención. Me encanta.

La cuestión es que conocemos todas sus conquistas desde que tenía 20 años por los medios de comunicación. ¿No le molesta? Para nada, he tenido una vida y ahí está.

Pero hay famosos que lo ocultan todo… Que se esconden, que lo niegan… Es cierto, pero yo no puedo hacerlo. Y como no puedo ni sé hacerlo, pues no me oculto y lo llevo bien. Incluso estoy contenta de no haber ocultado la historia de amor con mi marido. Estamos contentos. No podría ser de otra forma.

¿Podemos repasar algunas canciones para que me indique qué parte es la autobiográfica? Claro.

¿En 'Ma jeunesse' se refiere a su juventud perdida? Sí, señor, Ma jeunesse se refiere a mi propia juventud.

¿Es una canción nostálgica? La juventud es una página que se pasa. No es triste pasar página, es necesario; no se puede estar toda la vida en la misma página.

Otro tema que ha dado mucho que hablar es 'Je suis une enfant' ('Soy una niña'), en el que habla de sus cuarenta años y sus treinta amantes… Y es cierto, soy una niña; una niña vieja… Y no lo puedo evitar. Hay amigos que se han hecho mayores y son sabios y ministros. Pero yo no soy sabia. Soy ignorante.

¿Y los 30 amantes? ¿Es usted una donjuán?; por cierto, he visto las memorias de Giacomo Casanova en su biblioteca… Soy una mujer normal. Y si alguien me compara con Casanova, es que no ha leído sus memorias.

Usted siempre ha sido libre y muy sincera en la expresión de sus relaciones sentimentales. ¿Se ha sentido víctima del machismo durante estos primeros meses como primera dama? Vivimos en una sociedad machista, pero eso está cambiando. No sé qué habría pasado en el caso contrario: si una presidenta se hubiera casado con un cantante, porque creo que, en general, los hombres son más aceptados que las mujeres. Y, sobre todo, que un hombre sea independiente es más aceptado por nuestra sociedad que si se trata de una mujer como yo.

Otra canción, 'La possibilité d'une île'. La escribió Michel Houllebecq. Me encantan sus novelas, y me encantan sus poemas. Y como es la adaptación de un texto suyo, que adoro, es su historia. Yo sólo he puesto la música. Pero bueno, tiene algo mío: es una canción de amor.

Hablando de amor, vamos a 'L'amoureuse', una de las últimas canciones que compuso; de las que, según parece, se desarrollaron 'después de' conocer a Sarkozy. ¿Esa 'enamorada' es usted? Sí. Es una canción sobre los primeros momentos del amor, cuando todo cambia en torno tuyo, cuando todo se agita. Es un sentimiento que conoce todo el mundo. Quizá el amor sea la única verdadera razón de la vida.

'Tu es ma came' ('Eres mi droga'). ¿El amor es su droga? Es una canción bonita que ya había escrito hace bastante tiempo; es una canción sobre el amor apasionado. Ese amor desesperado de cuando uno necesita a otra persona como si se tratase de una droga; una verdadera adicción.

¿Una adicción de por vida? Espero que sí.

Por cierto, esta canción, en la que usted afirma que su amante es más mortal y peligroso que la "heroína afgana" y la "blanca colombiana", ha provocado la queja formal del ministro de Asuntos Exteriores de Colombia, que ha afirmado que esa letra, en la boca de la esposa del presidente de Francia, es muy dolorosa para Colombia… Ohhh, creo que cuando la gente escuche la canción se dará cuenta de que la polémica se ha debido a la situación en la que me encuentro. Y no tiene nada que ver con la canción.

No la entiendo… Muy sencillo. La reacción de esas personas no procede de la canción en sí. Ni de lo que dice. Y, por tanto, estoy tranquila. Ese jaleo procede de gente que no ha escuchado la canción. Cuando escuchen la canción, si son normales, se darán cuenta de que no ha sido la canción, sino esta situación de que yo esté casada con el presidente de la República francesa, lo que ha provocado su reacción. Pero eso no me concierne como música. No me afecta. Hay que hacer una distinción clara entre la primera dama y la artista.

Otro tema que puede suscitar la polémica es cómo trata usted la religión en sus canciones: siempre unida al amor. En sus canciones habla de Dios, el pecado de amar, Satán, el infierno… y el amor. Pero no son canciones religiosas, hago canciones laicas, muy lejos de la religión. Péché d'envie [pecado de ganas] es una canción que habla de un pecado: el pecado de tener ganas de muchas cosas, de comerse el mundo. Y luego digo que espero que Dios o el Diablo me perdonen ese pecado de querer amar y vivir. Es una canción laica.

