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Y el monolito cayó al fin

La Xunta buscará otro nombre para el parque nacional

El conselleiro aseguró ayer en Vigo que se enteró de que el Gobierno iba a dinamitar el monolito franquista de Cíes "el lunes a las cinco de la tarde". A esas horas, la Naviera Mar de Ons ya había sido avisada de que el último barco de vuelta debería partir del muelle de Rodas dos horas antes de lo normal. La playa se desalojó, y a las 20.50 se llevó a cabo la voladura. A la mole de 16,8 metros (20 hace una década, cuando aún lucía en lo alto la V de la Victoria), los 25 kilos de explosivos sólo le hicieron cosquillas en los pies. El monolito de hormigón pintado de verde quedó como la Torre de Pisa, y ayer hubo que volver a atacarlo.

Resultó que por dentro, hacia las cuatro esquinas, el mamotreto escondía cuatro vías de tren con las que la carga explosiva no pudo. El director del parque, José Antonio Fernández Bouzas, explica que se empleó una cantidad muy limitada de explosivo por miedo a que la onda expansiva afectase a la naturaleza. Así que los responsables de Costas del Estado decidieron dejar pasar la noche (tras la puesta del sol están prohibidas las voladuras) vigilando la zona y, a las 7 de la mañana, una empresa de oxicorte serró los raíles. Cuarenta minutos después, se volvió a usar explosivo y, entonces, el último símbolo franquista de un parque nacional cayó al fin.

Ahora, explica Fernández Bouzas, queda deshacer los cascotes en escombro más pequeño, cargarlos en un buque "como los del desembarco de Normandía, que bajan una plataforma", y trasladar estos restos de la dictadura a un depósito de inertes donde, según el conselleiro, "serán tratados hasta desaparecer". La recogida no será cosa de un día, pero Manuel Vázquez confía en que no afeen Rodas, ("la mejor playa del mundo", según The Guardian) más de un mes. Desde ese momento, comenzará la recuperación de las dunas de Cíes.

La voladura del monolito es, para la Xunta, una metáfora de todo lo que ahora tiene que cambiar en las islas. El gallego, según el conselleiro, era un parque nacional "nuevo" al que el Gobierno central destinaba menos fondos y prestaba menos atención que a otros con "más solera". Ahora, se promete, mejorarán el transporte a las islas y los cámpings, se revisará el cupo de visitantes, se eliminarán especies alóctonas, se plantarán autóctonas y se prohibirá la utilización de algunas artes de pesca que hoy se emplean en la zona. Pero uno de los cambios más inmediatos será el del propio nombre del parque. "De aquí a octubre", dijo el conselleiro, "nos damos de plazo para buscar alguno mejor y más breve que el de Parque Nacional Marítimo Terrestre das Illas Atlánticas. A ver si lo encontramos, porque, entre otras cosas, illas atlánticas también son las Canarias".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de julio de 2008