Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Zapatero tacha de ignorantes a quienes critican la directiva de inmigración

"Ningún extranjero verá empeorada su situación", asegura el presidente

El orden del día de las cumbres europeas se ha convertido en tal cajón de sastre que es imposible prever qué tema centrará el debate que después se celebra en el pleno del Congreso de los Diputados. La cumbre que los pasados días 19 y 20 reunió a los Veintisiete abordó importantes asuntos: el no de Irlanda al Tratado de Lisboa, el alza del precio del petróleo y los alimentos, el levantamiento de las sanciones a Cuba... Pero ayer la polémica saltó con un asunto que ni siquiera fue abordado Bruselas: la directiva de retorno de inmigrantes, aprobada el día 18 por el Parlamento Europeo. Y lo hizo en un tono inusualmente apasionado para los tediosos debates comunitarios.

El presidente José Luis Rodríguez Zapatero, quien se reconoció irritado, aseguró que algunas críticas a esta directiva "sólo pueden proceder de la ignorancia supina o la demagogia irresponsable". Aunque dijo que le hubiera gustado una norma mejor, aseguró que se trata de un "avance importantísimo", pues establece límites y garantías para la expulsión de inmigrantes irregulares en nueve países de la UE que no los tenían. Los puntos más polémicos son la posibilidad de internar hasta por 18 meses a inmigrantes irregulares que vayan a ser repatriados y de expulsar a menores de edad a países que no sean los suyos.

"Ni un solo inmigrante verá empeorada su situación con esta directiva y muchos la mejorarán", subrayó Zapatero, tras reiterar que no tendrá ningún efecto en España, donde la legislación es mucho más garantista. Mariano Rajoy (PP) apoyó la norma, que censuran otros grupos de oposición. Pero el problema del Gobierno no son las críticas de partidos minoritarios. Un centenar de eurodiputados socialistas -incluidos los españoles Josep Borrell y Raimon Obiols- votaron contra la directiva, que amenaza con poner en pie de guerra a muchos países de América Latina. Para conjurar el riesgo, los secretarios de Estado para Iberoamérica y la UE, Trinidad Jiménez y Diego López Garrido, se reunieron el martes con los embajadores latinoamericanos en Madrid.

Respecto al referéndum irlandés, Zapatero lo calificó de "traspiés" y aseguró que "Irlanda ha dado un disgusto, pero no va a paralizar el Tratado de Lisboa". Incluso se mostró convencido de que estará en vigor en junio de 2009, cuando se celebren las elecciones al Parlamento Europeo, por lo que España no perderá cuatro escaños, lo que pasaría si sigue el Tratado de Niza.

Rajoy se sumó a la petición del portavoz de CiU, Josep Antoni Duran, de que el Senado celebre un pleno extraordinario en julio para que la ratificación del Tratado de Lisboa -que hoy aprobará el Congreso- no se demore hasta septiembre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de junio de 2008