¿No tiene usted un lado místico? Para nada.

¿Es religiosa? Totalmente laica.

¿Voluble? ¿De grandes penas y de alegrías? Soy muy tranquila. Nunca me llevo malos ratos. Soy como parece que soy. Dejo que las cosas fluyan.

Sigamos con sus canciones. Por ejemplo, 'Le temps perdu'. Es muy hermosa, suena a los años cincuenta, pero es un poco triste… Me gusta esa sensación de que el tiempo pasa rápido, me encanta perderlo. Soy una profesional de perder el tiempo.

¿Una 'top model' que no teme que el tiempo pase? Soy una ex top model. Mi tiempo pasó. Una maniquí es como un deportista de élite: a partir de los 30 está muerta. Y a partir de los 35 tienes la cara que te mereces. No puedes esconderte. Tengo miedo a envejecer porque quiero correr, porque no quiero morir, porque no quiero enfermar. Porque no quiero ver morir a la gente que amo. Pero no es un problema de ser más o menos bella.

Su vida es un ejemplo de reciclaje. Cuando sacó su primer disco, 'Quelqu'un m'a dit', en 2002, pensé: "Otra 'top model' en decadencia intentando continuar en el 'show busines", porque las experiencias anteriores de Claudia Schiffer o Naomi Campbell o Kate Moss haciendo de artistas eran muy malas. Sin embargo, su disco era muy bueno. Usted es un ejemplo de reciclaje profesional, de un éxito a otro éxito… Los humanos ahora tenemos vidas muy largas. Hace un siglo, la gente moría a los treinta, y ahora vivimos hasta los cien. No es que haya reciclado mi vida: simplemente vivo. Y la vida me ha dado esta posibilidad y la acepto encantada.

¿Esa evolución ha sido un proceso natural? Cuando empiezas en la moda, nadie te engaña: tienes que tener claro que dejarás de ser modelo cuando llegues a una edad determinada, así que simplemente encontré otro trabajo. Fue así de sencillo. No lo forcé. Pasó.

Pero en esa profesión de modelo, que fue la suya durante más de diez años, es fácil volverse loca de fama, y luego, más loca aún al caer en el olvido… Yo no. La gente ve desde fuera lo que es ser una maniquí, las fiestas y los viajes y las fotos, y le da envidia, pero no es lo que yo quería que fuera mi vida. Yo leía. Y pensaba en otras cosas. Lo que siempre quise es ser seria.

¿Cómo era de niña? Dicen que era mona e inteligente. Pero yo me recuerdo tímida y soñadora.

¿Tenía éxito con los chicos? Uhmm, a partir de los 16. Antes no. En realidad, cuando crecí, intentaba tener éxito con los chicos y con las chicas. Atraerles. Ser querida por todos.

¿Necesidad de autoafirmación? Absolutamente.

¿Y ahora? Ahora también. Es lo mismo que entonces. Mi eterna necesidad de estar bien frente a los demás, de convencer.

Debe de ser agotador… Sí, pero no es culpa mía. Es como soy, debo admitirlo.

¿Lee en la prensa todo lo que se escribe sobre usted? No puedo. Es demasiado. Pero a veces sí lo hago.

¿Tiene sentido del humor? Cuando se meten con usted y su marido, ¿se ríe, se enfada…? Sólo lo leo para reírme. Si no, me moriría.

Por ejemplo, el semanario satírico 'Le Canard Enchaîné' publica un diario apócrifo suyo, 'Le journal de Carla B', donde usted llama a su marido 'taconcito mío'… Todo me hace sonreír. Le Canard Enchaîné y Le Monde. Todo es muy agradable. Están muy bien escritos. Y son muy divertidos. Muy divertidos.

Su marido no parece tener el mismo sentido del humor, a juzgar por algunas salidas de tono… Él se protege completamente. Yo no; yo no necesito protegerme. No me afecta.

¿Y esa confianza? ¿De niña mimada por la vida? No soy una mimada, soy una luchadora.

Pero le ha ido todo bien: una buena familia, dinero, buenos estudios, unos padres cultos; 'top model', amante de éxito; cantante de éxito; primera dama. Es como un cuento de hadas. Tengo mucha suerte, pero eso no ahuyenta los problemas o los desastres. Todo el mundo tiene problemas, todo el mundo tiene desastres. Nadie puede decir desde fuera si eres feliz o no. Parece un cuento de hadas, pero es una vida. Y tus desastres nadie los conoce. Sólo tú.

