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Reportaje:

Santiago pide perdón a Castromil

La plaza de Galicia será remodelada tras un siglo de polémicos cambios

Es una de las entradas más concurridas al casco histórico compostelano, pero aún hoy busca su función en la ciudad. La plaza de Galicia de Santiago sufrió a lo largo del siglo XX importantes cambios, con demoliciones de antiguos edificios y la construcción de otros nuevos. Una historia que continúa con la última remodelación que el Ayuntamiento aprobará en los próximos meses.

Hace un siglo la plaza de Galicia era lugar de encuentro para el viajero que llegaba y el principal acceso a la ciudad. Gracias a la afluencia de comerciantes aparecieron numerosos hoteles, fondas y cafés en esta entrada sur, frente a la cual se alzaba la muralla de Santiago. Quienes entonces pasaban por allí, podían contemplar el Pazo de la Inquisición, levantado alrededor de 1730 por el arquitecto Fernando Casas y Nóvoa a instancias de la Orden Benedictina de San Martín Pinario.

El Ayuntamiento demolió en los '70' el edificio modernista, icono del Ensanche

Una vez abolida la Inquisición en 1834, el edificio pasó a cumplir otras funciones. Albergó desde una escuela de niños hasta la Administración de Renta del Estado, así como dependencias de varias empresas. En 1913 se decidió demolerlo para levantar en su lugar el Teatro Royalty, que corrió la misma suerte que el pazo 15 años más tarde. Finalmente, se levantó en 1927 el actual Hotel Compostela.

Así lo relata el arquitecto José Luis Pereiro, que actualmente se encarga de rehabilitar el interior del establecimiento, en su libro Rincones de Compostela. Los cambios no se detuvieron ahí. En 1926 se construyó un edificio modernista donde se asentó la empresa Castromil, justo en medio de la plaza, que comenzó a funcionar como estación de autobuses. El inmueble estaba muy bien considerado tanto por los ciudadanos como por los arquitectos de la ciudad.

Es a partir de entonces cuando en opinión de Pereiro se puede empezar a hablar de plaza. Sin embargo, a principios de los 70 el Ayuntamiento quiso construir un aparcamiento subterráneo. Y, para ello, decidió demoler también el emblemático edificio Castromil que varios arquitectos de Santiago definieron como "la mejor obra arquitectónica de uso público de que dispuso el Ensanche".

"Hubiera sido posible hacer el aparcamiento sin demolerlo", reconoce Pereiro, que conserva los planos del proyecto que elaboró el Colegio Oficial de Arquitectos como alternativa a la de-saparición del inmueble. Su propuesta se basaba en construir el aparcamiento subterráneo alrededor del edificio, respetando sus cimientos. Si se hubiese aceptado, posiblemente los compostelanos contarían hoy con un inmueble remodelado y destinado a uso cultural, del que saldría una media cúpula acristalada rodeada de una zona comercial.

Pero la propuesta no prosperó, como tampoco lo hizo el intento de declarar el edificio monumento histórico-artístico, que tropezó con el rechazo de la Comisión Provincial de Bellas Artes. "La típica alcaldada", resume Pereiro. El arquitecto confiesa que fue "una barbaridad" demoler tanto el pazo de la Inquisición como el edificio Castromil.

El solar es ahora una zona verde que alberga la Oficina de Turismo de Santiago, casi siempre vacía. Por eso José Luis Pereiro prefiere referirse al espacio como "el vacío de la plaza de Galicia". El arquitecto apuesta por buscar en esta zona una mayor presencia peatonal. "Si no, es una isla que no sirve para nada", advierte.

El Ayuntamiento de Santiago evaluará en los próximos dos meses la viabilidad de los cuatro proyectos ganadores del concurso de ideas para la futura plaza de Galicia. Todos apuestan por conjugar el tráfico con un mayor espacio para los peatones. Uno solo decidirá el aspecto de una de las zonas más cambiantes de la capital de Galicia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 2008