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Reportaje:CRÓNICAS DE AMÉRICA LATINA

Arte como antídoto para las malas noticias

La XVII edición de la Feria arteBA, de Buenos Aires, se consolida como una de las mejores de Latinoamérica. El crítico de Babelia José Luis Estévez comprobó la vocación global de este evento, que es más que un mercado del arte, al mostrar los caminos de los creadores más jóvenes y sus preocupaciones

Ni siquiera la sombra de una nueva crisis económica que planea sobre Argentina por el largo conflicto existente entre los productores agropecuarios y el Gobierno pudo empañar el optimismo que se vivió entre artistas, coleccionistas, galeristas y público en la reciente feria de arte contemporáneo de Buenos Aires, arteBA, que celebró entre el 28 de mayo al 2 de junio su decimoséptima edición. El balance de ventas de las galerías fue desigual y en general las consagradas tuvieron mejores resultados que las más pequeñas, pero el éxito de asistencia de público (120.000 personas) y la sensación de que la feria porteña va avanzando en su camino de convertirse en una referencia imprescindible para el mercado latinoamericano contribuyen a que la imagen dominante sea que arteBA puede ser mejor y cada vez más global en ediciones sucesivas.

Más allá de las cifras comerciales, arteBA también avanzó en su consolidación como un acontecimiento que trasciende el mero intercambio mercantil. Durante la feria convivieron de forma mucho más armónica de lo que podía esperarse las obras de creadores consagrados con las de jóvenes desconocidos que aspiran a ocupar su espacio en el panorama artístico del continente. Pintura y fotografía fueron los formatos dominantes aunque también tuvieron sus espacios propios las instalaciones y el vídeo. La instalación de un Barrio Joven, donde se exhibían las obras de los nuevos creadores, permitió al público ver en un espacio muy concentrado hacia dónde caminan los artistas jóvenes y, al mismo tiempo, facilitó a los coleccionistas la posibilidad de encontrar joyas ocultas que casi nunca superaban los 700 dólares.

La presencia de galerías europeas en el programa general de la feria se limitó a las españolas Blanca Soto, Metta y Fernando Pradilla y a la francesa Brun Léglise, que encontraron dificultades para vender sus obras debido a la elevada cotización del euro respecto al dólar y el peso. Aunque esta presencia haya sido escasa puede servir como una vía de avance para que más galeristas españoles y de otros países de Europa acudan a próximas ediciones. La asistencia de nueve galerías brasileñas en esta edición apunta a que el interés por acudir a arteBA va en aumento en el continente. También estuvieron presentes seis galerías estadounidenses, cinco chilenas, tres colombianas, tres peruanas y tres uruguayas. Parece evidente que en próximas ediciones los galeristas de otras partes de América vendrán en mayor número y podrán situar definitivamente a Buenos Aires como uno de los referentes del mercado continental.

Pero sin duda que las grandes protagonistas de arteBA son las galerías argentinas que aprovecharon la ocasión para mostrar a los visitantes llegados de todo el mundo la variedad y riqueza de artistas con los que cuenta este país. A los nombres ya consagrados como León Ferrari (ganador del León de Oro en la última Bienal de Venecia), Marta Minujin o Juan Melé se unen los de nuevas figuras aún poco conocidas fuera de su país pero que sin duda tienen posibilidades de ocupar un lugar destacado en el contexto del arte internacional, como es el caso de Milo Lockett, Laura Spivak o Marina de Caro, entre otros.

Dentro de la multitud de galerías argentinas presentes se apreciaban dos filosofías muy diferentes entre sí. Por un lado, las que cuentan con una trayectoria más consolidada como Ruth Benzacar o Braga Menéndez, que apuestan por una forma más clásica de presentar sus piezas a los coleccionistas y, por otra parte, emerge un modelo que encabeza la galería porteña Appetite y que apuesta por captar a compradores más jóvenes y más dispuestos a arriesgar. Bastaba con ver la disposición y el ambiente de los distintos espacios expositores para darse cuenta de las evidentes diferencias entre ambas estrategias.

Uno de los aciertos de los organizadores fue habilitar espacios diferenciados para exhibir vídeos e instalaciones. De esta forma se consigue que los visitantes tengan menos facilidades para encontrar el tipo de piezas que quieren ver y, al mismo tiempo, se consigue que no exista una separación traumática entre las galerías que forman parte del programa general de la feria y las demás. De hecho, tanto el Barrio Joven como la zona dedicada a los videocreadores y el Open Space (dedicado a las instalaciones) se convirtieron en puntos de referencia para un público que a veces buscaba un lugar de descanso (físico y visual) tras moverse durante mucho tiempo entre el trasiego de los espacios expositores de las galerías.

arteBA es algo más que mercado, como demuestra el gran interés que despertó el programa de conferencias y debates que se desarrolló durante la feria y en el que se trataron cuestiones como el futuro de los museos o la visibilidad del arte latinoamericano en Europa. Los comisarios Cuauhtémoc Medina, Tanya Barson y Hans-Michael Herzog fueron algunos de los participantes en estas sesiones que permitieron comprobar que la discusión sigue siendo un buen medio para tratar de encontrar caminos que aporten respuestas a los problemas. En arteBA quedó claro que el arte sigue siendo una vía de escape para olvidar la cruda realidad que nos rodea y que los creadores siguen trabajando y tratando de encontrar vías para mostrar sus obras a pesar de que en el exterior la tormenta arrecia y parece que la crisis del país nunca llega a su fin. Aunque no hay que olvidar que también en el mundo artístico hay reclamos al Gobierno, como el levantamiento de las trabas para el comercio de obras de arte y la creación de una ley del mecenazgo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de junio de 2008