Pero usted es la imagen del éxito… No. Soy la imagen del trabajo, porque podría haberme conformado con lo que tenía cuando nací. Lo que me hace más feliz es el trabajo que he hecho desde que tenía 18 años.

¿Ha tenido que trabajar mucho para adaptarse a esta nueva situación como primera dama? ¿A que todo el mundo observe con lupa cada uno de sus actos? Me preocupa mucho no decepcionar a la gente; intento ser muy cuidadosa cuando represento a Francia, sobre todo porque soy italiana. Bueno, ya tengo el pasaporte francés, pero siempre he sido italiana. En cualquier caso, no me tomo mi papel como un drama, sino como una aventura.

¿Se ha desnudado demasiado en este disco? ¿Se arrepiente de haber contado demasiadas cosas sobre usted? Sólo me avergüenzo de las cosas que no he hecho.

¿No la molesta que todos nos hayamos convertido en 'voyeurs' de su vida y la de su marido? Nadie ve mi vida real. Nadie sabe en realidad cómo vivimos.

¿Ni siquiera un poco? Tengo muchísima vida privada y, aunque no se lo crea la gente, cada vez es más grande. Cada vez vivimos una vida más privada.

¿Cómo se lleva tener dos sombreros tan diferentes, el de cantante bohemia y el de recatada esposa del presidente? ¿No es algo esquizofrénico? ¿No se vuelve loca? Es muy sencillo, tengo dos sombreros, pero la cabeza que hay debajo es la misma: la mía, la de siempre.

Mucha gente no comprende cómo se puede compaginar el oficio de primera dama con el de artista. Ser primera dama consistía hasta ahora en estar casada con el presidente. Y estar a su lado. ¡Hasta ahora! Yo tengo claro que debo representar a mi país en el tiempo público. Pero también tengo claro que el tiempo público es muy breve. Así que sólo tengo que portarme bien durante un breve tiempo público. Y creo que lo estoy ha¬¬ciendo bien. Hay otra cosa que puede hacer una primera dama, y es ayudar a la gente, porque es una posición muy privilegiada y puedes pensar en la gente que no tiene tanta suerte. Así que ambas cosas son muy fáciles de compaginar, porque ser músico es un trabajo distinto de los otros, porque lo haces de una vez, te pegas un atracón, y paras. Y lo puedes dejar durante meses o años. Por lo que al final no hay ninguna incompatibilidad, sólo es cuestión de planificación, de calendario, de organizarse. Es muy fácil.

¿Fácil? Ser primera dama no es una labor que lleve demasiado tiempo ni mucho trabajo, incluso en el caso de que estés a jornada completa. Más o menos consiste en estar con tu marido y ayudar a los demás a través de la vida pública, pero no es un trabajo de verdad, no es como ir a la oficina todos los días. Y escribir canciones tampoco es como ir a la oficina todos los días. Mi función, que es la de ser mujer del presidente, y mi trabajo, que es el de hacer canciones, se pueden compaginar porque no ocupan todo mi tiempo y puedo hacer una cosa y la otra. Ahora estoy con el disco y no tengo demasiado tiempo para ser primera dama, pero voy a ir a Israel de viaje oficial y luego a Japón al G-8. Hago lo que tengo que hacer, y lo hago con seriedad, y el resto del tiempo hago mi música. Y cuando termine de hacer mi música, como no voy a ir de gira con el disco, dedicaré toda mi energía a ser una perfecta primera dama.

Y luego está su hijo Aurélien, que vive una situación que no debe de ser muy fácil para un niño. ¿Cómo le va a educar para que esta vorágine mediática no le salpique? Es una pregunta que me hago todos los días. Me gustaría que fuera feliz, que tuviera una moral; me gustaría inculcarle el sentido del esfuerzo, y que tuviera conciencia de su situación privilegiada. Que no se le suba a la cabeza.

Ha dicho que Bono, el cantante de U2, es para usted el referente de cómo alguien famoso puede hacer cosas por la gente. Bono no es sólo una referencia, debería ser un ejemplo para todo el mundo porque está dedicando mucho tiempo y energía a ayudar a los demás.

¿Qué le gustaría hacer a usted por los demás? Me gustaría utilizar mi posición para ayudar a la gente; hacer lo que pueda para ayudar a la gente, porque hay mucha gente a la que ayudar.

