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Entrevista:CEFERINO DÍAZ | Diputado socialista en el Congreso

"El Estado de las Autonomías es el estado del regateo permanente"

Santiago
Ceferino Díaz escribió A esforzada conquista da autonomía para recordar la importancia de su partido en la gestación del Estatuto. Piñeirista confeso, Díaz pertenece a la borrosa, otrora dirigente, ala galleguista del PSdeG.

El veterano socialista Ceferino Díaz (O Saviñao, 1947) cita a Antonio Gramsci para referirse a la posición de su partido ante el estatuto de UCD. "Aquella afrenta se superó gracias a nuestro optimismo de la voluntad, porque ante el Estatuto da aldraxe no había salida, estaba aprobado en el Congreso e incluso Xosé Luís Rodríguez Pardo [uno de los dirigentes más significados de aquel PSdeG], que es jurista, decía que no era posible, que perdíamos el tiempo". Las negociaciones del Hostal, en Santiago de Compostela, situaron el proceso a la altura del vasco y el catalán.

Quizás el último representante del sector galleguista del PSdeG, Díaz escribió A esforzada conquista da autonomía, publicado en Galaxia, para reivindicar el "papel principal" de su formación en la gestación de la Autonomía. En la actualidad diputado en Madrid, este discípulo confeso de Ramón Piñeiro habla de las dos caras de la misma moneda en su partido, "el galleguismo y el socialismo".

"Los defensores del Estatuto no logramos concitar los apoyos sociales"

"Los políticos de la vieja escuela tenían la capacidad de soñar otro mundo"

"Fraga no sólo dejó hipotecas en infraestructuras, sino desmotivación"

Pregunta. Llama la atención que Alfonso Guerra, abanderado del centralismo, prologue su libro sobre el Estatuto...

Respuesta. Mi primera intención era que Guerra escribiese un prólogo y Pérez Llorca [Ministro de Asuntos Exteriores con UCD y negociador del Estatuto en las Cortes], el otro. Quería que explicasen si había existido aquel supuesto pacto entre socialistas y centristas para rebajar el estatuto gallego. Pero Pérez Llorca se negó, aduciendo su elevada edad y su falta de memoria, y quedó el de Guerra, que resulta clarificador. Porque él asumió democráticamente las tesis del PSOE gallego y automáticamente pasó a defender nuestras posiciones. En fin, pensé en Guerra y en Pérez Llorca como una provocación, que los padres del invento se justificasen.

P. ¿Cuáles fueron las sombras de aquel proceso?

R. Las sombras fueron que perdimos dos años respecto a Cataluña y a Euskadi. Comenzamos a negociar con tres meses de retraso y acabamos con 19. Porque aunque ahora lleven ventaja, tenemos un Estatuto al que podemos seguir quitando partido. El otro elemento negativo fue, sin duda, que no concitamos apoyos populares. Hubo la gran manifestación del cuatro de diciembre de 1979, pero fue la última. Durante 1980, mientras presionábamos para reabrir el proceso, no se movilizó nadie y no conseguimos llegar a un acuerdo entre los que nos oponíamos al Estatuto da aldraxe. Tampoco conseguimos que el Estatuto gallego llegase a ser un tema de Estado. Si llegamos a buen puerto, también fue gracias a los trabajadores de los medios de comunicación, que se posicionaron a favor de la Autonomía y suplieron la falta de entusiasmo ciudadano.

P. ¿Cómo influyó en el proceso que una parte mayoritaria del nacionalismo quedase voluntariamente al margen?

R. El nacionalismo gallego, a diferencia del vasco o del catalán, no era una fuerza política parlamentaria. Tenía capacidad para crear conciencia pero no para decidir y, como además defendía postulados que no cabían en la Constitución, seguramente jugó en contra. Únicamente estaba el Partido Obreiro Galego de Camilo Nogueira, que a la vez miraba a su izquierda y no podía perder la comba de la UPG. Y en los pactos del Hostal, sólo el Partido Galeguista. El Estatuto fue firmado por fuerzas de ámbito estatal, que eran denostadas por los nacionalistas.

P. Hoy en día, ¿existen razones para reformar el Estatuto?

R. El Gobierno gallego debe dirigir la reforma si detecta problemas de gestión por culpa de las competencias. El mimetismo con Cataluña o Euskadi no sirve, tenemos que partir de nuestra propia realidad y, en estos momentos, no creo que sea un tema de excesiva urgencia. No me opongo a la reforma, pero este Estatuto aún tiene un gran potencial y su modificación no resulta una necesidad acuciante. La reforma debe ser una reforma útil para el país, un instrumento, y debe solicitar las competencias y transferencias que necesite, no las que cojan vascos y catalanes.

P. ¿Por ejemplo?

R. Tiene que haber un ajuste en la limitación de las competencias sobre la pesca de bajura. Pero es cierto que, a veces, los problemas no son de competencias, sino de coordinación.

P. ¿Dónde se encuentra, para usted, el techo del autogobierno?

R. El techo sería ir hacia un estado federal. Porque el Estado de las Autonomías, tal y como está concebido, es un estado de regateo permanente. El Estado federal, que se basa en la cooperación entre los estados federados, contribuiría a eliminar la desconfianza y la sustituiría por respeto y lealtad. Además, en la globalización la diferencia es buena, pero la diferencia dentro de un marco global, que funcione armónicamente como un conjunto plural.

P. Durante la presentación de su libro, se refirieron a que la llegada de Pérez Touriño a la Presidencia era la llegada de la generación del 68, la suya. ¿Por qué ha tardado tanto?

R. La derecha en Galicia tenía un gran arraigo a nivel rural, y el 68 era urbano, lo nuevo, la izquierda era lo nuevo. Ahora cambia, pero de forma primaria, porque el rural dependiente de subvenciones y ayudas identifica los subsidios con el poder.

P. En A esforzada conquista... describe un tiempo de debates políticos fuertes.

R. Los políticos entonces no elegimos ser políticos, entrábamos así como forzados voluntariamente, por las circunstancias. Los que nacemos a la política en aquellos años tenemos algo de utópico, aunque después fuésemos aterrizando. Hoy, los políticos se preparan para eso y le dan más pragmatismo a la vida política. Lo ideal resultaría una mezcla entre los políticos de la vieja escuela, con capacidad de soñar un mundo diferente, y los pragmáticos, los tecnócratas, capaces de plasmar los sueños en realidades.

P. Las dos almas del PSdeG, la centralista y la galleguista, ¿continúan existiendo?

R. El divorcio se provoca en el año 82, por el tema de la capitalidad, que rompe el partido en dos y también su alma ideológica. Hay unos años en los que la coexistencia entre los dos sectores del PSdeG no es la mejor, pero en la última etapa de Antolín [Sánchez Presedo, candidato socialista a la Xunta en 1993] se empieza a recomponer y, con Pérez Touriño, se acaba la división.

P. ¿Le satisfacen los ritmos del cambio institucional en Galicia?

R. La primera fase, de conocimiento de la realidad, ya está cumplida. El cambio se encuentra ahora entre la planificación de las respuestas a esa realidad y su ejecución. Pero cuando hablamos de las hipotecas de los años de Fraga y del PP, no sólo hay que referirse a la falta de infraestructuras, sino también a la desmotivación de la población, acostumbrada a una cultura de la subvención, no emprendedora. Esa desmotivación está lastrando el cambio, pero el ritmo que lleva es el que puede llevar, y a partir de este año, quizás, empecemos a conocer los resultados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 12 de febrero de 2008