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COLUMNA

Otra Galicia

A veces, de los libros resultan más sugerentes los subtítulos que los mismos títulos. Eso es lo que sucede con uno de los últimos libros de Camilo Nogueira titulado Galicia na Unión, pero subtitulado A porta atlántica (Galaxia, 2008). Porque aunque el antedicho libro tiene como objeto principal el análisis de las circunstancias en que se produjo el ingreso de Galicia en la Comunidad Europea y la manera en que, merced a ello, se van produciendo aquí importantes transformaciones económicas y sociales (evaluado todo esto de acuerdo, claro está, con la perspectiva intelectual y política del autor) el subtítulo nos induce también hacia expectativas de futuro.

En realidad, Camilo Nogueira, pareciendo dejarse guiar más por el subtítulo que por el título nos lleva, a través de las bien escritas páginas de su obra, hasta la conclusión final de que, a pesar de todo (para él, digo yo, por las carencias que dice ver en la experiencia), Galicia es hoy "una sociedad preparada para una vida política abierta", a lo que también él añade que independiente.

Camilo Nogueira muestra que nacionalistas y no nacionalistas pueden tener un campo de acuerdo

Es seguro que en los tibios y escasos matices que he introducido en estos dos párrafos, han podido concluir ustedes que yo no comparto plenamente ni todas las premisas ni, como es consecuente, todas las conclusiones de Camilo Nogueira. A mí, por ejemplo, no me parece necesariamente una limitación para Galicia el no haber podido estar presente como una nación soberana, con un Estado propio, en la negociación y culminación de la ampliación comunitaria que introdujo a España en la hoy Unión Europea. Puedo aceptar, eso sí, que se discuta si la manera en que se produjo aquella negociación o la forma en que España hubo de priorizar sus conveniencias en ella, pudo haber resultado circunstancialmente más o menos favorable para Galicia. Pero llevar esta cuestión de circunstancias y conveniencias hasta una discusión de soberanías, a mí me resulta innecesario e incluso, con la disculpa del señor Nogueira, que sé que me concederá, llevar la historia hasta fuera del guión. Excesivo. Yo no soy nacionalista. Ni concibo la posibilidad de una defensa responsable y fructífera de los intereses de Galicia, de hoy y de mañana, separada de España, aunque sea integrada en la Unión Europea, separación e integración que, en cualquier caso tampoco me parecen cosas compatibles. Europa no va por ahí. Al menos por ahora.

Sin embargo, a pesar de todo esto que marca diferencias entre Camilo Nogueira y yo, su trabajo me ha parecido no sólo brillante, sino también honesto, porque nada, ni lo previo ni lo conclusivo, deja de ser explícito. No encuentro en él problema alguno para que intelectuales nacionalistas y no nacionalistas podamos conformar un campo amplio de acuerdo. Y una de las cuestiones en que ello resultaría más posible es, precisamente, en la visión optimista que Nogueira ofrece de Galicia, diciendo optimista en el sentido de capaz de labrarse con provecho el porvenir. Como una sociedad abierta al mundo: una puerta al Atlántico, al principio de la comunicación, y no, como malditamente se repite con demasía, el mojón que marca el fin de la Tierra, justamente en el sentido contrario: en el último extremo de la incomunicación.

Puede que en este mundo en globalización nuestra mayor fortaleza, como gallegos, sea la confianza en el país, como ésta que muestra Camilo Nogueira. Hubo otros tiempos en que nuestros emigrantes podían ser testimonio de que confiábamos más en la suerte que nos pudiese brindar cualquier otro lugar de la Tierra excepto éste. Pero eso ya no es cierto. No emigramos. Ni creemos que nuestras señas de identidad sólo puedan preservarse en la lejanía, incluso en el olvido. Ni siquiera somos un país tradicional, como suelen decir de nosotros y aún creen algunos de los nuestros, en el sentido de ser ajenos a lo que está por venir. Mandangas de reproductores acríticos de antiguallas. Vean si no que bien encaja en todo esto que les digo sobre el optimismo de Camilo Nogueira otro libro, escrito por Miguel Anxo Murado y que lleva por título, precisamente, Otra idea de Galicia (Debate, 2008).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de julio de 2008