Crítica:ÓPERACrítica
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Un espectáculo sugerente

"La soledad no es cómoda. Ciertos días, o ciertas noches, se dice que no hay nada mejor que la soledad. Pero hay días y noches en los que la soledad es casi insoportable", dijo en cierta ocasión Marlene Dietrich. De soledades y deseos, del tiempo que pasa y la inmortalidad trata El caso Makropulos, octava y penúltima ópera de Leos Janácek, con libreto del compositor a partir de una historia de Karel Capek, uno de los tres autores más importantes de la literatura checa antes de la II Guerra Mundial, junto a Franz Kafka y Jaroslav Hasek, y me temo que hoy bastante olvidado salvo en su tierra natal. El musicólogo checo Vanda Prochaska recordaba hace un año que si Kafka se describía a sí mismo como "nada más que la literatura", al referirse a Capek habría que matizar "todo, más la literatura".

EL CASO MAKROPULOS

De Leos Janácek. Director musical: Paul Daniel. Director de escena: Krzysztof Warlikowski. Con Angela Denoke, Charles Workman. Coproducción con la Ópera de París. Coro y Orquesta Sinfónica de Madrid. Teatro Real, 16 de junio.

El caso Makropulos es, en cierto modo, una ópera filosófica que se plantea los problemas eternos del ser humano a través de un texto de misterio y con la expresividad de una música colosal que profundiza en lo inexplicable allí donde las palabras no llegan. El Real ha recurrido al director de escena polaco Krzysztof Warlikowski y su inseparable escenógrafa y figurinista Malgorzata Szczesniak, pareja "de moda" en los circuitos europeos líricos más avanzados por su código lingüístico inconfundible y su mirada siempre novedosa e inquietante.

Inteligente y poética, la puesta en escena de Warlikowski se une a la estupenda dirección musical de Paul Daniel, al frente de una entonada Sinfónica de Madrid, y a un reparto equilibrado y coherente en el que destaca la imponente soprano dramática alemana Angela Denoke. Las representaciones de El caso Makropulos son un ejemplo de ópera total, esa utopía tan rara de lograr en la que coinciden un reparto vocal impecable, una orquesta en su sitio y una dirección teatral que añade a la música cauces de reflexión y sugerencia. Desde esta perspectiva se sitúan como uno de los momentos estelares de la temporada lírica madrileña.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0017, 17 de junio de 2008.