Detenidos dos menores por abusar de una joven y grabarlo en el móvil

Un mes después de la agresión, los autores siguen viviendo cerca de la víctima

Laura, que no se llama realmente así, pasa las tardes a sólo unos metros de los dos chicos que presuntamente abusaron sexualmente de ella el pasado 21 de abril. Según murmulla Laura en un conjunto de frases inconexas, los dos menores tienen una orden de alejamiento de la juez que les obliga a mantener una distancia con ella de más de 500 metros. Pero eso parece imposible en la barriada donde conviven víctima y agresores, un conjunto de casas bajas de ladrillo rojo y toldos verdes, cerca de la calle de Brasil, en Torrejón.

La chica cuenta que sus agresores incumplen la orden de alejamiento
"No he hecho nada. Yo tengo otros vicios", contesta uno de los detenidos

El comunicado que ayer difundió el Ayuntamiento cuenta la historia con el habitual lenguaje burocrático y redundante: agentes de la Policía Local detuvieron recientemente a dos jóvenes de nacionalidad rumana que presuntamente cometieron un delito contra la libertad sexual en la persona de una menor y lo grabaron con el teléfono móvil.

Las amigas de Laura, en chándal y maquilladas hasta las cejas, narran la historia a su manera, como si no hubiera pasado nada importante. "Sí, se la llevaron a su casa y abusaron de ella, y entonces vino la policía y se los llevaron. Es que además la habían grabado con el móvil. Lo hemos visto todas", asegura una de las chicas.

Laura, que parece tener muchos menos años de los 18 que dice tener, escucha lo que cuenta su amiga mirando al suelo. Sin levantar la vista y con una risa nerviosa, relata su versión: "Me fui con ellos a su casa. Pero no era para hacer nada. Y allí me quitaron la ropa mientras me grababan con el móvil". ¿Quiénes? "Esos dos de allí. El gordito y el de la camiseta verde". Según el relato policial, una llamada alertó a los agentes del acoso al que había sido sometida la joven. Tras hablar con la denunciante, los policías visitaron a la madre y ésta les contó que su hija tenía últimamente un comportamiento extraño y que se negaba a ir a clase porque unos chicos la tenían atemorizada. La tercera puerta a la que llamaron los agentes fue la de vivienda de uno de los supuestos agresores. Le cachearon y le confiscaron el móvil que contenía las imágenes del abuso.

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Los supuestos agresores, "esos dos de allí", comen pipas apoyados en una barra oxidada que cerca unos columpios del parque. Uno de ellos, el que parece mayor de los dos y al que las chicas han descrito como "el gordito" lleva una gorra que le viene pequeña y desvía la mirada cuando se le pregunta por el caso: "No, yo no he hecho nada. No la conozco. No he hecho nada. Yo tengo otros vicios".

El otro, fibroso y con el pelo moreno, despacha las preguntas con la frase "no entiendo tu idioma" y es alejado de la zona por un chico mayor que se lo lleva del brazo.

"La abogada me ha dicho que el juicio es dentro de unas semanas", comenta Laura, "y que si digo la verdad los meterán en la cárcel. Claro, tengo miedo. Ellos están siempre aquí. Pero yo ya no hablo con ellos".

El día de los hechos, cuando la policía iba de un sitio a otro de la barriada, una persona alertó a los agentes sobre la existencia de otra grabación similar en manos de otro joven que andaba en ese momento en la zona. Según el comunicado difundido ayer, los policías solicitaron al acusado el teléfono móvil, "intentando éste, sin éxito, destruir en presencia de los policías el archivo que contiene la grabación".

La moda de grabar agresiones, abusos y demás vejaciones por el móvil se ha extendido en los últimos años entre los menores. El pasado enero, la policía detuvo en el País Vasco a unos jóvenes que colgaron en Internet escenas humillantes de un discapacitado. Meses antes, otros chicos fueron detenidos en Córdoba por coaccionar a una menor tras grabarla practicando sexo. La Comunidad de Madrid ha llegado a anunciar un decreto que prohíbe el uso de móviles en clase. Pero esa norma no llega a la barriada de Torrejón, donde Laura sigue cerca de sus supuestos agresores.

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