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Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

El mejor cuentista en tinta castellana

Carlos Giménez tenía dos años cuando terminó la Guerra Civil. Su padre, que trabajaba en un taller de soldadura autógena y eléctrica, había muerto un año antes, dejando viuda y tres hijos en Madrid. Carlos, que era el pequeño, creció en el barrio de Lavapiés hasta que su madre, Marcelina, ingresó en un sanatorio, enferma de tuberculosis. Carlos, que tenía cinco años, fue enviado a diferentes colegios de Auxilio Social, donde permanecería hasta los 14. Allí se aficionó a los tebeos, copiándolos descubrió su habilidad para pintar y, sobre todo, aprendió que el dibujo era una válvula de escape, un método de supervivencia. A su infancia y adolescencia, aquel tiempo de carencias, castigos y fanatismo religioso, dedicó Paracuellos, la obra que supuso su consagración y que hoy es un clásico. Paracuellos significó para Giménez el inicio de un camino dedicado a hacer historietas con sus propios guiones y partiendo de sus tormentas interiores. 36-39. Malos tiempos II es la segunda y soberbia entrega de una tetralogía dedicada a la Guerra Civil. El escritor y guionista Hernán Migoya asegura que este volumen lo confirma como "el mejor cuentista en tinta castellana". Tiene razón. Su lectura perturba y conmueve.

36-39. Malos tiempos II

Carlos Giménez

Glénat. Barcelona, 2007. 64 páginas. 15 euros

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36-39. Malos tiempos II se centra en el asedio a Madrid por las fuerzas franquistas. Una ciudad habitada por mujeres, niños y ancianos, sometidos al bombardeo constante de la aviación de Franco y de la Legión Cóndor alemana y al cañoneo de la artillería situada en la Casa de Campo. El frente estaba a escasos kilómetros, y por Madrid cabalgaban el hambre, la enfermedad y la muerte como los jinetes del Apocalipsis. Eso significa la guerra y de eso habla este libro. No hay fechas ni batallas, sino las historias de los vecinos, de quienes tenían hijos y no sabían si al día siguiente seguirían vivos, de quienes enloquecieron por inanición, de quienes enmudecieron por el miedo... Giménez cuenta el asedio de Madrid como si abriera ante nuestros ojos el álbum de fotos de la familia para enseñarnos de dónde venimos y quiénes somos. Habla de nuestros padres y de nuestros abuelos. Habla de todos nosotros. En las historias que relata no hay fusilamientos ni tiros de gracia. No hay tanques ni batallones ni regimientos en marcha. No hay pañuelos rojinegros ni camisas azules, ni estrellas rojas ni hoces ni martillos, ni cruces ni detente balas, ni banderas tricolores ni banderas rojigualdas, ni medallas milagrosas. No hay gritos de ¡viva España! y sólo en una ocasión se canta La Internacional. No hay aún niños huérfanos. Lo que hay es frío, terror, miseria, bombas y, sobre todo, hambre, mucha hambre. Racionamiento, mercado negro, estraperlo. Y el aullido permanente de las sirenas.

Giménez es un excelente narrador visual, un serio documentalista y un analista inmisericorde y tierno. Sus viñetas, de trazos enérgicos y en blanco y negro, muestran la oscuridad que cegaba la ciudad en las noches de invierno, cuando caminar por sus barrios era como andar dentro de un frasco de tinta china. Y reflejan con idéntica precisión el día a día agónico de sus habitantes. Pero también captan el mundo extraordinario de los niños, esa mezcla de alegría y terror, de inocencia y crueldad, de juego y supervivencia, que el autor ha descrito magistralmente a lo largo de su obra. Porque las calles destrozadas de Madrid, vacías de perros y gatos, estaban llenas de críos. Carlos Giménez es una figura fundamental del cómic para adultos. Sería de justicia que le entregaran el Premio Nacional del Cómic. O del tebeo, como a él le gusta llamarlo. -Señal y ruido

