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Editorial:

Europa y el reto climático

España deberá esforzarse para cumplir los objetivos medioambientales de la UE

Los objetivos que acaba de presentar la Comisión Europea en materia de energía y medio ambiente prevén la reducción en el año 2020 de un 20% en las emisiones de gases de efecto invernadero, sobre todo dióxido de carbono proveniente del uso de combustibles fósiles, y el aumento de las energías renovables hasta un 20% de la energía primaria en ese mismo horizonte temporal. También una disminución del 20% del consumo de energía.

España está en una aceptable situación en lo que se refiere a las renovables, con un despliegue de energía eólica que la coloca como tercer país del mundo en potencia instalada, tras Alemania y Estados Unidos, y la inminente eclosión de la energía solar, tanto fotovoltaica como termoeléctrica, que puede llevarnos a ocupar la cabeza del mundo en este ámbito. En estos momentos, las energías renovables suponen un 8% de la energía primaria en nuestro país y un 21% de la electricidad generada, lo que hace que los objetivos planteados en Europa sean accesibles, dentro de su dificultad general. La confluencia de una legislación favorable, empresas que han invertido en tecnologías renovables como sector de futuro y la existencia de centros de investigación y desarrollo especializados han permitido un despegue que es visto como ejemplar en muchos países de Europa.

La reducción de emisiones de dióxido de carbono es más compleja. Los costes de hacerlo pueden afectar a la competitividad de las empresas en el sector de la energía o intensivas en su uso, especialmente si tienen que competir con otras ubicadas en países menos exigentes. Los problemas de competencia intereuropea, surgidos tras el reparto de emisiones derivado de los compromisos de Kioto, parecen poder resolverse con las nuevas reglas avanzadas por Bruselas. Pero los que se plantearán con las empresas extraeuropeas e incluso los relacionados con la existencia de firmas europeas con plantas de producción situadas en países con menos limitaciones deben ser analizados para encontrar una solución que permita cumplir los objetivos sin afectar a la competitividad y al empleo en Europa.

En este aspecto, la situación de España será menos comprometida debido a que los nuevos criterios tendrán en cuenta factores ausentes en los acuerdos de Kioto. A pesar del enorme aumento de emisiones registrado en España respecto del año base de 1990, todavía nuestro país emite algo menos per cápita que la mayoría de los europeos. En todo caso, es preciso perseverar en la senda del aumento de la eficiencia energética y en la sustitución de los combustibles fósiles por energías menos contaminantes. La contaminación atmosférica es un problema global, al que contribuyen todos los países del mundo. Es importante que Europa dé ejemplo, pero los efectos serán insuficientes si otros grandes contaminadores, Estados Unidos en primer lugar, no se unen a este combate planetario para preservar el clima.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de enero de 2008