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Italia se apunta a la energía nuclear

El país cerró las cuatro centrales que tenía tras un referéndum celebrado en 1987

Italia cambia de rumbo y se coloca en el centro del debate energético europeo. El ministro de Desarrollo Económico, Claudio Scajola, anunció ayer la apuesta del país por las nucleares. "En esta legislatura pondremos la primera piedra para construir un grupo de centrales nucleares de nueva generación", dijo el ministro ante la asamblea de la patronal italiana, Confindustria. "Sólo las nucleares son capaces de producir energía a largo plazo, de manera segura, a precios competitivos y respetando el medio ambiente", añadió.

Los italianos importan el 87% de la energía, sobre todo de Rusia y Argelia

En 1987, un año después del accidente de Chernóbil, los italianos decidieron en referéndum abandonar la energía nuclear y cerrar las cuatro centrales que había en el país. La última dejó de funcionar en 1990. La moratoria, que en principio iba a tener un plazo de cinco años, se prolongó de manera indefinida. "En el plano energético, hemos heredado ineficacia y retrasos acumulados durante los últimos 20 años. Es hora de pasar página", concluyó Scajola, que anunció una conferencia nacional sobre energía y medio ambiente para analizar y debatir la nueva estrategia. Italia depende en un 87% de la energía importada, principalmente de Rusia y Argelia, para satisfacer la demanda. En 2003, un gigantesco apagón dejó sin luz a más de 50 millones de italianos por una avería de la red de interconexión con Francia.

Los ecologistas recibieron con prevención e ironía la noticia. "Antes de esparcir átomos a diestro y siniestro, el Ejecutivo debería aclarar algunos pequeños detalles", dijo Vittorio Cogliati Dezza, presidente nacional de Legambiente, en una nota. "Primero, ¿de dónde piensa sacar el dinero para construir las centrales? Y luego, de qué generación de reactores habla. Parece que habla de los de cuarta generación, que están en una fase embrionaria y sólo estarán listos en 20 o 25 años".

Antes de las últimas elecciones, 600 investigadores y docentes italianos presentaron en Roma un documento en el que advertían a los candidatos de que no sucumbieran a la tentación nuclear. "La energía nuclear no es adecuada por muchos motivos: la necesidad de enormes inversiones públicas, la inseguridad tecnológica, la dificultad para encontrar lugares seguros para los desechos radiactivos, la estrecha conexión entre la nuclear civil y militar, la exposición a actos terroristas, el aumento de la desigualdad entre los países tecnológicamente avanzados y los pobres, y la escasez de combustibles nucleares", se leía en el comunicado. Los científicos se mostraban a favor de la energía solar: "Una estación de servicio inagotable que en un año manda a la Tierra una cantidad de energía equivalente a 10.000 veces el consumo mundial", decían.

Ayer, la empresa pública de electricidad, Enel, a través de su consejero delegado, Fulvio Conti, se declaró lista para afrontar la nueva estrategia. "Se podrá llevar a cabo durante esta legislatura", añadió el empresario en el mismo foro de Confindustria. "Sólo hace falta una legislación moderna y la voluntad del país".

El cambio de tendencia, sugerido por Silvio Berlusconi el día que obtuvo la confianza de la Cámara, suscitó también la inmediata reacción de la oposición. Ermete Realacci, portavoz de medio ambiente del Partido Democrático de Walter Veltroni, cree que se trata de una simple maniobra: "Pensar en poner en marcha la energía nuclear en Italia en un plazo de cinco años es un movimiento ideológico". Realacci añadió: "Por fin el Gobierno ha dicho algo que le hará perder votos".

"No se puede eludir más un plan para retomar la energía nuclear", proclamó el ministro Scajola entre los aplausos del auditorio. En su opinión, es necesario "formar un grupo de emprendedores y técnicos que diseñen soluciones creíbles para los desechos radiactivos". "El objetivo de crecimiento no será posible sin afrontar con extrema resolución y sentido de la responsabilidad la cuestión nuclear. El país necesita energía a precios competitivos, en cantidad adecuada y condiciones seguras".

La factura energética de Italia se eleva a 60.000 millones de euros, lo que hace que su balanza comercial sea negativa. Scajola marcó tres directrices sobre las que actuar: "Diversificación, infraestructuras e internacionalización". Para alcanzar esos objetivos y reactivar las inversiones, el ministro prevé simplificar las diligencias de autorización, promover el diálogo con las regiones y premiar con incentivos e iniciativas de desarrollo a las poblaciones interesadas en instalar las nuevas centrales.

Las últimas encuestas realizadas en Italia demuestran que la mayoría de los ciudadanos siguen reacios a recuperar la energía nuclear para afrontar la crisis energética y respetar la reducción de emisiones impuestas por el Protocolo de Kioto y la UE.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de mayo de 2008