Neil Gaiman, guión. Dave McKean, dibujo

Astiberri. Bilbao, 2008

94 páginas. 20 euros

El escritor Neil Gaiman y el ilustrador Dave McKean llevan muchos años colaborando. Son tan buenos en lo que hacen -sus palabras y sus imágenes- que el lector de sus obras ha de esquivar permanentemente el peligro de leer y no mirar, o a la inversa. Una novela gráfica exige asimilar todo a la vez antes de seguir adelante. Señal y ruido trata de un director de cine a quien le diagnostican una enfermedad mortal cuando está a punto de empezar a trabajar en la película más importante de su carrera. Sabe que no llegará a rodarla y, sin embargo, decide trabajar en el proyecto hasta su último aliento. Se encierra en casa y empieza a visualizar la historia en su cabeza mientras escribe el guión. En su imaginación cobran vida los habitantes de un pueblo europeo que, durante el último día del año 999, aguardan el fin del mundo a medianoche. Señal y ruido te cuenta cosas que desearías no saber, pero lo hace de tal modo que no puedes levantar los ojos de la novela y sigues pasando página tras página, igual que el director visualiza su película en la cabeza, hasta terminar. Fascina y asusta. Gaiman y McKean crean a tu alrededor un silencio donde resuena la voz interior del protagonista. Y es imposible no sentir que el cineasta, mientras espera el fin del mundo, te habla. Señal y ruido recibió el Premio Eisner y ha sido llevada al teatro y a la radio.

Por Soleá (2.5)

Antonio Navarro

Edicions de Ponent. Alicante, 2008

80 páginas. 19 euros

Por desgracia, Antonio Navarro es autor de poca, poquísima, obra. Apenas unos álbumes dispersos, hechos la mayoría hace ya cuatro lustros, en esa época donde el cómic vivía el final de un sueño en que prometió abundancias que nunca llegaron. Cuando muchos apenas comenzaban a admirar su exquisito trazo y la sensibilidad con la que abordaba sus historias, desaparecía durante años para, por sorpresa, volver con pequeñas joyas como Por Soleá, publicada hace ya más de una década casi de tapadillo, en formato pequeñito, en blanco y negro. Luego, para nuestra desolación, se desvanecía de nuevo. Y ahora reaparece con una nueva versión de aquella obra, técnicamente diferente, a mayor tamaño y color, con páginas redibujadas, pero manteniendo todas y cada una de las características que hicieron de ella una obra para recordar. Navarro transforma sus lápices en una guitarra que marcará el ritmo a un cantaor imaginario, que nos contará la triste historia de Curro, el palmero, y su amor imposible por la bella Sole. Notas que van sonando con mayor intensidad a medida que la pasión crece y se entrecruza la desgracia y la muerte. El dolor lo invade todo en este escenario oscuro de una España que todavía vivía con las heridas abiertas de la Guerra Civil. Dolor que alimenta la rabia de la venganza, desvelada por el ritmo de la música, cada vez más cruda y desconsolada, en un crescendo que acabará con la última rima del cantaor, con el corazón encogido por la pena.

Klezmer 2. Feliz aniversario, Scylla

Joann Sfar

Norma Editorial. Barcelona, 2007

128 páginas. 16 euros

Entre los judíos del este de Europa nació la música klezmer: melodías melancólicas y, al tiempo, rabiosamente alegres que interpretaban los músicos ambulantes con sus violines y clarinetes. Posee una energía hipnótica en la que se unen el lamento y la risa, lo espiritual y lo terrenal. Una peculiar banda de música klezmer protagoniza esta novela gráfica del francés Joann Sfar, autor de otras series tan brillantes como El gato del rabino, La mazmorra o El minúsculo mosquetero. Forman la orquesta dos estudiantes que han sido expulsados de su escuela talmúdica por robar; un antiguo músico del ejército polaco, que responde al nombre de Barón de Mis Nalgas, y una hermosa joven que ha huido de las rígidas costumbres de su aldea. A ellos se une un gitano que ha escapado por los pelos de ser ahorcado por los cosacos. Los cinco músicos vagan por los caminos huyendo de los peligros que les acechan mientras tocan y cuentan. Juntos llegan a Odessa, donde son contratados para actuar en un palacete donde se celebra el cumpleaños de la anciana señora Scylla. A lo largo de la noche habrá champán, cosacos, amor, relatos y hasta la muerte hará una breve e impactante aparición. Sfar consigue transmitir la hipnótica energía dionisiaca de la música mediante dibujos de poderosos trazos y vivos colores, increíbles personajes y un ritmo que confirma que estamos ante el primer cómic klezmer de la historia.

Viñetas de <i>36-39. Malos tiempos II,</i> de Carlos Giménez.
Viñetas de <i>36-39. Malos tiempos II,</i> de Carlos Giménez.

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