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Editorial:

A qué va Bush

El presidente viaja a Oriente Próximo, la región que ha puesto patas arriba. Servirá de poco

Es un viaje histórico el que hoy inicia George W. Bush, pues, significativamente, sólo en el último año de sus dos mandatos va a pisar Israel y Cisjordania, además de otros países de la región. Se trata de mostrar un cambio de imagen y de hacer ver que su política da resultados. Hasta ahora, sólo han sido desastrosos.

Bush tratará en Jerusalén y Ramala de dar un impulso al diálogo entre israelíes y palestinos, nacido entre un escepticismo general en Annapolis, y frenado por la política de asentamientos israelíes. No cabe esperar que en este viaje Bush presione demasiado al primer ministro israelí, Ehud Olmert, para que ceda en algo. En cuanto a los palestinos, mientras el aislamiento de Gaza no ha provocado la caída de Hamás, Abbas sigue con un déficit de autoridad en Cisjordania.

En Líbano, donde (salvo sorpresas) oficialmente no se le espera, su política de apoyo a Israel para atacar a Hezbolá fracasó. La iniciativa de la Liga Árabe para que Líbano elija como presidente al jefe del Ejército, el general Michel Suleiman, es la única luz de esperanza en ese castigado país al borde de la guerra civil, y con peligro para la fuerza de la ONU, Unifil, en la que participa España, como demostró el ataque de ayer.

Bush puede dar otro salto por sorpresa a Irak. La violencia ha disminuido algo en el país mesopotámico, donde la idea de que se pueda ganar esta guerra se va evaporando día a día. Por otra parte, Irán ha ganado fuerza y Bush quiere indicar que no abandonará a sus aliados frente a este avance que a él tanto le debe. El ambiente regional se ha caldeado tras el incidente naval entre patrulleras iraníes y buques americanos en el estrecho de Ormuz, que no refleja en sí un enfrentamiento serio, sino la volatilidad de la región que en un sentido amplio llega hasta Pakistán en crisis. Con su parada en Arabia Saudí y en Egipto, Bush señalará su apoyo a dos regímenes autoritarios, enterrando así su agenda de democratización del Gran Oriente Próximo.

Bush ha puesto patas arriba toda esta región esencial para el petróleo y la paz mundial. Y, desgraciadamente, no parece que con este viaje pueda hacer mucho para rectificar a tiempo y cambiar esta trágica situación, ni mucho menos conducirla hasta la paz antes de terminar su presidencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de enero de 2008