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Editorial:

Mayoría menguante

Aunque Chaves ha revalidado su mandato en Andalucía, Arenas se consolida como alternativa

En contra de lo que se afirmaba en el editorial Mayoría menguante publicado ayer, Manuel Chaves lleva 18 años de presidente de la Junta de Andalucía, y no 26 (que son los que lleva gobernando el PSOE allí); el Gobierno de Zapatero pagó a esta comunidad la diferencia pendiente de la financiación correspondiente al periodo 1997-2001, y no la "deuda histórica", que sigue en negociación; y el PP gobierna en los ayuntamientos de cinco, y no de siete, de las ocho capitales de provincia andaluzas.

Algo ha empezado a cambiar en Andalucía, uno de los graneros electorales del socialismo español. Manuel Chaves es el último barón regional del PSOE, y durante esta campaña ha hecho explícito su deseo de encarar la sucesión. Repite como presidente autonómico tras 26 años en el poder y revalida una ajustada mayoría absoluta. Pero el dato revelador es que el PP de Javier Arenas ha obtenido 10 escaños más que en 2004.

El avance de los populares andaluces parece consolidar a su líder como alternativa, y todo dependerá de que el PP no proyecte hacia las baronías regionales las tensiones que habrán de vivirse en su sede central. Arenas se ha mostrado próximo a Rajoy y ha conseguido imponer una visión pragmática sobre las reformas estatutarias. Ha sido el artífice de lo que parecía imposible a tenor de los vientos que soplaban desde Génova: apoyar en el nuevo Estatuto andaluz algunos artículos que su propio partido tiene recurridos en el caso del catalán, y cerrar un acuerdo con los socialistas.

Durante el Gobierno de Chaves, Andalucía ha experimentado una mejora sustancial en todos los terrenos, aunque siga siendo una región con importantes carencias. El empleo eficiente de los fondos europeos y de la deuda histórica, una antigua reclamación satisfecha por el Ejecutivo de Zapatero, ha permitido que el Estado de bienestar, además de las principales infraestructuras, se hagan presentes en una región considerada durante siglos como el ejemplo fehaciente del atraso español.

Los andaluces viven hoy de otra manera y se ven a sí mismos de modo diferente, gracias al sistema autonómico y, también, a la gestión de Manuel Chaves. Pero a juzgar por los resultados de estas elecciones, los aires políticos podrían estar cambiando. El PP controla siete de las ocho capitales andaluzas y es desde este poder municipal, precisamente, desde donde podría estar preparando su asalto al Gobierno autónomo. Si esta opción se consolidase, sus repercusiones se dejarán sentir con fuerza en la política española: el PSOE ha tenido en Andalucía su principal garantía de estabilidad.

Así, la nueva legislatura andaluza se perfila decisiva para saber si, finalmente, el poder basculará hacia un partido u otro en un futuro no muy lejano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 13 de marzo de 2008