Necrológica:
Perfil
Texto con interpretación sobre una persona, que incluye declaraciones

Tata Güines, rumbero y percusionista cubano

Conocido como Manos de Oro, modernizó las tumbadoras y tocó con los más relevantes músicos de la isla

En Cuba era simplemente Tata. En Nueva York, Manos de Oro. Y en la historia de la percusión, Federico Arístides Soto quedará como uno de los más grandes e innovadores intérpretes, creador de un estilo único, elegante y fabuloso, que modernizo la tumbadora. Falleció en La Habana a la edad de 77 años.

Más interesado en el sabor y el ritmo que por el virtuosismo, si por este se entiende la velocidad en la interpretación, Tata Güines revolucionó la forma de tocar los cueros, metiéndole uña y colocando golpes sueltos en la melodía como nadie había hecho antes. Su experiencia marcó a todos los congeros famosos que vinieron después. En su caso, no es una convención ni es gratuito hablar de un antes y un después: con Tata la tumbadora se convirtió en otra cosa. Y por si fuera poco, dejó un clásico del jazz latino, su descarga Pa'gozar.

Hace algunos años fui con Tata a su poblado natal de Güines coincidiendo con la festividad de Santa Bárbara, en la santería cubana Changó, de quien era hijo y devoto. Allí Tata era como un alcalde. Salió la virgen a las calles y él, antes que el cura, era maestro de ceremonias vestido de rojo y blanco. Algunos vecinos recordaban como a los pocos años de edad Tata se construyó sus primeras tumbadoras con "una latica de chorizos y otra de leche condensada". Desde entonces no dejó de hacer música y golpear los cueros.

En Güines, pueblo rumbero y gozador, su padre tocaba el tres y dirigía el Sexteto Partagás, y claro está, fue la primera agrupación en la que debutó siendo un vejigo. Después pasó a la orquesta de su tío Dionisio, las Estrellas Nacientes, y a mediados de los cuarenta entró a la de Arcaño. En 1953 comenzó con una orquesta de gran fama, Fajardo y sus Estrellas, con quien viajó a Nueva York y triunfó con su singular estilo, por el que fue apodado por la crítica Manos de Oro. La influencia del jazz en los tres años que pasó en Estados Unidos, donde tuvo su cuartel general en el hotel Waldorf Astoria y realizó giras por California, Tejas, Chicago y Miami, fue decisiva en su forma de entender e interpretar la música. Tata hizo música para Carmen Miranda, Antonio Gades, Alicia Alonso...

En aquellos años, dentro y fuera de su país, tocó con los más grandes de la música cubana: Cachao, Machito, Chico O'Farrill y el gran pianista Frank Emilio Flyn, con quien hizo historia en el grupo Los Amigos. "Tata, métele uña", se podía escuchar en sus conciertos, con Frank Emilio o con el pianista Ernan López Nussa, con quien tocó en los últimos años de su vida. Lo de la uña tenía mucho sentido, y fue en el cabaret Montmartre, con Fajardo y sus Estrellas, donde comenzó la leyenda. "Yo me di a la tarea de modernizar las tumbadoras, la tarea de colocar los golpes sueltos en un tema. Porque los golpes sueltos los haces cuando el cuerpo te lo pide, pero con mucho respeto a quien está soleando", explicaba en una entrevista. "Tocar con las uñas no me costó tanto trabajo, se trataba de sacar un sonido nuevo, se me ocurrió en el Montmartre en un tema que se llamaba La chancleta, que hacía la clave con una chancleta de palo para que sonara a madera. Luego los hacía yo con las uñas... y donde trabajaba me pedían: ¡Tata uña!". Güines, y toda Cuba, está de luto: ha muerto un rumbero.

Tata Güines, durante un concierto en 2006.
Tata Güines, durante un concierto en 2006.EFE

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