¿Puede concretar un poco? Por ejemplo, cuando fuimos a Suráfrica vimos un hospital en Ciudad del Cabo en un barrio segregado que era para tratar a enfermos de sida, y para hacerse las pruebas, porque la gente de esos barrios no quiere hacerse las pruebas. Así que mi marido y yo decidimos abrir 10 hospitales, porque en cada uno de ellos se atiende a 10.000 personas al mes, que es mucha gente. De modo que puedo recaudar dinero para eso; puedo encontrar a gente que lo financie, puedo pedirle a mi marido que me ayude. Y también voy a ceder todos los beneficios de los derechos de mi disco, todavía no sé a qué organización, pero me quiero asegurar de que el dinero de este disco vaya a la gente que tiene necesidades. Y apoyar todo tipo de acciones en las que se use mi nombre y mi imagen para abrir puertas. Por supuesto que no voy a hacer nada político, sino humanitario. No soy política.

Según lo cuenta, con esa calma, da la sensación de que su vida no ha cambiado… Mi agenda ha cambiado un poco, pero no mi vida. Es la misma. Mi casa es la misma. Esta casa. Y no la voy a dejar. Nos gusta.

Sin embargo, no va a hacer una gira musical. Porque hay problemas de seguridad; es muy complicado…

He visto a los escoltas cuando entraba en su casa. ¿Ha cambiado mucho su vida en cuanto a la seguridad? ¿Es incómodo? El día a día no, apenas influye; pero si hago una gira y conciertos con mucha gente, es muy complicado.

¿Por qué se ha casado? ¿Por qué se ha complicado la vida? ¿Por qué, siendo una persona tan libre, ha dado ese paso? Porque estoy enamorada.

Ya, pero usted ya había vivido con otros hombres; había tenido a su hijo, y nunca había dado el paso... En alguna ocasión comentó que era alérgica al matrimonio. Bueno, Nicolas me pidió que me casara con él y además es el presidente de Francia, y a los ciudadanos no les gusta que no esté casado.

¿Se lo pensó mucho? No. Queríamos casarnos enseguida, fue increíble. En realidad, no pensamos en casarnos, simplemente lo hicimos. Fue automático.

¿Él tampoco se lo pensó? Si eres presidente, lo primero que te planteas seriamente es si te divorcias de tu pareja anterior. Muchos presidentes han evitado divorciarse para no impactar en la gente. Nadie se había divorciado antes y muchos han mantenido una doble vida para no molestar a sus votantes. Nicolas es una persona normal. No miente para ser presidente. Es una forma más moderna de enfocar su vida y su carrera. No ha tenido que elegir entre tener una vida y ser presidente, tiene las dos cosas, por eso es tan moderno.

¿Moderno? Sí. Y totalmente libre. Es libre. Creo que es la palabra que mejor le define. Si no, no se habría casado con alguien como yo.

Pero es un político conservador… Mi marido no es conservador. No corresponde a la idea que yo tenía de un conservador. Los demás en su partido pueden serlo, nosotros no.

Da la sensación de que usted sí se ha aburguesado… ¿Se ha vuelto más conservadora en los últimos meses? Para nada. Bueno, cuando me reúno con la reina de Inglaterra, no voy a llevar un vestido sexy, eso está claro. Si eso es ser conservadora, lo soy. Aunque más bien lo veo como una cuestión de respeto.

Estaba usted fantástica con la reina vestida a lo Jackie Onassis. ¿Le gustó? Oh, gracias. Vamos a España en otoño. Nos han invitado. ¡Otra familia real, Dios mío!

La de España es otra cosa… La familia real inglesa también es muy humana. Pero tienen un protocolo tan estricto… La princesa de España era periodista, ¿no? ¿Ha dejado de trabajar? Qué pena. Quiero hablar con ella. Parece adorable. Ella y el príncipe son de mi generación. Tengo muchas ganas de conocerlos. Y a las dos niñitas.

Usted siempre ha presumido de votar a la izquierda, se ha definido como "epidérmicamente de izquierdas", incluso apoyó a Ségolène Royal en las últimas presidenciales. ¿Seguirá votando a la izquierda? Siempre he votado en Italia, porque he sido italiana hasta hace dos meses, y ahora votaré en Francia. Nunca he votado en Francia. Por tanto, cuando llegue el momento, ya veré a quién voto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de julio de 2008