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COLUMNA

Urnas de primavera

Ya es primavera en El Corte Inglés. Bueno, y en Ferraz. En Génova no. Cosas de las urnas. Ha ganado Zapatero, por lo que nos espera una dieta de buen rollito... de primavera. Esperemos que resulte menos indigesto en algún tema y que asuntos como la lucha contra el terrorismo vuelvan a ser cosa de vencedores y vencidos. Vaya, que se recuperen los consensos básicos. En cuanto al PP, a lo mejor tiene que sacar la lección de que no es rentable hacer oposición a ultranza. Aunque como tal, como oposición, no como ultranza, deba cumplir su papel. Porque en esas estamos, en una agudización del bipartidismo. Aunque marzo no es sólo 9 o primavera, también están los Idus de marzo.

Se lo dijeron a Julio César: "Cuídate de los Idus de marzo". Aquí no creo que deba aplicarse el cuento nadie, digo, el de espabilar en cabeza ajena, porque los Idus son Gaspi Llamazares y unos cuantos adeptos de Carod, más el escaño de EA (¡qué pena!) y los dos del PNV, por lo que nos toca. También hay Venidus. Por ejemplo, ese sorprendente UPD que, a día de hoy, ha sacado más votos que el PNV. Y ahí es donde quería llegar. Al núcleo de Ibarretxe.

Una vez más los vascos han decidido, aunque el lehendakari y sus parciales no les hayan hecho caso

Una vez más los vascos han decidido, aunque el lehendakari y sus parciales no les hayan hecho caso. Han decidido tanto que unos 167.000 de quienes les votaban han dicho que ya está bien y le han retirado su confianza, o sea que han ejercido su derecho a decidir que hasta ahí han llegado. La gran pregunta pasa por saber si han ejercitado ese derecho porque les convence más el mensaje del PSE, el gran beneficiario del transvase, o porque se han dado cuenta de que el verdadero yogur caducado es la propuesta del PNV, ese rancio monolitismo que nació con Sabino Arana (nunca antes, pero ya es suficientemente rancio con eso).

Lo siento por Patxi López, pero me da la impresión de que sería mejor para la sociedad vasca, en particular, y la española, en general, esto último; a saber, que la hueca palabrería de Ibarretxe ya no cuela. ¿Y por qué sería mejor? Porque se pondría de manifiesto que los idearios nacionalistas decimonónicos están condenados al fracaso en la Europa del siglo XXI por mucho aire de Kosovo que se les quiera insuflar. Con un matiz, el nacionalismo perdería en el País Vasco el carácter de partido o ideología refugio contra las chaparradas del terrorismo asesino. Y esto significaría que se habría impuesto el coraje cívico más allá de la condena puntual de asesinatos como el de Isaías.

De ser así, y no un suceso coyuntural o utilitario (¿pero habría alguna clase de utilidad en votar al PSE ahora?), bien podría ocurrir que, en las próximas autonómicas, el nacionalismo perdiera el papel hegemónico que ha venido disfrutando en los últimos 30 años. Y entonces se habría producido el viaje de este país hacia la normalidad sin necesidad alguna de la normalización que tratan de imponer quienes nos han mandado y nos están mandando aquí y ahora. De pronto, se constata que, de verdad, el rey estaba desnudo. Y ésto, además de contagioso, resulta imparable. Con el plus de que se habría producido sin ceder, ejem, un ápice a las demandas de los distintos nacionalismos, ya sea el A, el B, o el de las pistolas. Y para eso hay que seguir así, sin ceder.

Deben ser ellos los que tienen que iniciar una reconversión irreversible. Que tomen nota en El Corte Inglés. Donde, ah, sí, ya es primavera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de marzo de 2008